domingo, 19 de diciembre de 2010

Las reformas del sistema financiero: Muchas de las problemáticas de este inicio de siglo, tienen su origen en la naturaleza y operativa del dinero

La operativa monetaria internacional en el ojo de la tormenta, en el centro de las preocupaciones

Ya son muchas las voces que se suman para solicitar un nuevo orden financiero global, una nueva y más racional arquitectura monetaria internacional. El irregular y desparejo comercio internacional así como las enormes deudas externas de ciertos países, dan claros indicios de tropiezos y de anomalías y de incertidumbres, en resumen, de extravagantes y caprichosas y cambiantes situaciones, así expresando con voz muy fuerte que las bases estructurales de las relaciones internacionales se están resquebrajando: (a) Aquí y allá el desempleo aumenta, y la situación de los bolsones de pobreza se hace cada vez más crítica, (b) El narcotráfico y la corrupción y el terrorismo campean a sus anchas, (c) Notoriamente las actividades humanas inciden en forma significativa sobre el medioambiente y aún sobre el propio clima del planeta, y sin que se tomen efectivas medidas para revertir o atenuar estos nocivos efectos, (d) Y por su parte los movimientos en los tipos de cambio trasvasan arbitraria y absurdamente recursos de unos bolsillos a otros, creando así situaciones de hecho injustas y sin base racional.

Las propuestas para un mejor ordenamiento de los intercambios internacionales han sido de todo pelo y color, pero muchas de ellas insisten con proponer ligar la futura y nueva moneda internacional con una canasta de materias primas estratégicas (petróleo, oro, uranio, e incluso arroz y trigo), o con una canasta de divisas nacionales fuertes y estables.

Pero Dios mío, hasta cuándo siempre las mismas recetas. Por algo el refranero popular recoge ese dicho que dice: “Los humanos son la única especie cuyos integrantes tropiezan varias veces con la misma piedra”.

No, no, no, y no. ¡Es que siempre cometeremos los mismos errores! El dinero tanto a nivel nacional como a nivel internacional, sin duda es el gran articulador de los intercambios de bienes, de servicios, y de derechos, y por tanto conviene que se encuentre desligado de una particular mercancía como el oro, y que también se encuentre desligado de una canasta de materias primas estratégicas, porque los precios de las materias primas y de las mercancías están naturalmente sujetos a las fluctuaciones propias de la producción, de la oferta, y de la demanda, y por tanto una unidad de medida de valor ligada o anclada de alguna manera con algunas materias primas, en el largo plazo no es la ideal para valorar y articular la totalidad de los intercambios, pues de hecho así se podrían producir tensiones inadecuadas e insostenibles. Una economía es esencialmente dinámica, y sus precios de mercado son sustancialmente cambiantes de acuerdo a las existencias y a las necesidades que se puedan ir presentando, y de acuerdo a las nuevas modalidades de producción que se puedan ir desarrollando. Y la moneda, y la unidad de medida que sirve de patrón de comparación, y la referencia de valor que articula todos los intercambios, conviene que se ajuste ella con la propia actividad económica general, y no que arbitrariamente se ancle con un precio mercantil en particular.

Por cierto, tampoco conviene anclar la unidad monetaria internacional a una única divisa nacional, y tampoco a una canasta de divisas nacionales, puesto que ello sería valorar los intercambios internacionales según las alternativas y las fluctuaciones propias y particulares de la economía de un país, o de la economía de un grupito de países.

En cuanto al dinero y a los intercambios internacionales, en lo personal opinamos que ya se experimentó con las dos estrategias recién esbozadas, y por cierto con resultados absolutamente negativos.

Ya se experimentó con ligar la moneda internacional a los metales, y en luego sofisticar la ingeniería monetaria para que las cosas pudieran funcionar por un tiempo un poquito más prolongado. Y con toda evidencia nada de esto resultó.

También ya se experimentó con ligar los medios internacionales de pago con el dólar estadounidense y con un selecto grupito de otras divisas nacionales, y también cada tanto se hicieron retoques a la aplicada ingeniería monetaria, para que las cosas pudieran funcionar un poquito más. Y con toda evidencia nada de esto tampoco resultó.

Las crisis financieras internacionales tienen su origen principal en la inadecuada arquitectura financiera global, así como también en el hecho que en el ámbito de los intercambios internacionales nadie vela por el equilibrio y por la equidad y por la justicia. Y ésta es una falencia que urgentemente debe ser enmendada.

Los países pobres, los países que se unieron con rezago a la carrera de la industrialización y del desarrollo sostenido y acelerado, ciertamente ya no aguantan más, ciertamente ya no dan más, y sus poblaciones tampoco.

Hagamos un breve repaso de las características y las finalidades de una política monetaria nacional, con la intensión de entender un poco mejor toda la compleja cuestión monetaria.

A nivel nacional, los principales actores ciertamente son los agentes económicos productores-consumidores. Y los principales objetivos de una política monetaria nacional deben ser:
• Mantener la estabilidad de los precios nacionales (léase: mantener la inflación bajo control).
• Preservar el valor de la moneda nacional, para que la misma pueda servir como refugio del ahorro, y para que la misma pueda servir como efectiva medida de valor a lo largo del tiempo.
• En la medida de lo posible, preservar el crédito y el empleo, y por distintas vías incentivar la producción nacional y el mejoramiento del nivel de vida de todos los ciudadanos. Aplicar algún tipo de política social, de forma de reducir las disparidades sociales y las fracturas sociales, y de forma de también apoyar a los más débiles, para que ellos mismos luego puedan superar sus debilidades y sus falencias.
• Mantener cierto grado de estabilidad en la actividad económica nacional a lo largo del tiempo, y acumular convenientes recursos para poder aplicar adecuadas políticas anticíclicas, para así hacer frente a la aparición de las frecuentes o esporádicas crisis financieras y de producción, las que recurrentemente se presentan de una o de otra manera.
• Mantener una lógica articulación de la economía nacional con las economías internas y propias de los otros países, a efectos de poder lograr cierto equilibrio en la balanza de pagos, y a efectos de no alcanzar niveles de endeudamiento demasiado altos, que a la corta o a la larga pudieran ser desequilibrantes.

Para el cumplimiento de estos objetivos, los Estados y sus instituciones disponen de una serie de instrumentos financieros, entre los que se destacan:
• Regulación de la masa monetaria nacional.
• Definición de las tasas de interés en relación al endeudamiento interno del Estado, y definición de las tasas de redescuento. Definición del propio nivel de endeudamiento interno del Estado.
• Regulación de la actividad bancaria y del crédito.
• Regulación de la actividad cambiaria.
• Definición y establecimiento de la política fiscal (impuestos, aranceles aduaneros, etcétera) así como definición y establecimiento de la política de subsidios y de reintegros.

Muy bien, claro es que a nivel nacional hay una moneda así como una institución reguladora de ella, que es el Banco Central o quien cumpla la función de tal. Y también claro es que a nivel nacional hay un Ministerio de Economía, que junto con el Parlamento es el define y coordina la política bancaria, la política cambiaria, la política crediticia, la política fiscal, la política aduanera, y también la política macroeconómica general. Por lo tanto, parecería lógico que para la regulación de los intercambios internacionales también se tuviera una moneda internacional, así como un ente regulador que actuara a ese nivel, y al que podríamos llamar Ente Monetario Mundial o Banco Monetario Mundial.

Dentro de este panorama que intenta esclarecer el ámbito de la economía internacional así como el ámbito de las distintas economías nacionales, parecería lógico ordenar la actividad cambiaria, dejando que cada Banco Central definiera las tasas de cambio de su propia moneda nacional desde y hacia la moneda internacional. Así que por lo tanto, la regulación de la actividad cambiaria quedaría atomizada y en manos de los distintos Bancos Centrales, y no en manos del Ente Monetario Mundial.

Muy bien, vemos pues que a nivel internacional la política cambiaria no tendría una especial relevancia, aunque por supuesto sí la tendría a los distintos niveles nacionales. Esta notoria diferencia de objetivos entre los dos niveles monetarios, el nivel internacional y el nivel nacional, nos lleva de la mano a repensar la estructura financiera internacional en cuanto a sus objetivos y a sus instrumentos, los que por lo que acabamos de ver obviamente serían diferentes de los antes indicados para las estructuras financieras nacionales.

Por ejemplo, obviamente la política fiscal a nivel nacional tiene o debería tener dos objetivos prioritarios: (a) Por un lado proveer al Estado de los recursos necesarios para que pueda financiar sus instituciones y sus estrategias; (b) Por otro lado incidir de alguna forma y en algún sentido en la actividad económica. En resumen, la política impositiva y aduanera debería ser tanto fiscalista como finalista.

Y a nivel internacional, y en relación al sistema monetario internacional, obviamente deberíamos tener algo equivalente a un mecanismo recaudatorio que a la vez también fuera finalista.

Muy bien, hechas estas consideraciones iniciales y primarias, a continuación clarificaremos en grandes líneas cuales deberían ser las metas a fijar para un nuevo sistema monetario internacional.

Pero antes que nada, pongamos atención sobre los actores que actúan en uno y otro nivel nacional e internacional, y que en cada caso son los destinatarios de las políticas aplicadas por el correspondiente ente regulador-administrador.

A los distintos niveles nacionales, el ente regulador-administrador es el respectivo Banco Central (o quien cumpla con esta función), y los actores son los correspondientes agentes económicos productores-consumidores, o sea tanto las personas físicas como las personas jurídicas concernidas en el respectivo espacio económico. Notoriamente estos actores son muy numerosos, y tienen cada uno de ellos una incidencia muy dispar en los mercados, pues algunos son empresas de gran tamaño, mientras que otros son empresas unipersonales, y mientras que otros son trabajadores, y otros son laboralmente inactivos y por tanto solamente cuentan como consumidores, etcétera. Por otra parte, este conjunto de actores es muy dinámico, ya que la vida de los mismos es limitada, y constantemente hay actores que ingresan en el espacio económico mientras que otros desaparecen. Y en los distintos niveles nacionales, obviamente también se encuentran las instituciones estatales.

Por el contrario en el nivel internacional, el ente regulador-administrador sería la institución que hemos llamado Banco Monetario Mundial, y el número de actores en este espacio económico por cierto es bastante reducido, pues como jugadores a nivel internacional deberíamos considerar a los distintos países, y también a los distintos organismos internacionales. En este caso tenemos pues dos grupos de actores bien distintos (países y organismos internacionales), con naturales diferencias en cuanto a la incidencia que ellos tendrían en el intercambio internacional, pero con un denominador común: este grupo de actores sin duda sería muy poco dinámico, pues en la práctica significativamente allí no habrían ingresos y egresos (léase: los ingresos y egresos allí se reducirían a la eventual entrada o salida de un organismo internacional, o al eventual surgimiento de un país por partición de algún territorio, o por el contrario por asociación estratégica de dos o más territorios).

Y los objetivos a fijar para la política monetaria internacional, bien podrían ser los que se indican a continuación:
• Promover cierto equilibrio en los intercambios internacionales, de forma que no existan territorios que exageradamente acumulen recursos en detrimento de otros de donde exageradamente se extraigan recursos. En los hechos, esto implicaría que todos los países o que la mayoría de ellos tuvieran resultados equilibrados, en relación a la balanza comercial y sobre todo en relación a la balanza de pagos.
• Obstaculizar o prevenir en la medida de lo posible, los abusos y las inequidades que pudieran promover los grupos comerciales y financieros más poderosos, quienes precisamente en razón de su primacía productora y/o corruptora, podrían llegar a imponer condiciones de intercambio demasiado ventajosas para ellos, y demasiado desventajosas e injustas para las contrapartes en los países más débiles y más atrasados. Las debilidades y las falencias de los países emergentes podrían tener su origen en una serie de diversos factores, entre ellos: (a) población con menor cultura y con menor capacitación laboral-profesional; (b) infraestructuras físicas y logísticas mucho más débiles; (c) menor capacitación en cuanto a gerencia y en cuanto a comercialización. (d) cúpulas dirigentes más incompetentes y/o más corruptas; (e) técnicos y asesores con más limitaciones en cuanto a capacitación y/o en cuanto a información; (f) estructuras institucionales más frágiles y menos eficientes; (g) inserción internacional más dificultosa, sobre todo en cuanto a acceso a mercados y en cuanto a agregados de valor en las cadenas productivas.
• Impulsar un activo y fructífero comercio internacional, que en mayor o menor grado beneficie a todos los actores.
• Ayudar a los países más débiles aportándoles recursos y conocimientos, y colaborar con esos gobiernos para tratar de lograr más justicia social y más equidad social en el seno de la población a su cargo.
• Impedir o dificultar el continuo y permanente flujo de recursos desde ciertos territorios hacia otros territorios, y que tiene por base lo que podríamos llamar ingeniería monetaria o juego monetario. Hoy día las calesitas de los servicios de las deudas externas imponen ciertas reglas de juego notoriamente injustas y artificiales, a causa de las cuales los países endeudados permanentemente deben pagar abultadas regalías a los países acreedores. Y este flujo de recursos es notoriamente artificial, pues no es en contrapartida de mercaderías que se reciben, y/o de patentes cuyos derechos se adquieren, y/o de servicios que se brindan, sino que es en contrapartida de algo inmaterial y abstracto, sino que es en contrapartida de medios internacionales de pago, los que claramente tienen su origen en un pacto social. El absurdo pacto social que hoy nos rige en relación al dinero, ha dado la propiedad de los medios internacionales de pago a un reducido y privilegiado grupito de países, imponiéndose entonces el pago de regalías por el uso de dichos medios al resto de los territorios que no se vieron beneficiados por esa lotería.
• Inhibir o de alguna forma penalizar las transferencias internacionales de capitales especulativos.
• Contribuir en todo lo posible al mejor cumplimiento de los fines asignados a los distintos organismos internacionales.

Para el cumplimiento de estos objetivos, el Banco Monetario Mundial podría aplicar una serie de mecanismos de ingeniería financiera, entre los que se destacan:
• Se utilizará una moneda internacional escritural, para entre otras cosas así poder generar muy buenos datos estadísticos. Como medio internacional de pago únicamente se usarían las anotaciones de créditos y débitos en las cuentas dinerarias de los distintos países. Y la novedad respecto del sistema actual, sería que los países con saldos negativos en esas cuentas no deberían pagar intereses a los países con saldos positivos, en el entendido que el sistema compensatorio utilizado no es propiedad de nadie en particular, sino que surge de un pacto internacional. Los países con saldos positivos en sus cuentas de hecho se encontrarían ya suficientemente favorecidos con que se les reconozca un crédito, el cual podrían utilizar en cualquier momento; no es por tanto razonable que a esta ventaja además se le sumen intereses de algún tipo, que contribuyan a aumentar aún más esa ventaja.
• Se aplicará un tratamiento diferencial a países y a organismos internacionales, puesto que claramente se trata de dos tipos de actores bien distintos.
• El BMM tendrá una conveniente fuente de recursos, aplicando una tasa de regulación (equivalente por ejemplo a 2% anual) a los saldos de las cuentas dinerarias deficitarias o supernumerarias. Puesto que uno de los objetivos es que no haya un permanente flujo de riquezas de ciertos territorios a otros territorios, lo deseable por tanto sería que las balanzas de pago de todos los países se encontraran equilibradas, lo que en sustancia quiere decir que las cuentas dinerarias de los distintos países deberían tener sus saldos positivos o negativos todos ellos en niveles muy bajos. Es pues razonable imponer un gravamen a los saldos deudores o supernumerarios que tengan cierta entidad, a efectos precisamente que por esta vía se desanime la propensión a extraer demasiados recursos de un territorio, así como a acumular demasiados recursos en un territorio. Esta tasa de regulación en ningún caso se aplicaría a los saldos de las cuentas dinerarias de los organismos internacionales. Los recursos obtenidos de esta forma así como por eventuales donaciones directas, serían utilizados para apoyar a los países más débiles y a los grupos poblacionales de mayor riesgo. Por cierto, de estos fondos también se extraerían los recursos para solventar los gastos de funcionamiento del propio BMM y de sus instituciones subordinadas.
• La recién señalada tasa de regulación ciertamente actuaría como un elemento disuasorio a un elevado endeudamiento por parte de algún país en particular, aunque evidentemente por sí sola no podría impedir que eventualmente se produjeran endeudamientos enormes y continuados en países mal conducidos. Sería imprescindible por lo tanto que ese mecanismo se aplicara combinado con otro que impusiera ciertos topes a los endeudamientos. Por tanto y como fruto de un determinado acuerdo internacional, se fijarían estos topes de endeudamiento para cada país, valores éstos que deberían tener alguna relación con el producto bruto interno del respectivo país, o con algún otro indicador económico de similar categoría y especie. El intercambio internacional debería por tanto respetar esta restricción, y como consecuencia aquellas transacciones internacionales que excedieran este límite deberían ser demoradas o suspendidas. En el caso de los organismos internacionales, los correspondientes topes de sobregiro de sus cuentas deberían ser todos nulos, a efectos de así imponer que los recursos movilizados por estas instituciones fueran todos ellos genuinos. Obsérvese que este mecanismo limitante no podría impedir que algunos países otorgaran créditos a otros países utilizando para ello alguna divisa nacional, por lo que a nivel internacional posiblemente debería impedirse o en algún sentido limitarse el paso de deudas de un actor a otro, para que así los riesgos fueran asumidos directamente por quienes efectivamente otorgan esos créditos, en esos casos especiales en que pudieran encontrarse dificultades para el cumplimiento de los mismos.
• Los movimientos especulativos de capitales deberían ser disuadidos tanto por disposiciones internas de los distintos países, como a nivel de su circulación en el ámbito internacional. Y en este último aspecto, lo que podría hacerse es demorar las transferencias internacionales de capitales, ya que por lo general estos recursos financieros se aplican a negocios de corto plazo, y esos retardos artificiales podrían quitar operatividad a la típica actividad especulativa. Los eventuales movimientos tácticos de capitales por parte de los diferentes Bancos Centrales como medida de contrarrestar las deducciones que pudieran corresponder por aplicación de la tasa de regulación, también podrían ser desalentados imponiendo a los mismos alguna fórmula de retardo de similar especie a la recién indicada.
• Se facilitaría a los organismos internacionales el cobro de las anualidades de sus países-miembro, implementando el mismo a través de un sistema de débito automático.

Muy bien, hasta aquí resumidamente se han esbozado las bases de un posible y nuevo sistema financiero internacional.

Por cierto, hay multitud de detalles en los que no se ha profundizado, pero lo importante es que se genere una discusión pública sobre si sería correcto o no aplicar un mecanismo de este tipo para regular los intercambios internacionales.

En caso que la respuesta a esta inquietud fuera afirmativa, ya habrá tiempo para que competentes grupos de expertos ajusten los detalles aquí no definidos.

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