viernes, 2 de septiembre de 2011

Acontecimientos y fenómenos que se observan en las cercanías de nuestro planeta azul: Meteoroides y Meteoritos, Uranolitos, Luces zodiacales, Enjambres, todas manifestaciones que siempre han despertado la curiosidad de los humanos

METEOROS

En la presente sección nos referiremos a los meteoros.

Ellos son cuerpos poliedros, irregulares, que gravitan en torno al Sol, y que al ser atraídos por la gravedad de nuestro planeta, atraviesan su atmósfera a grandes velocidades.

Obviamente, su fricción con las moléculas del aire los torna incandescentes. Si se trata de un trozo que no tenga un tamaño ni una masa considerable, en este proceso se volatiliza, dejando una estela luminosa, visible a simple vista, la cual es denominada "estrella fugaz".

En tiempos antiguos, las personas estaban convencidas que eran "estrellas que caían", y de allí la denominación equívoca que se les aplica.

Sucede que en épocas determinadas, en el camino de la Tierra alrededor del Sol, ésta atraviesa enormes aglomeraciones de tales partículas o trozos. Entonces, si la noche es transparente y sin Luna, podemos asistir a esos despliegues de puntos luminosos que parecen surgir de determinadas regiones del Cielo. A este fenómeno se le suele llamar "lluvia de estrellas".

El punto del Cielo de donde parecen provenir se denomina "punto radiante". Y hasta tiempos recientes, sólo se conocían los puntos radiantes observables durante la noche.

Pero desde 1947, con la aplicación de la técnica del radar, se han descubierto puntos radiantes copiosísimos de "estrellas fugaces" que cruzan el cielo en pleno día, siendo por evidentes motivos, totalmente invisibles a la visión humana.

Estas lluvias de "Meteoros" toman el nombre de la constelación en la que se proyecta el punto radiante. Por ejemplo, la lluvia que parece proceder de la Constelación de Leo, recibe el nombre de "Leónida". Y la del Dragón, "Dracónida". Y la de Perseo, "Perseida", etcétera.

Algunas de estas "lluvias meteóricas" aparecen todos los años, con una similar intensidad, como las Perseidas a mediados de agosto.

Los meteoros se perciben en alturas que oscilan entre los 60 y 130 kilómetros, desapareciendo entre los 40 y los 80 kilómetros. De esto se deduce que pertenecen al Sistema Solar, aunque por cierto, alguno podría provenir del espacio interestelar.

La palabra "meteoro" procede del griego (más allá, alto, es decir, algo en lo alto). Hasta la mitad del siglo XVIII, se pensaba que las "estrellas fugaces" eran alguna clase de fenómeno del tiempo, y de allí su nombre.

En rigor, la denominación correcta debería ser la siguiente: « Cuando está en órbita elíptica en torno al Sol es un "Meteoroide"; cuando está penetrando la atmósfera terrestre es un "Meteoro"; y una vez que la atravesó y llegó a incrustarse en la superficie terrestre, entonces es un "Meteorito". »

Como se ha dicho, si un meteoro no es totalmente desintegrado por la atmósfera, caerá parte de él a la superficie terrestre. En esos casos, hay interés en recoger esos trozos, para llevarlos al laboratorio para su análisis químico.

Generalmente, esos cuerpos son clasificados como:
* Aerolitos, cuando son de naturaleza pétrea;
* Sideritos, cuando están compuestos de hierro y níquel;
* Siderolitos, cuando son mezcla de silicatos y ferro níquel en igual proporción.

Los meteoros pueden ser observados en una frecuencia de seis por hora.

El "meteorito" de mayor tamaño conocido hasta ahora, es el que se guarda en el Museo de Historia Natural de Londres. Su peso se estima en 60 toneladas.

Otro meteorito de gran tamaño, se guarda en el Planetario de Hayden, de New York, y pesa 34 toneladas, habiendo sido encontrado en Groenlandia.

Otro titán, es el uranolito encontrado en el desierto de Gobi, en Mongolia, de 3 metros y medio de diámetro, y que pesa más de 30 toneladas.

Famoso también es el uranolito del Cañón del Diablo, que posee la particularidad de contener pequeños diamantes, o sea carbono cristalizado.

Los bólidos son meteoros muy brillantes, que atraviesan la atmósfera a grandes velocidades. Algunos suelen estallar en el aire, originando una "lluvia de piedras", en cuyo caso son denominados "bólidos detonantes".

ESTELAS VOLANTES

Las mal llamadas "estrellas fugaces" son simples corpúsculos de materia cósmica, "astrolitos" es decir "piedras de los astros", que penetran rápidamente en las capas atmosféricas. El rozamiento con las moléculas del aire los vuelve incandescentes, y muchas veces los volatiliza.

Cuando eso no pasa, es decir, cuando por su mayor tamaño y masa, algún trozo llega a caer a la superficie del Globo, se les llama "uranolitos", o sea "Piedras del Cielo.

Todos son en realidad, pequeñísimas partículas dotadas de grandes velocidades propias, que al atravesar la atmósfera se incineran, dejando tras de sí ese "rastro luminoso".

Por ello, en los medios astronómicos se les prefiere llamar "estelas volantes", o también "exhalaciones", para evitar el equívoco de pensar que, de un modo u otro, están vinculadas con las estrellas, cuando en realidad, nada tienen que ver con los verdaderos "astros fulgentes".

Generalmente, la incandescencia comienza a los 120 kilómetros de altura y aproximadamente culmina a los 80 kilómetros sobre la superficie del planeta.

Con relación al Sol, la velocidad de estos corpúsculos es de unos 40 kilómetros por segundo. Con relación a la Tierra, su velocidad propia se compone con la del planeta, y entonces varía entre 10 y 70 kilómetros por segundo.

FRECUENCIA

Por lo general, las "estelas volantes" son más frecuentes luego de la medianoche, pero se incrementan aún más en las últimas horas de la noche, antes del amanecer.

El motivo es que en esos momentos, el observador se encuentra en la parte anterior del "proyectil terrestre", que es nuestro planeta, y entonces recoge al mismo tiempo, las estelas volantes que vienen hacia él, y las que "huyen" en el mismo sentido que la Tierra con menor velocidad.

Algo similar sucede con un viajero, que situado en una locomotora abierta, recibe mayor cantidad de "polvillo" atmosférico, que el que va ubicado en la plataforma posterior del último vagón.

ESTELAS ESPORÁDICAS Y ENJAMBRES

Lo frecuente y normal, es apreciar las "exhalaciones" que aparecen en cualquier punto del cielo, aisladamente, sin orden ni concierto. Estas son las "estelas fugaces esporádicas".

Pero a veces, se hacen visibles en una noche o durante varias noches consecutivas, y así podemos asistir a estos despliegues de puntos luminosos, que parecen surgir de un determinado punto del espacio, el "radiante".

La Tierra atraviesa entonces un "enjambre de corpúsculos". Este fenómeno, de extraordinaria belleza, está sujeto a retornos periódicos.

Hoy día se conocen más de 3.000 puntos radiantes. Como ya se dijo, los más famosos llevan el nombre de la constelación donde están situados. Son notables y se destacan las Liríadas, las Oriónidas, las Táuridas, las Perseidas, las Leónidas, las Andromédidas, las Gemínidas, entre otras.

Algunas de estas "lluvias estelares" presentan una extraña pluralidad de puntos radiantes, totalmente inexplicable.

EXPLICACIÓN DE LAS LLUVIAS DE METEOROS

El astrónomo italiano Giovanni Schiapparelli, descubrió en 1865 un hecho de importancia trascendental.

Las "estelas volantes" que surcan el firmamento en las vecindades del 10 de agosto de cada año, estarían situadas en los lugares del espacio surcados por la órbita del cometa Tuttle de 1862.

Se estableció desde entonces, una vinculación efectiva entre los astrolitos y los cometas, ligados por un parentesco cinemático y físico bien notable.

Así, las Leónidas estarían vinculadas al cometa de Tempel. Otras de Mayo, al cometa de Halley. Las del 27 de noviembre, las Andromédidas, al cometa de Biela, cometa que como sabemos se partió en dos, y luego se disgregó completamente.

Esto explicaría el destino de estos astros efímeros. Las perturbaciones los dislocan. Entonces, los fragmentos se separan y quedan distribuídos en la órbita. Cuando la Tierra viene cada año gravitando en torno al Sol, en las mismas fechas, se encuentra con el "enjambre errante" y se producen las "lluvias estelares" que hemos señalado.

URANOLITOS

A veces los "astrolitos", a pesar de la combustión rápida que experimentan en las capas atmosféricas, y especialmente en la "estratósfera", llegan a caer en forma de "proyectiles cósmicos", y suministran así un medio directo para investigar la naturaleza de estos residuos celestes.

Son los uranolios, a menudo de grandes dimensiones, que siembran el pánico cuando llegan con estrépito sobre la superficie del planeta.

Estos cuerpos están compuestos principalmente por hierro, níquel, cobalto, sílice, o materiales mezclados, es decir, por substancias existentes todas en la Tierra.

Su masa pesa generalmente varios kilogramos. Pero existen también algunos uranolitos prehistóricos, de 3 metros de diámetro y 15 toneladas de peso.

Estos uranolitos son ya verdaderos asteroides, que describen órbitas elípticas en torno al Sol.

La identidad de los "astrolitos" y de los "cometas", también ha sido demostrada en los laboratorios. Efectivamente, si se calienta restos de "uranolitos" en un tubo experimental, se obtiene una luminiscencia, con un "espectro" idéntico al de los cometas.

LUZ ZODIACAL

La "Luz zodiacal" es uno de los más bellos fenómenos celestes. Aparece como un resplandor luminoso y muy tenue, de forma "elíptica o lenticular" que se aprecia al Oriente en las madrugadas de otoño, y al Occidente en los anocheceres de primavera, muy especialmente, en las noches muy oscuras y sin Luna.

La dirección del semi-eje mayor coincide con la Eclíptica, La del semi-eje menor con el horizonte. La figura queda comprendida aproximadamente dentro del Zodíaco, y de allí el nombre de "Luz zodiacal".

El sublime espectáculo es fácilmente observable en el mar o en el campo, lejos de las ciudades, ya que el resplandor que éstas irradian, no permite una visibilidad perfecta en el horizonte.

El esplendor es máximo en la zona intertropical, a causa de la posición netamente favorable de la Eclíptica.

Desde nuestras latitudes en Montevideo (Uruguay), es apreciable como un huso luminoso de unos 70 grados de largo por 30 grados de ancho. A su través, se distinguen perfectamente las estrellas.

TEORÍAS

El análisis espectral demuestra que es idéntico al del Sol, lo cual es interpretado como que el fenómeno es producido por partículas de "origen meteorítico" interpuestas entre nosotros y el "astro rey", y cuya luz reflejan y dispersan.

La opinión más generalizada, tiende a creer que se trata de la prolongación de la atmósfera del Sol, casi hasta la órbita de la Tierra, y aún más allá, como último vestigio de la Corona Solar.

Sin embargo, sobre la naturaleza exacta de los materiales que la constituyen, poco se sabe todavía de cierto, de modo que el espectacular fenómeno, sigue siendo otro de los tantos enigmas del Sistema Solar.

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