lunes, 5 de abril de 2010

¿Fantasía o realidad, engaño o acaecido?: Encuentros sexuales con humanoides


El artículo periodístico

Si bien el prestigioso ufólogo español Antonio Ribera, ha escrito en varias oportunidades sobre el difundido caso del joven labrador brasileño Antonio Villas Boas, en esta oportunidad me concretaré sobre lo publicado por un inglés experto en ovnis llamado Gordon Creighton, que cuando ocurrió el incidente Villas Boas era cónsul de Su Majestad británica en una ciudad de Brasil.

Tiempo más tarde Creighton publicó el caso con todos los pormenores, en la Flyng Saucer Review, según el detalle que se indica a continuación.

Fecha : 15 de octubre de 1957
Hora : cerca de la medianoche
Protagonista : Antonio Villas Boas
Edad : 22 años (en aquella época)
Lugar : cerca de la población de Sao Francisco de Sales, estado de Minas Gerais, y próximo a la frontera de Brasil con Paraguay.
Lugar del incidente: Ponta Porá, donde Villas Boas vivía con su familia.
Situación: Villas Boas se encontraba arando su campo con un tractor y a la medianoche, debido al intenso calor reinante, cuando de pronto vio correr por el cielo una "estrella" (similar comienzo al incidente del matrimonio Hill).

Para los apasionados del tema, que no desean perderse ningún detalle, debo decirles que el encuentro nocturno del 15 de octubre de 1957 estuvo precedido por una observación similar la noche anterior.

En efecto, desde el mismo campo, Antonio y su hermano estuvieron mirando durante un buen rato las diversas evoluciones de una misteriosa “estrella”.

También debo indicar, que unas noches antes una misteriosa luz bañó la casa de la familia Villas Boas desde lo alto.

Y otro detalle que no debe omitirse, es que el protagonista de la historia recordó completamente la totalidad del episodio, sin que se hiciese necesario recurrir a inyección de Pentotal Sódico, ni a hipnosis regresivas.

Este caso llama la atención por lo atípico, con encuentro sexual incluido, aunque sería un caso típico dentro de los atípicos que conocemos.

Cuando la "estrella" se inmovilizó a cierta altura sobre el campo, el asustado Antonio quiso volver rápidamente a su casa.

Comenzó entonces a accionar el dispositivo hidráulico de enganche del arado sin resultado positivo. El desenganche no se produjo, y además, para peor, el motor del tractor se paró.

La "estrella" descendió entonces con rapidez, resolviéndose en una máquina gigantesca con forma de pájaro, que aterrizó a unos 20 metros del tractor.

De la extraña nave surgieron acto seguido cinco pequeños humanoides, cubiertos por una especie de traje espacial y sobre las cabezas portando escafandras que les ocultaban el rostro.

Si bien los supuestos extraterrestres eran más bajos que Antonio, que mide un metro sesenta y cuatro (más bien poco para un hombre), entre los cinco lograron dominarlo y subirlo al interior de la nave, a través de una larga escalerilla.

La nave "aviforme" era ovoide, y tenía a su alrededor una plataforma en la que se abría una pequeña puerta, por la que precisamente los pequeños seres introdujeron a Antonio al aparato.

Una vez en su interior, el joven caboclo (mestizo de indio y portugués) y semianalfabeto se encontró en una cámara circular (la que describió en detalle).

Es de hacer notar que en aquella época, 1957, seguramente el hombre ignoraba los más importantes casos de abducción que se producirían con el tiempo, así como las distintas pautas de comportamiento que surgirían tras un prolongado estudio de casos.

La cámara circular mediría aproximadamente entre 1.50 y 1.80 de altura, y de 1.80 a 2.10 de ancho. Estos datos fueron facilitados posteriormente por el propio Antonio al Doctor Olavo Fontes, médico e investigador brasileño ya fallecido (murió en mayo de 1968).

Este médico examinó detenidamente al joven campesino y elaboró un informe con saldo positivo, donde manifestaba hallarse totalmente convencido que Antonio decía la verdad.

En el centro de esta primera cámara se hallaba una columna que iba del suelo al techo, y en las paredes unos orificios cuadrados "parecidos a los que se ven en las instalaciones eléctricas".

Hacia uno de los lados (el derecho), sobre una mesa de tres patas, el hombre observó un instrumental desconocido. Con un dispositivo flexible (que se doblaba como una goma), le tomaron muestras de sangre en dos puntos del mentón.

El Doctor Fontes mucho tiempo después, aún pudo observar las cicatrices de estas heriditas.

Acto seguido, los humanoides desnudaron al joven con una destreza sorprendente, y le condujeron a través de una puerta, a otro compartimiento cuyo único mobiliario consistía en una litera cubierta con un material parecido al plástico.

Allí le tendieron sobre la misma, y con una esponja pasaron por su cuerpo un líquido refrescante.

El joven calcula que pasó unos cinco minutos en el primer compartimiento, y unos veinte en el segundo, donde los humanoides finalmente le habían dejado solo.

De pronto un olor penetrante invadió el lugar, y experimentó náuseas y un profundo malestar durante un buen rato.

En una de las paredes del aposento había una puerta que Antonio no percibió en un primer momento, a través de la cual ingresaron dos humanoides con una "mujercita", de 1.40 a 1.50 de estatura, dejándola allí y ausentándose del lugar.

LA MUJER E.T.

La joven se encontraba completamente desnuda, y avanzó hacia Antonio sonriendo y tendiéndole los brazos.

Pese a lo extraño y lo insólito de la situación, cuando la "mujercita" comenzó a restregarse contra él, Antonio notó que su virilidad reaccionaba positivamente, y por tanto le fue posible realizar el acto sexual en la litera.

Villas Boas contó al Doctor Fontes, que el extraño ser tenía unos cabellos finísimos pero escasos, de un rubio desvaído.

Como otros detalles anotó que no le observó la presencia de cejas, pestañas, ni bello púbico.

Ciertamente el ser tenía orejas pequeñas, y por su parte la nariz, los labios, y el mentón, eran de una delicada conformación.

Los ojos tenían un aspecto "achinado" y los pómulos salientes. Y todos estos detalles reforzaban su aspecto oriental.

Los dientes eran blancos y bien formados.

Y en cuanto al peso de ese ser, calculó que debía pesar unos 35 kilogramos aproximadamente.

Obviamente no entablaron diálogo en ningún momento del encuentro. La mujercilla sólo emitió unos gruñidos durante la cópula, que Antonio comparó con los de un cerdo.

Debió pasar algún tiempo para que Antonio relatara lo sucedido, pues sin duda "estaba envergonhado" (tenía vergüenza). También tardó en relatar que los tripulantes de la extraña nave por último le devolvieron sus ropas, y lo echaron sin contemplaciones de la nave.

TRASCIENDE LA HISTORIA

Finalmente el hombre habló con su madre y con sus hermanos de esta extraña experiencia, quienes lo motivaron a escribirle a Joao Martins, quien desde la prestigiosa revista "O Cruceiro" invitaba para que le escribiesen aquellos que hubiesen tenido experiencias ovni.

Así se enteraron del caso en Río de Janeiro, ciudad situada a unos 1.500 kilómetros de distancia del lugar del incidente.

En Río de este asunto se enteraron el Doctor Bühler, presidente de la "Sociedade Brasileira para o estudio dos discos voladores", y también el periodista e investigador Joao Martins, así como el ya citado Doctor Fontes, asesor médico de la recién mencionada asociación.

Ambos investigadores emprendieron luego el largo y penoso viaje hasta aquella zona perdida del Sertao Brasileño, adonde llegaron a través de innúmeros trasbordos de autocar, en ocasiones navegando por distintos cursos de agua, o viajando a lomo de mulas, o haciendo trayectos a pie.

Al principio costó mucho vencer la reticencia de Antonio a reproducir el relato, pero finalmente éste les fue contando retazos de su increíble aventura.

Aquí finaliza esta historia. A cada cual corresponde creer o no creer.

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