domingo, 16 de enero de 2011

Las posibilidades de choque de grandes cometas con el planeta Tierra son muy reales, y sin duda ello sucederá en algún momento: ¿Pero cuándo ocurrirá?


El número de cometas y las posibilidades de choque con nuestro mundo

El número de cometas conocidos aumenta constantemente, y en nuestra época se ha incrementado en forma notoria, debido fundamentalmente al empleo de la "fotografía astronómica".

Desde la primera aparición documentada de un cometa, visualizada por observadores chinos (según distintas fuentes consultadas, en el año 2369 o en el año 467 o en el año 240 antes de nuestra era), hasta el momento del comienzo de la utilización del anteojo astronómico en el siglo XVII, se han podido contar avistamientos de unos 800 cometas.

Desde entonces y hasta el momento presente, se han agregado al menos un millar más, aunque en este número es muy probable que se contabilicen varias veces apariciones de más de un cometa periódico.

Obviamente, las cifras indicadas nos proporcionan solamente un orden de magnitud de los cometas avistados y documentados, así como una idea imprecisa sobre el número total de cometas que circulan dentro del Sistema Solar, que en opinión de muchos astrónomos debe ascender a centenares de miles.

Muchas veces, la aparición de un cometa ha provocado temores, ante la posibilidad de un choque con nuestro planeta. En realidad tal riesgo existe, si se toman en cuenta todas las partes del astro cometario (núcleo, cabellera, cola), habiéndose dado en junio de 1861 y en mayo de 1910, cuando nuestro mundo se sumergió en la cola de estos espectaculares astros.

En tales casos, no se produjo ninguna consecuencia verificada para la humanidad.


Menos probable es el choque de la Tierra con el núcleo de un cometa, dadas sus reducidas dimensiones, lo cual no afectaría mayormente a nuestro mundo, que continuaría su marcha imperturbable por el espacio dada la generalmente pequeñísima masa cometaria si la comparamos con la de nuestro planeta.



Claro que no se descarta la posibilidad de que tal coche, en el sitio en que se produzca el impacto, pueda ocasionar graves daños.

Las consecuencias de un choque con un cometa pueden variar, según se trate de uno de los grandes, visibles a simple vista, o de uno pequeños, sólo apreciable telescópicamente.

En este último caso, el choque con el núcleo, tal vez derive en la desintegración del mismo, al pasar por las capas de la atmósfera terrestre, en trozos de diverso tamaño, observándose entonces el magnífico espectáculo que proporcionaría la caída de numerosos bólidos, los que viajarían por el aire a muy altas velocidades.

En el caso de tratarse de un cometa grande, las consecuencias podrían ser mayores, aunque no se pueden evaluar con precisión, debido a que desconocemos la verdadera magnitud de las masas cometarias.


Se ha calculado que si la Tierra, en 1910, hubiera atravesado la parte más conspicua de la cola del Cometa Halley, le hubiese sustraído al mismo unos 240 millones de toneladas de materia, las que repartidas por toda la superficie de nuestro mundo, resultarían verdaderamente algo insignificante.


Cometas destacados

Es necesario mencionar a los cometas de Morehause, aparecidos en el año 1908, y cuyo estudio aportó grandes avances al conocimiento de la estructura cometaria.


El cometa de Brooks, del que sólo se conocen cuatro apariciones, dos a fines del siglo XIX, en 1889 y 1896, y dos a comienzos del siglo XX, en 1903 y 1911, y en el cual fue posible apreciar, cuatro pequeños cometas independientes, desprendidos de él.

El cometa Biela, que es el que presenta el período más corto, de apenas 1.200 días.

Posibilidades de impacto de grandes meteoritos con la Tierra

Resulta muy variable el tamaño de los Astrolitos. Se ha calculado que un cuerpo de éstos, que ingrese a la atmósfera con una masa de unos 5 kilogramos, sólo podrá dejar como residuo pequeñas partículas, o sea una especie de polvo.

Si la masa, al ingresar a las capas atmosféricas, es de unas 5 toneladas, o sea unos 5.000 kilogramos, bien podrían llegar a caer a la superficie terrestre fragmentos de hasta 500 kilos, aunque es una posiblidad remota. Solamente se da unas tres o cuatro veces al año, para toda la Tierra. Para grandes meteoros, cuya masa original al traspasar la atmósfera sea de 50.000 toneladas o más, pueden llegar a impactar sobre la superficie de nuestro mundo fragmentos considerables, cuyo peso podría llegar a ser de varias toneladas.

Es necesario aclarar, que esto es un suceso rarísimo, que sólo se da, en promedio, una vez cada treinta años para toda la Tierra.

Se ha constatado la presencia de grandes cuerpos procedentes del espacio, y cuya masa resultó ser muy superior a las ya citadas, que han producido grandes hoyos y aún verdaderos cráteres.


Famoso por cierto es el "Cráter Meteórico de Arizona", que presenta 1.250 metros de diámetro y casi 200 metros de profundidad.

En Canadá existe uno aún mayor, de 3.300 metros de diámetro y más de 250 metros de profundidad.


En junio de 1908, se abatió sobre Siberia un cuerpo procedente del espacio y cuya masa se ha estimado en unas 40.000 toneladas, el que devastó un bosque en 100 kilómetros a la redonda.

Este meteoro estalló en la atmósfera; se trató del denominado "Evento Tunguska", también conocido como "Fenómeno Tunguska".

Lo salvaje de la región impidió en esa oportunidad una verdadera catástrofe, de proporciones fantásticas.

De todos modos, no se han registrado hasta el momento choques en zonas urbanas, y la posibilidad de que caigan cuerpos celestes sobre centros densamente poblados, por cierto es ínfima.

La salida del hombre al espacio, ha planteado el serio problema de los astrolitos, y si bien es cierto que hasta ahora no se han constatado choques con satélites tripulados, la posibilidad en este sentido ya no es tan mínima, sobre todo si se trata de naves de considerable tamaño.

Incluso los cosmonautas que en el futuro se establezcan de modo más o menos permanente en la Luna, deberán tomar las medidas necesarias para evitar el choque con uno de estos astros, que caen sobre la superficie de nuestro satélite natural, sin ser frenados por la presencia de ninguna atmósfera.




Fotografía del Cometa Halley tomada en 1910 desde el Observatorio Astronómico de Córdoba


Fotografía del Lago Bosumtwi en Ghana, de origen meteórico


Fotografía del cráter Wolfe Creek, Australia: Tiene un diámetro de 875 metros con una edad calculada de unos 300.000 años, y un borde elevado de unos 25 metros, que en su interior encierra una depresión que está 50 metros más abajo


Lagos Clearwater en el Escudo Canadiense, cerca de la Bahía de Hudson, en Nunavik (territorio en rojo en la primera figura abajo), Provincia de Quebec, Canadá: Estos curiosísimos lagos llenan depresiones circulares que son una pareja de cráteres de impacto, de 26 km y 36 km de diámetro respectivamente; ambos cráteres tienen la misma antigüedad, 290 ± 20 millones de años (Pérmico), y se cree que se formaron simultáneamente por impacto de dos cuerpos casi seguramente relacionados





Cráter Barringer también conocido como Meteor Mountain, fue provocado hace unos 50.000 años por el impacto del llamado meteorito Canyon Diablo: Esta formación se localiza a 55 kilómetros al este de la ciudad de Flagstaff, en el norte de Arizona, Estados Unidos, tiene un diámetro de algo más de un kilómetro, y casi 170 metros de profundidad (abajo, vista del impresionante cráter y fragmento recuperado del meteorito)



Agradecimiento y cierre:

Destacamos la invalorable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.

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