sábado, 9 de abril de 2011

La fuerza destructiva de los volcanes en Chile y en el mundo: Devastación y resignación por la actividad de los volcanes, y oportunidades y riquezas

VOLCÁN KILAUEA, HAWÁI, agosto 2010




EL VULCANISMO Y LOS VOLCANES


Ante las recientes e impresionantes emisiones de los volcanes chilenos, en el extremo austral de la América Meridional, lo que por cierto mucho atrajo la atención y la preocupación de quienes vivimos en esta zona del mundo, consideramos conveniente y oportuno plantear algunos comentarios explicativos acerca de estas convulsiones de la naturaleza.

Entre los fenómenos de origen interno, capaces de modificar la superficie terrestre, se encuentra la actividad volcánica. Científicamente, se entiende por fenómenos volcánicos todos aquellos vinculados con el proceso de subida del magma, es decir, de la materia fluida ígnea contenida en el interior de la corteza terrestre.

Los volcanes, además de su opulenta belleza y la majestad que imprimen, ofrecen mucho interés geomorfológico, y gran valor desde el punto de vista económico.


El ser humano les teme, pretende predecir sus erupciones, pero también admite cada vez más, que ellos constituyen una fuente de suelos fértiles y riquezas.

En efecto, si bien las erupciones volcánicas pueden significar destrucción, constituyen también valiosas fuentes de energía, de suelos fértiles, de materiales útiles, de elementos cada vez más intensamente explotados.


Los volcanes son las formas ígneas exteriores. Generalmente es una montaña, que de vez en cuando arroja lava, fuego, humo, y vapores, por una abertura denominada cráter.

Pero pueden ser mucho más que eso. El volcán es ante todo, una comunicación, una grieta, un orificio, por donde los materiales ígneos del interior son conducidos a la superficie.


De acuerdo a la forma como se lleva a cabo la emisión del magma, pueden presentar diversos aspectos: (1) Volcanes cono, que son de emisión central; y por otra parte (2) Volcanes grietas y mantos, de emisión por fisuras.







El volcán cono es la forma más común. Presenta un cono volcánico, que en su cumbre generalmente tiene un cráter, que a modo de embudo se continúa por una chimenea, la cual ocupa casi siempre el eje del cono. Como por esa chimenea ascieden los materiales ígneos, se le llama volcán cono de tipo central.


La chimenea, a cierta profundidad, puede dividirse y comunicarse con el exterior por medio de cráteres laterales, sin que desaparezca el terminal, o por obstrucción del mismo. Un ejemplo claro de este tipo es el Etna, en Sicilia, que se caracteriza por el gran número de tan curiosos cráteres secundarios.






Algunos volcanes presentan enormes cavidades casi circulares, de paredes abruptas hacia el interior, que se llaman caldeiras, nombre típico que se les da en las Islas Azores. En realidad, esas cavidades no son propiamente cráteres en relación con la chimenea, sino depresiones más profundas y extensas cuyo origen preciso aún hoy día se discute. Parece que obedecen a hundimientos, como el caso de los volcanes Krakatoa y Crater Lake.









Los volcanes conos, se han formado y siguen formándose, por acumulación de materiales eruptivos alrededor del orificio de salida, emitidos en sucesivas erupciones.

Ejemplos notables de conos surgidos en breve plazo, se encuentran en territorio mexicano, como por ejemplo el Jorullo en 1759, y más cercano en el tiempo el Paricutín. Este último precisamente nació en 1943 y se aquietó en 1952. Su vida efímera fue muy útil a la ciencia, pues constituyó un verdadero laboratorio, donde el hombre aprendió cómo nace y crece un cono volcánico, que en un inicio se elevaba unos 50 metros por día.



El aspecto y las características de los conos y sus cráteres, depende ciertamente de los materiales presentes y de las formas de erupción volcánica.


Pueden ser conos erguidos con un pequeño cráter terminal, como el Momotombo nicaraguense, o bajos y de gran base, con un amplio cráter, como los de Hawái.

Pueden estar formados por cenizas o por lavas exclusivamente, o por capas alternadas de unos y otros materiales, en forma de estratos, del que es típico ejemplo el Vesubio.


Los volcanes grietas o volcanes fisurales realizan sus emisiones por grietas o fisuras, en las que pueden existir pequeños conos. No son frecuentes, pero existen ejemplos, como los típicos de Islandia (la famosa Grieta Laki de 35 kilómetros), en Hawái el majestuoso Mauna Loa, y en Nueva Zelanda el curiosísimo volcán Tarawera. En los casos señalados, es característico que sus múltiples cráteres actúen simultáneamente.




Los volcanes manto también son originados por fisuras. Se distinguen de los anteriores por la extensión de sus grietas, abiertas en épocas de grandes dislocaciones de la corteza, así como por las inmensas cantidades emitidas de lava, que llega a cubrir considerables extensiones en diversos continentes.

Continuaremos con más apreciaciones y comentarios sobre estos tópicos en próximas entregas.






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