domingo, 2 de mayo de 2010

El rincón del alma: Conociéndose a sí mismo

El mayor deseo de toda persona pensante, es el conocerse a sí mismo en su ser interno y desconocido, en sus posibilidades, en su propia evolución humana y espiritual. Para esta proeza, para ese desafío, comencemos por internarnos dentro de nuestro propio ser.

Estando solos y cómodamente sentados, y ningún ruido molesto nos perturba; entonces cerramos los ojos, y nos sumimos en un estado somnoliento y relajado.

Imaginamos que por el centro de nuestra frente sale un humo azul que nos envuelve totalmente, y al mismo tiempo se abre una pequeña puerta en nuestro propio corazón, y por ella entramos al mismo.

¡Ciertamente nunca hubiéramos imaginado un lugar tan hermoso y cálido y colorido, que se asemeja a un gran castillo lleno de amor y paz infinita, y rodeado de fuentes y de un enorme jardín!

Muchos espacios internos como secretos, están en ese corazón nuestro, en el cual tenemos toda nuestra vida presente y pasada como escrita con un saber definido.

Nos encontramos en un gran salón hermosamente engalanado, de suaves colores y con piedras luminosas que nos invitan a desplazarnos por el mismo.

Podemos observar una cantidad de pequeñas salas, las cuales tienen su propio distintivo y razón de ser.

Entramos en la primera sala y nos encontramos con un gran espacio lleno de artículos antiguos de arte: cuadros, pinturas, esculturas, cofres de joyas, y también gran cantidad de fotografías que nunca les dimos importancia.


La sala contigua contiene gran cantidad de instrumentos musicales, y al penetrar en la misma podemos escuchar las más queridas y recordadas melodías, que nos traen quizás buenos recuerdos.

Penetrando en otra sala podemos sentir voces, palabras, y frases conocidas, que nos traen muchos recuerdos entre telas y marañas, entresacados de un mundo de sucesos guardados como en un fichero en nuestra mente, y en los espacios del universo donde están gravadas.


Continuamos el camino y nos encontramos frente a nuestros instintos y nuestras pasiones, que por ciertos están muy bien escondidos, y que nos dominan totalmente en distintas situaciones.

El "ego inferior o personal" es lo que tiene que ver con las pasiones, deseos, e instintos animales. Este conforma lo que se podría denominar como una falsa personalidad, obra por medio de su cuerpo físico y su fantasma doble, el "ego inferior" es considerado "problemático" y por momentos "mortal".


El "ego espiritual" corresponde al "ego divino", está asociado con el alma pura y elevada del individuo humano, que por ese intermedio busca un camino superior.

Continuamos nuestro recorrido mirando y admirando todo lo bello del lugar, y nos encontramos frente a una puerta que se abre sola, y trasponemos la misma; es un lugar muy oscuro, pero igual se aprecia algo que parece ser una sala llena de espejos, y en cada uno de ellos podemos vernos tal cual somos en realidad: uno refleja nuestro exterior; otro nos muestra nuestro interior; otro nos da detalles de nuestros pensamientos, y lo que de cierto y falso hay en ellos, sin subterfugios, sin velos, sin engaños.


Nos retiramos muy pensativos por todo lo visto, y nos acercamos a un rincón cómodo y placentero, un lugar apropiado para pensar sobre todo lo visto y experimentado.

Por nuestra mente corren en tropel nuestras experiencias de infancia, nuestras mezquindades y errores de la adolescencia, nuestras efímeras batallas de adultos, las ganadas y las perdidas, con todos los aciertos y errores, con todo lo piadoso y todo lo violento.


Nuestra estadía en este planeta llamado Tierra, es tan solo nuestra escuela donde venimos a aprender y a formarnos.

Sobre todo esto meditamos, en un rinconcito de nuestro corazón.

Continuamos nuestro camino, observando toda la magnificencia y belleza que existe en este lugar, visión que para siempre guardamos en nuestro rincón sagrado.

Aprendamos a disfrutar tanto de nuestras alegrías pasadas como de los momentos tristes vividos.

Al final de nuestro recorrido estamos bien al fondo del corazón maestro, y desde allí divisamos una magnifica puerta, la mas bella y grande que hemos visto en nuestro recorrido; la abrimos, y así pasamos a un jardín maravilloso, lugar bello y pleno de paz, que induce a quienes allí están al amor infinito.


Recorremos todo ese jardín hasta sentir un placentero cansancio, y nos refrescamos en un riachuelo hermoso de aguas trasparentes y calidas, con peces de colores y flores flotando, lo que nos hacen sentir todo lo hermoso de la vida.

Ah, ese aroma de agua fresca, y el intenso perfume de flores de especies exóticas.

Ciertamente estamos en un paraíso, y en el centro del mismo hay un frondoso árbol, que nos invita a descansar, y a soñar, y a disfrutamos plácidamente de ese dulce momento, meditando acompañado por el trinar de aves de bello canto y de coloridas plumas.

Para comunicarse con el autor, utilizar la siguiente dirección de correo electrónico: leyesuniversales@hotmail.com

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