lunes, 26 de abril de 2010

La política fiscal debe estar en nuestra mira, pues actuando inteligentemente sobre ella, mejoraremos el ordenamiento comunitario y la justicia social


"Alisa Zinovievna Rosenbaum" (pseudónimo Ayn Rand): Los derechos básicos de los individuos deberían estar por encima de todo y antes que todo, y no deberían estar sujetos a votación pública. Una mayoría no debería tener derecho a eliminar o restringir por votación, los derechos de una minoría.


REFLEXIONEMOS

Diferentes países implementan sus políticas fiscales y sus estrategias impositivas de maneras diferentes, y las consecuencias y los efectos obviamente difieren y presentan sus peculiaridades en uno u otro caso.

De todas formas y desde mi óptica, y desde mi enfoque personal, todas las actuales estrategias fiscales aplicadas en las diferentes naciones del mundo tienen varias falencias en común: (a) Implementan mecanismos administrativo-recaudatorios de mediocre o baja calidad, (b) Influyen en la economía de forma generalmente incierta y dudosa, fruto de las inconsistencias y de los desaciertos y de las carencias de informaciones en tiempos oportunos, (c) En cuanto a las políticas fiscales en sí mismas, ellas no logran ser convenientemente finalistas sino que prioritariamente se orientan a proporcionar a los Estados los recursos que les son necesarios, (d) En cuanto a las bases imponibles, en muchos casos ellas no están bien constituidas, son de complejo manejo, y no siempre responden a criterios sociales, (e) En cuanto al sistema administrativo de la estructura fiscal, presenta costes exageradamente elevados, (f) En muchos casos los sistemas fiscales exigen respuestas molestas y complejas por parte de los contribuyentes, pidiéndoles atención respecto de vencimientos y respecto de formas de pago, reclamándoles también declaraciones juradas y aún el cálculo de los propios impuestos a pagar, asuntos todos que absurdamente recargan al usuario y le restan tiempo y energía que podría estar destinada a la producción y/o al esparcimiento creativo y/o a la reflexión crítica y/o a la propia formación cultural y profesional, etcétera, (g) En los sistemas fiscales actuales se comete el peor de los desaciertos sociales, la peor de las injusticias sociales, en el sentido que no se logra eficiencia en cuanto al combate a la morosidad fiscal y a la evasión fiscal, aspectos ambos que sin duda constituyen la peor de las injusticias, pues ya no es que equivocadamente se le solicite un esfuerzo fiscal en porcentaje paritario tanto a ricos como a pobres, sino que algunos ricos casi no pagan impuestos porque evaden, a la par que algunos pobres se avivan por demás, pasando a la informalidad, y directamente dejando de pagar impuestos (y con este accionar a veces también le hacen el caldo gordo a unos cuantos, intermediarios, contrabandistas, mayoristas ilegales, inspectores corruptos, etcétera, a la vez que dan un muy mal ejemplo).

¿Qué hacer? ¿Qué actitud tomar? Puesto que impuestos hay que cobrar. Puesto que sistemas fiscales tiene que haber. Puesto que de alguna forma sería deseable acercarse a lo que algunos especialistas llaman democracia económica.

En mi modesta opinión se requiere una profunda y completa reforma de los sistemas fiscales en todos los países del mundo, orientando la recaudación de los impuestos para que ella sea estrictamente contemporánea con los actos y hechos gravados, recaudación que debe estar intensamente automatizada y tele-informatizada, que debe ser de cobro compulsivo a través de mecanismos de débitos en cuenta, que debe eliminar figuras intermedias como el del agente de retención, y que debe desligar a los contribuyentes del cálculo de sus propios impuestos, y aún liberarles en cuanto a ocuparse de pagar los mismos y/o en cuanto a hacer convenientes declaraciones juradas en tiempo y forma.


Todas estas nuevas características de los sistemas fiscales que en un análisis superficial parecen tan utópicas, serán perfectamente posibles en la futura sociedad telemática controlada a través del dinero telemático. Y para una profundización de estos conceptos, me remito a las informaciones y documentos ya disponibles en los espacios web de la serie Digimundo así como en el sitio oficial del Centro de Estudios Joan Bardina. Información equivalente y tal vez de consulta más cómoda también se presenta en las publicaciones realizadas en Uruguay por Ediciones Cúdita; estas publicaciones son de distribución gratuita en su formato digital, y pueden ser solicitadas a: cudita1@yahoo.es


Y una cosa más. Se dirá bueno, las soluciones finales están muy lejos en el horizonte pues probablemente la sociedad telemática en su versión madura recién estará disponible luego de pasadas tal vez varias décadas y aún varios siglos. Bueno, puede ser que la expresión madura de la nueva organización social que estoy imaginando tarde bastante en ser alcanzada, pero reformas preparatorias pueden ser implementadas en forma inmediata y no necesariamente al unísono en muchos países, y por tanto haría falta tal vez un año para el estudio de las soluciones legislativas y administrativas, y la aplicación luego podría darse en forma casi inmediata y con resultados tangibles también observables en forma casi inmediata.

En resumidas cuentas, el mensaje final es el siguiente:

"La recaudación fiscal telemática es perfectamente posible y viable".

Una política fiscal telemática y muy automatizada es perfectamente posible, y hacia ella debemos encaminar nuestras reformas y nuestros esfuerzos.

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