miércoles, 28 de septiembre de 2011

Planeta en peligro, si objetos celestes de grandes dimensiones han chocado en tiempos pasados contra nuestro mundo, debemos pensar que el suceso puede reiterarse: Exijamos a los niveles que correspondan planes de contingencia razonables y realizables




AVANZADA DE NUESTROS OBSERVADORES-ESPÍA





CENTROS DE ALERTA EN TIERRA







LA ATMÓSFERA TERRESTRE: UN MUY EFECTIVO ESCUDO PROTECTOR PARA MUNICIONES DE BAJO CALIBRE



SONDAS-ESPÍA DE GRAN ACERCAMIENTO



LAS ARMAS DEL ENEMIGO










RASTROS DE IMPACTOS DE LA ARTILLERÍA ENEMIGA SOBRE NUESTRO MUNDO






EFECTOS COLATERALES DE FUEGO ENEMIGO




TRAYECTORIAS DE LAS MUNICIONES ENEMIGAS MÁS PELIGROSAS PARA NUESTRO MUNDO (EL GRUPO APOLO-AMOR-ATEN)



En las figuras (arriba) se muestran órbitas típicas de los asteroides de los tipos Amor, Apollo (Apolo), y Aten (Atón), junto a la órbita de nuestro mundo "Tierra". Aunque la probabilidad de impacto en suelo terrestre es mucho mayor para los objetos Apollo, en teoría, los tres tipos señalados de objetos pueden llegar a impactar con nuestro planeta. En promedio, cada 1.400 años se produce un cráter de impacto de 1 km en nuestro suelo; y un cráter de 10 km cada 100.000 años; y uno de 100 km cada 14 millones de años; y un cráter de más de 200 km cada 30 millones de años. En estos dos últimos casos, el desastre sería global para todo el planeta, y bien podría significar el fin de nuestra civilización y de nuestra especie. Un impacto similar causó la gran extinción de especies de hace 65 millones de años. ¡En definitiva, toda una lotería sobre nuestras cabezas! No es para desesperar, pero sí para tomar esta cuestión en serio, y tranquilos preparar buenos planes de contingencia.

RECREACIONES ARTÍSTICAS DE SITUACIONES POTENCIALMENTE PELIGROSAS





LOS OBJETOS QUE MÁS NOS DEBERÍAN PREOCUPAR

Existe un grupo heterogéneo de pequeños asteroides conocidos como objetos Aten-Apollo-Amor (A.A.A.), aunque también son denominados Earth-Grazers (EGA) y Earth-Crossers (ECA), es decir, rozadores y cruzadores de la Tierra.

En los últimos tiempos a estos objetos se les denomina también NEO, o sea Near Earth Objects, aunque esta denominación es más amplia pues engloba a cualquier objeto celeste que se aproxime a nuestro planeta.

Como referencia, observar a la izquierda la imagen del asteroide (4179) Tutatis, que es un objeto potencialmente peligroso, pues de nosotros ha pasado a una distancia de 2,3 veces la distancia a la Luna.

Como los nombres recién referidos indican (EGA, ECA, NEO), esos cuerpos pueden llegar a acercarse mucho a la Tierra, y se supone que, junto con los cometas, son los responsables de los impactos meteoríticos acontecidos en la Tierra y en la Luna en los últimos miles de millones de años.

Así pues, pese a que algunos suelen poseer diámetros insignificantes en comparación con otros asteroides (muchos parecen relacionados con los meteoritos, como por ejemplo el asteroide 1685 Toro), adquieren una importancia casi vital para nosotros, por los riesgos asociados de impacto y destrucción.


El una vez considerado desaparecido asteroide Hermes, el 30 de octubre de 1937, se acercó a tan sólo 0,005 UA (750.000 km) de la Tierra, y el 1994 XM1 el 9 de diciembre de 1994 pasó a únicamente 105.000 km de nuestro mundo.


El 10 de abril de 1972, un meteorito de unas 1.000 toneladas cruzó el estado de Montana a una altura de unos 60 km, rebotando en la atmósfera y perdiéndose en el espacio. Ver imagen arriba del gran bólido con órbita rasante de 1972, tomada desde Wyoming (EEUU), concretamente desde el Lago Jackson (Jackson Lakes) cercano a las montañas Telon (Telon Mountains).

De haber poseído un ángulo de incidencia algo mayor, ese objeto bien podría haber chocado en el estado de Alberta en Canadá, y producir, según W.K. Hartmann, un cráter de unos 100 km de diámetro, lo que hubiera devastado todo en un diámetro de unos 1.500 km (mayor que la superficie de España y Francia juntas), dejando sentir sus efectos en todo el mundo tal vez durante años (siendo muy optimistas en estas estimaciones).


Los A.A.A. suelen dividirse en Earth-Crossers, que comprenden aproximadamente el 5% del total de asteroides conocidos, y en Mars-Crossers, estimándose que su número hasta la magnitud 18 debe ser de unos 20.000 (diámetros entre 0,9 y 1,7 km), los cuales pueden acercarse en ocasiones a la Tierra. De hecho, cada autor suele denominarlos un poco a su aire, pero por sus características orbitales pueden clasificarse en tres grupos:

AMOR.- Asteroides que normalmente pueden estar a menos de 1,3 UA del Sol, pero que no llegan a pasar por el interior de la órbita de la Tierra, la cuál está entre 0,983 y 1,017 UA del Sol.

APOLLO.- Asteroides como los anteriores pero que pueden interseccionar la órbita de la Tierra (1 UA). Son los potencialmente más peligrosos.

ATEN.- Asteroides con semieje mayor inferior a 1 UA, es decir, que ocasionalmente pueden cruzar la órbita de la Tierra pero generalmente están más cerca del Sol que ésta.


Los tres tipos, aunque pueden acercarse a la Tierra, discurren dentro de la órbita de Marte y hay quien piensa que algunos podrían ser planetésimos que no se agregaron durante la formación de este planeta, aunque parece poco probable que puedan ser tan viejos ya que o bien ya deberían haber chocado con los planetas y la Luna, o bien ya deberían haber sido arrojados fuera del sistema solar.

En la actualidad se conoce un buen número de Earth-Crossing, comprendiendo casi la mitad de los de tipo Amor catalogados, así como prácticamente todos los de tipo Apollo y Aten.

Existe el programa NEO, en el que participan activamente astrónomos aficionados, con la finalidad de prácticamente descubrir todos los mayores (los más peligrosos para nosotros) en el plazo de unos 10 años, por lo que anualmente se descubre un número considerable de ellos.


Se estima que hasta la magnitud 18 deben existir unos 1.300 Earth-Crossers, y cada millón de años, tres ó cuatro de estos cuerpos colisionan con la Tierra, en tanto que un número similar lo hace con Venus, Mercurio, Marte, y la Luna.

Aproximadamente la mitad de estos objetos que se acercan mucho a los citados planetas, sin llegar a colisionar, son arrojados gravitacionalmente fuera del sistema solar. Así, según G. Wetherill, la vida típica de los A.A.A. es de unas decenas de millones de años, aunque puede esperarse que algunos sobrevivan durante centenares o incluso miles de millones de años.

A escala geológica, la mayoría de los EGA no pueden ocupar sus órbitas actuales durante mucho tiempo. Sin embargo, a partir del análisis de los cráteres de impacto en la Tierra, se deduce que su población se halla aproximadamente en equilibrio.

Esto presupone que, durante los últimos 500 millones de años, el número de asteroides que han sido arrojados fuera de sus órbitas o han chocado con los planetas, ha sido equilibrado por los provenientes de otras regiones del sistema solar.

Los unos son mandados por Marte con ocasión de aproximaciones de EGA con dicho planeta. Otro porcentaje muy importante proviene de fragmentos originados por colisiones entre asteroides del cinturón principal, y que son arrojados de sus nuevas órbitas por las fuertes perturbaciones de resonancia (cuando sus períodos orbitales son múltiplos o fracciones del período de Júpiter). Finalmente, un número no despreciable puede deberse a cometas confinados a órbitas más cortas, debido a las perturbaciones causadas por Júpiter.

El Dr. José María Madiedo Gil (foto derecha) es Profesor Titular de la Universidad de Huelva (España), y un experto en meteoritos. Su actividad investigadora se centra fundamentalmente en el estudio de los meteoroides y de los objetos del Sistema Solar de los que proceden estos fragmentos de materia interplanetaria. Ha sido pionero en España en el desarrollo e implantación de sistemas automáticos para la detección de meteoros mediante cámaras CCD de vídeo de alta sensibilidad, y pertenece a la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos. Así que como se comprende, muchos son los científicos e investigadores con interés en esta temática, y es a ellos que debemos pedir consejo y ayuda para elaborar buenos planes de defensa contra estos peligros.

En los tiempos recientes tenemos el ejemplo del cometa Encke; si estos cometas están constituidos por una amalgama de hielo y roca, al menos en su núcleo, con el tiempo los gases congelados se irán sublimando, y las rocas restantes pueden proporcionar un buen número de nuevos EGA.

En promedio cada año se descubren tres pequeños cometas con trayectorias que se acercan a una Unidad astronómica (UA) del Sol (en los últimos tiempos, al haberse incrementado los medios para su detección, bastantes más). El 95% de ellos poseen períodos orbitales inferiores a los 20 años, calculándose que un tercio de los cráteres de impacto recientes en la Tierra con diámetros de hasta 10 km son debidos a cometas.

Y en el siglo XX hemos tenido muestras palpables de impactos procedentes del espacio, como son los casos de Tunguska en 1908, y Sikhote-Alin en 1947, así como el impacto del cometa Shoemaker-Levy 9 en Júpiter.











NO SEAMOS ALARMISTAS POR DEMÁS, PERO TAMPOCO ADOPTEMOS UNA POSTURA DE INCONSCIENTE DESPREOCUPACIÓN: EXIJAMOS A LOS GRANDES CENTROS DE PODER DEL MUNDO QUE ELABOREN PLANES REALISTAS DE CONTINGENCIA, PUES ALGO COMO LO QUE ILUSTRAN LAS IMÁGENES ABAJO BIEN PODRÍA ACONTECER EN UN FUTURO PRÓXIMO










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