viernes, 14 de marzo de 2014

Los asteroides siguen rondando a nuestro planeta azul, y por sus dimensiones y sus trayectorias, algunos son potencialmente peligrosos para los humanos, y para los ecosistemas terrestres

El número de asteroides y de cometas de nuestro sistema solar es enorme, y si ellos no impactan sobre nuestro planeta con más frecuencia, se debe en parte a la inmensidad del universo, y a las grandes distancias existentes entre los diferentes cuerpos gaseosos y rocosos del Sistema Solar

Como muchos lectores saben, la distancia media que separa la Tierra de la Luna, es del orden de unos 384.000 kilómetros.

Sin embargo, el satélite natural no es el astro que más se acerca a nuestro planeta Tierra, sino que de vez en cuando, algunos asteroides (astros con aspecto de estrella, que es lo que su nombre significa), presentan aproximaciones realmente asombrosas, que razonablemente hacen prever o sospechar que en algún momento se pueda producir un impacto sobre nuestro mundo.

De hecho, hay cuatro asteroides bien conocidos de los astrónomos, Apolo, Adonis, Ícaro y Hermes, los cuatro del llamado tipo Apolo, y que en ciertas oportunidades se acercan peligrosamente a la Tierra, a menos de 354.000 kilómetros.


Recientemente, un planetoide conocido como 2014 DX110, se aproximó a unos 348.000 kilómetros, despertando el máximo interés tanto en la comunidad astronómica como en el gran público.


Se trata de un asteroide tipo Apolo, que son cuerpos cósmicos caracterizados por cruzar la órbita que nuestro mundo describe en torno al astro solar.

A la fecha han sido catalogados más de 5.000 planetoides de este tipo, detentando el mayor tamaño uno llamado Sisyphus, descubierto en 1972, un verdadero monstruo de 10 kilómetros de diámetro.


Actualmente se acepta en medios científicos, que el famoso bólido que el 15 de febrero de 2013 estalló sobre Rusia, en la zona de los montes Urales , y que por cierto tantos destrozos y vidrios rotos produjo, se originó precisamente a partir de un asteroide de este tipo.


También es ampliamente aceptada la idea que un asteroide superior al  tamaño del monte Éverest (se discute si fue de 11 kilómetros o si tal vez alcanzó los 16 kilómetros de diámetro), fue el que provocó la gran extinción del límite K/T que barrió a la fauna del mesozoico, entre ellos los notables dinosaurios.


De los 10.500 NEOS, de gran acercamiento a la Tierra, una cifra ínfima, solamente un 10%, ha sido objeto de alguna medición física.

Los PHAs (Potentially Hazardous Asteroid o Asteroide Potencialmente Peligroso) son los que presentan los trayectos más próximos a nuestro mundo, siendo bastante voluminosos y compactos como para atravesar la atmósfera terrestre, y por tanto pudiendo causar desastres a escala local, o eventualmente mayores.


Los  objetos celestes capaces de un gran acercamiento a la Tierra, constituyen cuerpos de naturaleza asteroidal o cometaria, que durante algún tiempo tuvieron órbitas estables en el cinturón principal (ubicado entre Marte y Júpiter). Pero que en algún momento, tal vez por una colisión cósmica o una perturbación gravitatoria, se proyectaron fuera de sus trayectos normales, con resultados por cierto difíciles de predecir.

De los 25.000 planetoides capaces de acercarse en dirección al planeta azul que habitamos, un 25% tiene entre 15 y 30 metros de diámetro, que en caso de impacto no nos causarían grandes problemas. Pero cuidado, también se ha constatado la existencia de algunos de más de un kilómetro de diámetro.

Obviamente no deben exagerarse los peligros. Se estima que aproximadamente cada cien años, se produce la caída de un asteroide de roca o hierro mayor de 50 m de diámetro, lo que puede producir catástrofes locales y maremotos. Y se cree que cada algunos cientos de miles de años, un asteroide de más de un kilómetro alcanza nuestro mundo causando catástrofes globales. Pero véase abajo una ilustración que muestra las trayectorias orbitales en reversa de los 1400 Asteroides Potencialmente Peligrosos (PHAs) conocidos a principios de 2013, y que son considerados problemáticos debido a su tamaño (al menos 140 metros de diámetro), y porque siguen órbitas cercanas a la órbita terrestre (acercamiento de 7.5 millones de kilómetros o menos).


La capacidad para descubrir planetoides más pequeños, ha determinado un aumento de la identificación de tales astros, y en consecuencia, un incremento en la difusión al gran público a través de los medios. Y claro está, la gente se interesa y se inquieta por estos acercamientos.

El que nos visitó recientemente, tiene un diámetro de unos treinta metros y viaja a la fantástica velocidad de 15 kilómetros por segundo. Y no es la primera vez que nos visita esta roca. El 2014 DX110 fue descubierto por el Centro de Planetas Menores de Boston, gracias al observatorio Pan-Starrs 1, pero apenas unos días antes del acercamiento, habiéndose podido determinar que ya nos había visitado en 1982 y en 1998, produciéndose entonces su máximo acercamiento el 22 de marzo de 1982 y el 17 de marzo de 1998 respectivamente; en esa oportunidad ningún humano se percató de su presencia.

Ahora, los últimos cálculos indican que volverá en marzo de 2046, cuando según algunos, presentará un acercamiento realmente inquietante.

En las redes sociales, abundan los comentarios de quienes están deseando comprobar sus efectos y las consecuencias del pasaje de este planetoide, que se acercó más que la Luna el pasado miércoles 5 de marzo de 2014.


Lo cierto es que los astrónomos lo siguen de cerca. Todavía queda tiempo de sobra para que regrese, pero aunque no se crea, ya hay quienes están preparando su búnker previendo una posible catástrofe.

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