sábado, 25 de diciembre de 2010

Grifos, dragones, basiliscos, serpientes de mar, monstruos legendarios rodeados de encanto y misterio, desmitificados por la ciencia mediante explicaciones sencillas, claras y contundentes / Rica galería de imágenes acompañan este texto


Supersticiones y leyendas: Historias que nos vienen de la noche de los tiempos, y también mecanismos aún día activos, a pesar de la cultura racional en la que estamos inmersos, a pesar de las ventajas que nos da la perspectiva histórica, a pesar del gran avance que sin duda nos brinda el conocimiento científico

Desde épocas inmemoriales, el hombre conoce la existencia de seres petrificados, en torno a los cuales se han tejido numerosas supersticiones y leyendas. Algunas de estas leyendas datan de tiempos remotísimos, y nos llegan resonando en los cantos épicos de la Antigua Grecia.


Homero, el ciego rapsoda griego, cuenta que en Sicilia vivían hombres gigantescos, los cíclopes (los soberbios, los sin ley), que no tenían más que un ojo incrustado en el medio de la frente. En el canto noveno de la Odisea, refiere como Ulises, en sus andanzas por tierras sicilianas, buscó refugio en una cueva que resultó ser la guarida de Polifemo, uno de los gigantes más formidables de esa raza imaginaria.


Esta leyenda tuvo su origen en los hallazgos de unos cráneos de elefante, catalogados en nuestra época como pertenecientes a una especie de elefantes enanos, de los que todavía se encuentran restos en las cavernas que existen en la isla, no lejos de la costa.

La forma abombada de estos cráneos, que les daba cierto parecido con el del hombre, y el hueco de las fosas nasales, abierto a la altura de la frente por la desaparición de las materias blandas de la nariz, dieron pábulo a la leyenda de esos enormes cíclopes, que medían hasta 300 pies de largo y no tenían más que un ojo.


Esta leyenda subsistió hasta fines del siglo XVIII, y resulta muy curioso que hombres eminentes de la época, hayan participado también de esta creencia.


En el siglo XIV, el gran humanista y escritor italiano Giovanni Boccaccio, habla del descubrimiento de los restos del gigantesco cíclope Polifemo, hallados en una caverna de Trápani, en Sicilia.

JUAN  BOCACCIO

Poeta y literato italiano, uno de los más grandes prosistas de su época (1313-1375). 

Fue el primero que comentó a Dante,  y ejerció una considerable influencia en la literatura italiana.

En la "Genealogía de los dioses" realizó uno de los más completos trabajos sobre mitología grecorromana.

Su obra cumbre es el "Decamerón", colección de cien cuentos que le ha dado fama universal. 


Recuérdese que en la antigüedad se pensaba que algunas islas sicilianas estaban habitadas por cíclopes, y entre ellos el famoso Polifemo.

Cerca del pueblito AciCastello y de los otros 8 pueblos con nombres similares, AciTrezza, AciReale, AciCatena, AciPlatani, AciSanFilippo, AciSantaLucia, AciBonaccorsi, AciSant'Antonio, se encuentra la llamada Ribera de los Cíclopes ("Riviera dei Ciclopi"), donde quedan aún restos de la furia de Polifemo, ese monstruoso ser que logró apresar a Ulises y a su tripulación, pero éste logró cegar el único ojo del gigante y escapó. El cíclope lanzó entonces grandes piedras al héroe que huía por el mar, y he aquí la explicación de los escollos que adornan esa zona del litoral italiano con sus llamativas formas arrojadizas.


Y en 1664, el sabio y famoso jesuita Athanasius Kircher (1601-1680), autor de numerosas obras de erudición, y además políglota y estudioso orientalista, todavía pudo ver los mencionados restos, y manifiestó que, a su juicio, los gigantescos sicilianos no medían más de 30 pies de altura y no 300 pies, como Giovanni Boccaccio había estimado.

ATANASIO  KIRCHER

Jesuíta y polígrafo alemán, autor de numerosas y valiosas obras de erudición. Fue inventor de un espejo ustorio, del pantómetro, de la linterna mágica, etc.  Investigó los jeroglíficos egipcios, y sostuvo con fundamento, que constituían un verdadero sistema de escritura, y no simples elementos decorativos, como en esa época se admitía.

En su mente prodigiosa reunió una asombrosa suma de conocimientos.

Su privilegiada inteligencia le permitió dominar en toda su extensión, el saber de su tiempo. Un verdadero sabio del siglo XVII.

En todos los tiempos y lugares, el hallazgo de curiosos fósiles de grandes dimensiones, sin duda ha dado origen a las más pintorescas fábulas, vinculadas unas con la existencia de gigantes, y otras con la de terribles dragones o con la de otros seres gigantescos y fabulosos.


En 1616, se descubrieron en el Delfinado, cerca del Castillo de Chaumont (Chaumont-sur-Loire, Francia), huesos de grandes dimensiones que un médico cirujano llamado Pierre Mazuyier (de Beaurepaire), adquirió para exhibir públicamente. El propietario de los huesos afirmaba haberlos encontrado en un sepulcro de 30 pies de longitud, sobre el cual estaba escrito el nombre de "Theutobocus", rey de los cimbrios (o cimbros), muerto en lucha contra el famoso y legendario Caius Marius (o Cayo Mario).

Sin duda, durante varios años este médico charlatán sostuvo la expectación de los hombres de ciencia, dando lugar a numerosas controversias.

Los restos del presunto "Theutobocus", resultaron ser los de un Dinotherium (o Deinotherium), un primitivo elefante de enorme cabeza, con las defensas curvadas hacia abajo, lo que le permitía desgajar la corteza de los árboles y remover las raíces vegetales, que constituían el alimento de este enorme elefante de la Era Terciaria. Estos huesos se conservan todavía en al Jardín de Plantas de París.


La leyenda del "Gigante de Lucerna" en Suiza, tiene su origen en unos huesos de gran tamaño, que aparecieron en 1577 debajo de una encina arrancada de cuajo por una tempestad, y que pertenecieron a un animal gigantesco de épocas pretéritas.

El "gigante de Krems" en Austria, fue descubierto en 1645, al ensanchar los fosos defensivos de la ciudad, en los que aparecieron huesos de colosales dimensiones.

Los escritos que tratan sobre gigantes, fueron muy numerosos hasta el siglo XVIII. En cualquier lugar en que aparecían grandes huesos, surgía la idea de los hombres gigantescos, lo que explica que no haya un país que no cuente con su gigante nacional.

El famoso naturalista francés, Georges Léopold Chrétien Frédéric Dagobert Cuvier, barón de Cuvier, en su notable obra "Recherches sur les ossements fossiles de quadrupèdes" publicada en 1821, hace un resumen de los numerosos datos bibliográficos que existen sobre los hallazgos de gigantes, demostrando que en la mayoría de los casos, los huesos que dieron pábulo a la leyenda eran de grandes proboscidios, aunque en ciertos lugares como por ejemplo en Amberes, la fábula del gigante Antígono debió tener origen en el hallazgo de restos de ballenas.

Con las leyendas de gigantes circularon también las de los basiliscos y dragones, que llenaron la fantasía popular desde la Edad Media.

En una casa de la calle de Schoenlatern, en Viena, existe aún la "vera efigie" de un terrible basilisco.

Pero según lo demostrado por Sess en 1862, este raro ejemplar de monstruo es una simple e inofensiva concreción de arenisca, encontrada en 1212 en un manantial que brotaba en terrenos pliocénicos, y del que se desprendía gas sulfhídrico.

Sin duda este gas es el "aliento venenoso" al que se refiere la leyenda.


En 1587, en Polonia, el estado más extenso de Europa en esa época, varios hombres encontraron la muerte en un lugar donde se produjo un desprendimiento de gas carbónico. Y esto dió origen a la leyenda del "basilisco de Varsovia". Nótese que en otras partes se creía que el basilisco mataba con los ojos en lugar de hacerlo con el aliento, o además de hacerlo con el aliento.


La creencia en la existencia de dragones, dotados de fuerzas sobrenaturales y capaces de devorar todo un regimiento, por cierto data también de tiempos remotísimos.


El dragón de Klagenfurt, que tiene nada menos que una estatua conmemorativa en una de las plazas de la ciudad, fue encontrado en un lugar que todavía hoy se conoce como "la cueva del dragón". El cráneo de este monstruo, se exhibió al público en la Casa Consistorial, colgado de una cadena, y sirvió de modelo al artista que en 1590 erigió su monumento.

Pero el tal monstruo, resultó ser "un colosal rinoceronte de los tiempos cuaternarios", y cuyo cráneo original hoy día se conserva en el Museo de Klagenfurt.




En el catálogo paleontológico del Colegio Benedictino de Krems (Austria), aparece citado un dragón que fue hallado en el siglo XVIII, y que resultó ser el cráneo de un formidable "oso de las cavernas".

Las tan pintorescas leyendas alemanas de dragones, probablemente se deben a los hallazgos de restos fósiles de saurios, tan abundantes en la parte meridional de esta nación.


El escritor y geólogo alemán Friedrich August Quenstedt, destaca la semejanza que existe entre la efigie del dragón que se guarda en la iglesia de Tübingen, y los restos de saurios que aparecen con frecuencia en las excavaciones del Néckar.

Desde tiempos remotísimos, los chinos consideran los dientes y huesos fósiles de mamíferos prehistóricos como pertenecientes a dragones. De tales restos, existen en el interior de China cantidades enormes, que incluso se han explotado comercialmente, por las virtudes curativas que supuestamente se les atribuyen.

En efecto, en un tratado médico del siglo XVIII, se enumeran las diversas enfermedades que pueden ser combatidas por medio de esos raros agentes terapéuticos. Las farmacias y droguerías chinas, contuvieron en su momento enormes reservas de esos "medicamentos" fósiles.

Estas supersticiones que atribuyen propiedades curativas a los fósiles, por cierto no son exclusivas de los chinos.


Los cuernos del "Unicornio" como se llamaba hasta el siglo XVIII, tanto en Austria como en Alemania, a las defensas del Mamut, que con frecuencia se encuentran en el loess de esos países, se empleaban en farmacia, para combatir los efectos de las intoxicaciones y mordeduras de animales.

Y en las comarcas campesinas de la Baja Austria, todavía hoy subsiste la leyenda del Unicornio y de las virtudes medicinales de su único cuerno.


En varias comarcas centro-europeas, se atribuyen a los fragmentos de caliza, en los que aparecen incrustadas conchas fósiles de moluscos, efectos estimulantes contra la modorra del ganado, y por ello se los colocan en los abrevaderos.

Y en otras partes, se considera a dichas conchas como una especie de aspirina.

En la China se conserva también, desde tiempo inmemorial, la tradición de que el Mamut, al que llaman Tin-schu, es un animal de vida subterránea. En una Historia Natural del siglo XVI se lee lo siguiente: ««El Tin-schu reside solamente en los parajes oscuros y solitarios, y muere cuando los rayos del Sol o de la Luna caen sobre él. Sus patas son cortas en relación con el tamaño de su cuerpo, por lo cual camina trabajosamente. Sus ojos son pequeños y su cuello arqueado. Es sumamente estúpido y perezoso.»»

Para muchísimos chinos, el Mamut vive todavía, aunque nunca han podido ver más que sus huesos.

Una creencia similar existe en las Pampas, con respecto a los mamíferos de los que se encuentran restos fósiles en abundancia.

Cuando Darwin viajó por la Argentina en 1833, los pampeanos le dijeron que, para ellos, esos grandes animales debían vivir en cuevas subterráneas, como lo hacen actualmente las vizcachas.

Obviamente resulta curiosa esta coincidencia de opiniones, entre pueblos tan lejanos y de cultura diferente, que interpretan un hecho análogo con la misma simplicidad.


Último momento: Si bien la información aún debe ser confirmada, un inesperado descubrimiento antropológico del que todavía deben ser hechas pruebas de ADN, parece confirmar la existencia de gigantes en los tiempos bíblicos

Primero que nada recordemos que Génesis 6:4 dice: ««Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.»»

Y en Números 13:33, en un informe dado por los espías de Moisés sobre la Tierra de Canaán, decían: ««También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.»»

Y luego en 1 Samuel 17:4 se habla del gigante Goliat, que David mató con una piedra con su honda y dice de él: ««Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo.»»

Observen ahora las siguientes fotos, que reportan el momento mismo de las excavaciones, y cuando todavía no se podían hacer ni pruebas de ADN, ni estudios más profundos sobre los restos encontrados.



Rich Buhler, un locutor cristiano en la radio KBRT AM 740, por un lado aseguró que los gigantes de las épocas bíblicas realmente existieron, pero por otro lado quitó crédito al recién referido descubrimiento arquelógico, pues concretamente opinaba de que se trataba de un “Urban Legend”, o sea una Leyenda Urbana, que circuló en torno a los supuestos recientes y espectaculares hallazgos de Grecia y de Arabia Saudita.

Y concretamente, sobre estos dos gigantes encontrados en Grecia y Arabia Saudita y documentados en las fotos anteriores, Buhler decía que no son pruebas de lo que hay en Génesis 6:4, Números 13:33, y 1 Samuel 17:4. Y Buhler afirmaba ello con seguridad y soltura, pues sabía que las fotos realmente formaron parte de un concurso de fotografía, y que fueron sacadas del sitio http://www.worth1000.com

O sea, las supuestas instantáneas tomadas en Grecia, formaron parte de una competicion en el año 2002 de "Archaeological Anomalies 2." Y el artista que creó esas imágenes fue “Ironkite”, por ello habiendo ganado el tercer lugar, o sea la medalla de bronce.

La información también puede ser verificada en el sitio Snopes, dirección electrónica http://www.snopes.com/photos/odd/giantman.asp


Atención, obviamente no es posible creer en todas las informaciones que circulan por Internet, y lo que corresponde es siempre verificar un dato, un hecho, una conclusión, por distintas vías y fuentes.


Agradecimiento y cierre:

Destacamos la invalorable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.

La leyenda del Sol y la Luna

Antes de que hubiera día en el mundo, se reunieron los dioses en Teotihuacan.

- ¿Quién alumbrará al mundo? -preguntaron-.

Un dios arrogante que se llamaba Tecuciztécatl, dijo:

- Yo me encargaré de alumbrar al mundo.

Después los dioses preguntaron:

- ¿Y quién más? -Se miraron unos a otros, y ninguno se atrevía a ofrecerse para aquel oficio-.

- Sé tú el otro que alumbre -le dijeron a Nanahuatzin, que era un dios feo, humilde y callado, y él obedeció de buena voluntad.

Luego los dos comenzaron a hacer penitencia para llegar puros al sacrificio. Después de cuatro días, los dioses se reunieron alrededor del fuego.

Iban a presenciar el sacrificio de Tecuciztécatl y Nanahuatzin. entonces dijeron:

- ¡Ea pues, Tecuciztécatl! ¡Entra tú en el fuego! -Él hizo el intento de echarse, pero le dio miedo y no se atrevió-.

Cuatro veces probó, pero no pudo arrojarse

Luego los dioses dijeron:

- ¡Ea pues Nanahuatzin! ¡Ahora prueba tú! -Y este dios, cerrando los ojos, se arrojó al fuego-.

Cuando Tecuciztécatl vio que Nanahuatzin se había echado al fuego, se avergonzó de su cobardía y también se aventó.

Después los dioses miraron hacia el Este y dijeron:

- Por ahí aparecerá Nanahuatzin Hecho Sol. -Y fue cierto-.

Nadie lo podía mirar porque lastimaba los ojos.

Resplandecía y derramaba rayos por dondequiera. Después apareció Tecuciztécatl hecho Luna.

En el mismo orden en que entraron en el fuego, los dioses aparecieron por el cielo hechos Sol y Luna.

Desde entonces hay día y noche en el mundo.


Titanes y gigantes

Se recomienda sinceramente disfrutar del vídeo al que se accede a través del enlace que se indica seguidamente.

http://www.laplegariadeunpagano.com/2010/11/gigantes-en-la-antiguedad-oopart.html

El matador manchado

Por su gran calidad e interés, se destaca una serie de la RTVE relativa a la naturaleza y en episodios, y que en su tiempo inauguró una nueva forma de divulgación científico-cultural. Fue dirigida por Félix Rodríguez de la Fuente, y se divide en la Serie Sudamericana rodada en Venezuela y emitida por primera vez en 1974, la Serie Ibérica con tres partes y una cuarta inconclusa (1975-1978, y 1980), y la Serie Norteamericana rodada en Canadá y en Alaska (1979 y 1980).

A continuación se especifica una dirección electrónica que permite acceder a muchos de estos interesantes capítulos.

Enlace: http://www.rtve.es/podcast/radio-nacional/la-aventura-de-la-vida/

Entre los episodios de mayor interés se destaca "El matador manchado". En esta presentación, Félix Rodríguez de la Fuente, conductor de la serie, se refiere específicamente a los cuentos de terror.

Historias nocturnas que ponen la carne de gallina, y en donde se relatan posibles ataques de fieras.

La narración se estructura en la frase "Comer y no ser comido", ley para la supervivencia. Aquí en particular se narra la capacidad de los leopardos de convertirse en uno de los mayores matadores del planeta. Una historia trágica y por cierto conmovedora, a la que puede accederse activando la siguiente dirección electrónica.

Enlace: http://media6.rtve.es/resources/TE_SLAAVET/mp3/6/4/1293098005346.mp3

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