sábado, 9 de abril de 2011

Manifestación volcánica externa: Composición de las lavas y de los gases, y violencia de las erupciones / Hermosas imágenes acompañan este artículo





MATERIAS EXPLOSIVAS Y VOLCÁNICAS


Continuando con nuestra presentación y nuestros comentarios acerca de los volcanes y sus fenómenos asociados, nos referiremos aquí a los materiales emitidos por dichas erupciones.

Los materiales gaseosos, anuncian y acompañan mientras duran, todas las erupciones volcánicas.


Son gases procedentes del magma, y su fuerza expansiva es la que impulsa a esta materia al exterior, da movilidad a la lava, e incluso es capaz de transportar trozos de materiales sólidos.


El vapor de agua es el principal gas emitido, constituyendo del 60% al 90% del total. Obviamente esto ocasiona nubes y copiosas lluvias en las proximidades del lugar de la erupción, en muchos casos acompañadas de fuertes tormentas eléctricas.

Pero junto con el vapor de agua también hay otros gases, como el gas carbónico, el nitrógeno, los gases sulfurosos, y sobre todo, metano e hidrógeno. Justamente estos últimos dos gases, que son muy inflamables, forman las llamaradas de vivos resplandores que acompañan las explosiones volcánicas.


Entre las substancias fundidas, la lava es el típico material. Llega al exterior a muy altas temperaturas, fundida, para solidificarse luego más o menos lentamente, según su composición, su temperatura, y según la cantidad de gases que contenga.

Se conocen diferentes tipos de lavas, dependiendo de su contenido.

Las lavas ácidas, con mucha sílice, son livianas, y pierden los gases con violencia explosiva. Además se solidifican bastante rápidamente, formando gruesas lenguas de aspecto rugoso.

Las lavas básicas, con poca sílice, son pesadas. Los gases se desprenden de ellas sin dificultad. Se solidifican lentamente, por lo cual cubren grandes extensiones formando mantos. El basalto es el tipo más conocido.

Los materiales sólidos son arrastrados al exterior por los gases. Pueden ser ellos trozos de lava solidificada de anteriores erupciones, trozos de roca donde se asienta el volcán, o también fragmentos de magma solidificado mientras la erupción se proyecta en la atmósfera.





Entre éstos, los geólogos distinguen las bombas volcánicas, que son redondeadas o en forma de huso (fusiformes). Su tamaño varía entre un puño y varios metros cúbicos. Al solidificarse, pueden producirse en su superficie resquebrajaduras parecidas a la corteza de pan.

Por otro lado están los lapilos o lapilli, que son trozos pequeños sólidos pero muy pesados. Justamente, en esto se diferencian de los trozos de piedra pómez, que son similares en tamaño, pero que son siempre livianos.


Finalmente, están las arenas y cenizas, que son pequeñísimos trozos producidos por la pulverización de la lava, y capaces de alcanzar grandes alturas y distancias.



Por ejemplo, las arenas y cenizas producidas por el volcán Krakatoa, en Indonesia, en la gran erupción de fines del siglo XIX, superó los 20.000 metros de altura. Por su parte, erupciones de volcanes chilenos, produjeron cenizas que en cantidad abundante llegaron incluso hasta Uruguay, por ejemplo en 1932 procedentes del volcán Quizapú, hecho que aún es recordado por quienes vivían en esa época.


A principios de la década de los años 50 del pasado siglo XX, algunos memoriosos seguramente recordarán la llegada de una nueva oleada de cenizas a nuestra querida República Oriental del Uruguay, y en la actualidad, si verdaderamente se cumplieran los vaticinios de algunos especialistas (esto dependerá de la dirección de los vientos entre otros factores atmosféricos, y de la actividad volcánica trasandina), posiblemente puede que pronto se repita una tercera ola de cenizas procedentes de volcanes de dicha cadena montañosa.




Las cenizas, mezcladas con agua y endurecidas, constituyen la famosa "toba", a la cual se debe la conservación de las construcciones y de los objetos de las ciudades de Pompeya, Herculano, y Stabia (o Stabiae), que fueron sepultados en la grandiosa erupción vesubiana del año 79 DC.







Las mencionadas eran muy célebres ciudades de veraneo, ubicadas al pie del Vesubio, que en el citado año fueron cubiertas por una espesa capa de cenizas, producto de la terrible erupción del volcán descrita con gran precisión por el Tribuno de la plebe y Cónsul Plinio el Joven.




Durante casi dos mil años las ciudades enterradas recién citadas quedaron en el olvido, hasta que en el transcurso del siglo XVIII, durante el gobierno de los Borbones en el Reino de Nápoles, se logró ubicar una entrada, que fue el primer indicio para la posterior identificación y exploración de las mismas.

En la actualidad, y luego de costosas excavaciones, se ha logrado desenterrarlas, y se puede pasear por sus calles pavimentadas con losas de piedra, admirar sus magníficas construcciones, y sus villas con suntuosos palacios de paredes decoradas con pinturas al fresco.

Todo este conjunto de valiosos testimonios de la vida en la época imperial, se ha conservado en forma excepcional, debido a la protección proporcionada por las materias allí depositadas, fruto de aquella desvastadora erupción del Vesubio, fenómeno que por cierto nos recuerda lo peligrosas que pueden ser ciertas formas de actividad volcánica.


Agradecimiento y cierre:

Destacamos la invalorable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.

Carta que Plinio el Joven (conocido también como Cayo Plinio Cecilio Segundo) escribe a Cornelio Tacito en relación a la muerte del tío del primero, extraída del "Epistolario" del citado

C. PLINIVS, TACITO SVO S.

Petis ut tibi auunculi mei exitum scribam, quo uerius tradere posteris possis. Gratias ago; nam uideo morti eius si.celebretur a te immortalem gloriam esse propositam.

Quamuis enim pulcherrimarum clade terrarum, ut populi ut urbes memorabili casu, quasi semper uicturus occiderit, quamuis ipse plurima opera et mansura condiderit, multum tamen perpetuitati eius scriptorum tuorum aeternitas addet.

Equidem beatos puto, quibus deorum munere datum est aut facere scribenda aut scribere legenda, beatissimos uero quibus utrumque. Horum in numero auunculus meus et suis libris et tuis erit. Quo libentius suscipio, deposco etiam quod iniungis.

Erat Miseni classemque imperio praesens regebat. Nonum kal. Septembres hora fere septima mater mea indicat ei adparere nubem inusitata et magnitudine et specie.

Vsus ille sole, mox frigida, gustauerat iacens studebatque; poscit soleas, ascendit locum ex quo maxime miraculum illud conspici poterat. Nubes incertum procul intuentibus ex quo monte (Vesuuium fuisse postea cognitum est) oriebatur, cuius similitudinem et formam non alia magis arbor quam pinus expresserit.

Nam longissimo uelut trunco elata in altum quibusdam ramis diffundebatur, credo quia recenti spiritu euecta, dein senescente eo destituta aut etiam pondere suo uicta in latitudinem uanescebat, candida interdum, interdum sordida et maculosa prout terram cineremue sustulerat.

Magnum propiusque noscendum ut eruditissimo uiro uisum. Iubet liburnicam aptari; mihi si uenire una uellem facit copiam; respondi studere me malle, et forte ipse quod scriberem dederat.

Egrediebatur domo; accipit codicillos Rectinae Tasci imminenti periculo exterritae (nam uilla eius subiacebat, nec ulla nisi nauibus fuga): ut se tanto discrimini eriperet orabat.

Vertit ille consilium et quod studioso animo incohauerat obit maximo. Deducit quadriremes, ascendit ipse non Rectinae modo sed multis (erat enim frequens amoenitas orae) laturus auxilium.

Properat illuc unde alii fugiunt, rectumque cursum recta gubernacula in periculum tenet adeo solutus metu, ut omnes illius mali motus omnes figuras ut deprenderat oculis dictaret enotaretque.

Iam nauibus cinis incidebat, quo propius accederent, calidior et densior; iam pumices etiam nigrique et ambusti et fracti igne lapides; iam uadum subitum ruinaque montis litora obstantia. Cunctatus paulum an retro flecteret, mox gubernatori ut ita faceret monenti 'Fortes' inquit 'fortuna iuuat: Pomponianum pete.'

Stabiis erat diremptus sinu medio (nam sensim circumactis curuatisque litoribus mare infunditur); ibi quamquam nondum periculo adpropinquante, conspicuo tamen et cum cresceret proximo, sarcinas contulerat in naues, certus fugae si contrarius uentus resedisset. Quo tunc auunculus meus secundissimo inuectus, complectitur trepidantem consolatur hortatur, utque timorem eius sua securitate leniret, deferri in balineum iubet; lotus accubat, cenat, aut hilaris aut (quod aeque magnum) similis hilari.

Interim e Vesuuio monte pluribus locis latissimae flammae altaque incendia relucebant, quorum fulgor et claritas tenebris noctis excitabatur. Ille agrestium trepidatione ignes relictos desertasque uillas per solitudinem ardere in remedium formidinis dictitabat. Tum se quieti dedit et quieuit uerissimo quidem somno; nam meatus animae, qui illi propter amplitudinem corporis grauior et sonantior erat, ab iis qui limini obuersabantur audiebatur.

Sed area ex qua diaeta adibatur ita iam cinere mixtisque pumicibus oppleta surrexerat, ut si longior in cubiculo mora, exitus negaretur. Excitatus procedit, seque Pomponiano ceterisque qui peruigilauerant reddit.

In commune consultant, intra tecta subsistant an in aperto uagentur. Nam crebris uastisque tremoribus tecta nutabant, et quasi emota sedibus suis nunc huc nunc illuc abire aut referri uidebantur.

Sub dio rursus quamquam leuium exesorumque pumicum casus metuebatur, quod tamen periculorum collatio elegit; et apud illum quidem ratio rationem, apud alios timorem timor uicit. Ceruicalia capitibus imposita linteis constringunt; id munimentum aduersus incidentia fuit.

Iam dies alibi, illic nox omnibus noctibus nigrior densiorque; quam tamen faces multae uariaque lumina soluebant. Placuit egredi in litus, et ex proximo adspicere, ecquid iam mare admitteret; quod adhuc uastum et aduersum permanebat.

Ibi super abiectum linteum recubans semel atque iterum frigidam aquam poposcit hausitque. Deinde flammae flammarumque praenuntius odor sulpuris alios in fugam uertunt, excitant illum.

Innitens seruolis duobus adsurrexit et statim concidit, ut ego colligo, crassiore caligine spiritu obstructo, clausoque stomacho qui illi natura inualidus et angustus et frequenter aestuans erat.

Vbi dies redditus (is ab eo quem nouissime uiderat tertius), corpus inuentum integrum inlaesum opertumque ut fuerat indutus: habitus corporis quiescenti quam defuncto similior.

Interim Miseni ego et mater sed nihil ad historiam, nec tu aliud quam de exitu eius scire uoluisti. Finem ergo faciam.

Vnum adiciam, omnia me quibus interfueram quaeque statim, cum maxime uera memorantur, audieram, persecutum. Tu potissima excerpes; aliud est enim epistulam aliud historiam, aliud amico aliud omnibus scribere. Vale.


Traducción

Pides que te escriba la muerte de mi tío para poder transmitirla a la posteridad con más veracidad. Te doy las gracias, pues veo que a su muerte, si es celebrada por ti, se le ha planteado una gloria inmortal.

En efecto, aunque murió en la destrucción de unas hermosísimas tierras, destinado en cierto modo a vivir siempre, como corresponde a los pueblos y ciudades de memorable suerte, aunque él mismo redactó obras numerosas y duraderas, sin embargo la inmortalidad de tus escritos incrementará mucho su permanencia.

En verdad considero dichosos a quienes les ha sido dado por obsequio de los dioses o hacer cosas dignas de ser escritas o escribir cosas dignas de ser leídas, pero considero los más dichosos a quienes se les ha dado ambas cosas. En el número de éstos estará mi tío, tanto por sus libros como por los tuyos. Por eso con mucho gusto asumo, incluso reivindico, lo que propones.

Estaba en Miseno y presidía el mando de la flota. El día 24 de agosto en torno a las 13 horas mi madre le indica que se divisa una nube de un tamaño y una forma inusual..

Él, tras haber disfrutado del sol, y luego de un baño frío, había tomado un bocado tumbado y ahora trabajaba; pide las sandalias, sube a un lugar desde el que podía contemplar mejor aquel fenómeno. Una nube (no estaba claro de qué monte venía según se la veía de lejos; sólo luego se supo que había sido del Vesubio) estaba surgiendo. No se parecía por su forma a ningún otro árbol que no fuera un pino.

Pues extendiéndose de abajo arriba en forma de tronco, por decirlo así, de forma muy alargada, se dispersaba en algunas ramas, según creo, porque reavivada por un soplo reciente, al disminuir éste luego, se disipaba a todo lo ancho, abandonada o más bien vencida por su peso; unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza.

Le pareció que debía ser examinado en mayor medida y más cerca, como corresponde a un hombre muy erudito. Ordena que se prepare una libúrnica; me da la posibilidad de acompañarle, si quería; le respondí que yo prefería estudiar, y casualmente él mismo me había puesto algo para escribir.

Salía de casa; recibe un mensaje de Rectina, la esposa de Tasco, asustada por el amenazante peligro (pues su villa estaba bajo el Vesubio, y no había salida alguna excepto por barcos): rogaba que la salvara de tan gran apuro.

Cambia de plan y lo que había empezado con ánimo científico lo afronta con el mayor empeño. Sacó unas barcas con cuatro filas de remos y embarcó dispuesto a ayudar no sólo a Rectina, sino también a muchos (pues lo agradable de la costa la había llenado de bañistas).

Se apresura a dirigirse a la parte de donde los demás huyen y mantiene el rumbo fijo y el timón hacia el peligro, estando sólo él libre de temor, de forma que fue dictando a su secretario y tomando notas de todas las características de aquel acontecimiento y todas sus formas según las había visto por sus propios ojos.

Ya caía ceniza en las naves, cuanto más se acercaban, más caliente y más densa; ya hasta piedras pómez y negras, quemadas y rotas por el fuego; ya un repentino bajo fondo y la playa inaccesible por el desplome del monte. Habiendo vacilado un poco sobre si debía girar hacia atrás, luego al piloto, que advertía que se hiciera así, le dice: «La fortuna ayuda a los valerosos: dirígete a casa de Pomponiani».

Se encontraba en Estabias apartado del centro del golfo (pues poco a poco el mar se adentra en la costa curvada y redondeada) Allí aunque el peligro no era próximo pero sí evidente y al arreciar la erupción muy cercana, había llevado equipajes a las naves, seguro de escapar si se aplacaba el viento que venía de frente y por el que era llevado de forma favorable mi tío.

Él abraza, consuela y anima al asustado Pomponio. y para mitigar con su seguridad el temor de aquél, le ordena proporcionarle un baño; después del aseo, se reclina junto a la mesa, cena realmente alegre o (lo que es igualmente grande) simulando estar alegre.

Entre tanto desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaba por las tinieblas de la noche. Mi tío, para remedio del miedo, insistía en decir que debido a la agitación de los campesinos, se habían dejado los fuegos y las villas desiertas ardían sin vigilancia. Después se echó a reposar y reposó en verdad con un profundísimo sueño, pues su respiración, que era bastante pesada y ruidosa debido a su corpulencia, era oída por los que se encontraban ante su puerta.

Pero el patio desde el que se accedía a la estancia, colmado ya de una mezcla de ceniza y piedra pómez se había elevado de tal modo que, si se permanecía más tiempo en la habitación, se impediría la salida. Una vez despertado, sale y se reúne con Pomponiano y los demás que habían permanecido alertas.

Deliberan en común si se quedan en la casa o se van a donde sea al campo. Pues los aposentos oscilaban con frecuentes y amplios temblores y parecía que sacados de sus cimientos iban y volvían unas veces a un lado y otras a otro.

A la intemperie de nuevo se temía la caída de piedras pómez a pesar de ser ligeras y carcomidas, pero se escogió esta opción comparando peligros; y en el caso de mi tío, una reflexión se impuso a otra reflexión, en el de los demás, un temor a otro temor. Atan con vendas almohadas colocadas sobre sus espaldas: Esto fue la protección contra la caída de piedras.

Ya era de día en otros sitios y allí había una noche más negra y más espesa que todas las noches. Sin embargo muchas teas y variadas luminarias la aliviaban. Se decidió dirigirse hacia la playa y examinar desde cerca qué posibilidad ofrecería ya el mar; pero éste permanecía aún inaccesible y adverso.

Allí echado sobre una sábana extendida pidió una y otra vez agua fría y la apuró. Luego las llamas y el olor a azufre, indicio de las llamas, ponen en fuga a los demás. a él lo alertan.

Apoyándose en dos esclavos se levantó e inmediatamente se desplomó, según yo supongo, al quedar obstruida la respiración por la mayor densidad del humo, y al cerrársele el esófago, que por naturaleza tenía débil y estrecho y frecuentemente le producía ardores.

Cuando volvió la luz (era el tercer día, contando desde el que había visto por última vez) se halló su cuerpo intacto, sin heridas y cubierto tal y como se había vestido. El aspecto era más parecido a una persona dormida que a un cadáver.

Entre tanto en Miseno mi madre y yo ... pero esto no importa a la historia, ni tú quisiste saber otra cosa que su final. Por tanto termino.

Únicamente añadiré que he narrado todo en lo que yo había estado presente y lo que había oído inmediatamente, cuando se recuerda la verdad en mayor medida. Tú seleccionarás lo más importante; de hecho, una cosa es escribir una carta y otra escribir historia, una cosa es escribir a un amigo y otra a todos. Adiós.

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