sábado, 9 de mayo de 2015

Visiones de lo que debió de haber observado y sufrido el hombre primitivo hace decenas de miles de años, y de lo que debió de haber existido millones de años atrás


A la escala de tiempo de la vida humana ya es posible observar cambios de cierta entidad en la flora, la fauna, y el clima, pero si nos remontamos a miles de años atrás o a millones de años atrás, los cambios rozan y superan lo que buenos escritores de ciencia ficción han podido imaginar


Todavía no había surgido el hombre sobre la Tierra, y entonces ellos eran los amos de la naturaleza: grandes vegetales y monstruosos animales.

Un halo de humedad cubría las inmensas selvas pobladas por árboles de descomunal altura, como las actuales secuoyas de California y Oregón, de unos 100 metros de alto.

Algunos de esos altísimos árboles que como secuela endémica han llegado hasta nuestros días se encuentran en el llamado bosque de Waipoua (en Nueva Zelanda). Allí existe un ejemplar llamado Tane Mahuta (lo que en lengua maorí significa "Padre del bosque" o "Señor del bosque"), y que es el árbol de mayor altura que existe en la actualidad, con 4,4 metros de diámetro y 17,7 metros de alto, y también uno de los más ancianos (con una edad estimada de unos 200 años). En la misma zona se encuentra otro árbol también con nombre particular y denominado Te Matua Ngahere, a poca distancia del anterior pero también de gran tamaño, otro superviviente de la selva subtropical húmeda que pobló lejanos tiempos.

Entre tanto gigante, el ser humano habría parecido un pigmeo insignificante, pero éste todavía tardaría muchos millones de años en hacer acto de presencia. El clima entonces era adecuado para que aquella exuberante vegetación alcanzara las condiciones óptimas para lograr ese anormal desarrollo.

¿Podríamos imaginarnos lo que serían aquellos bosques de eterna noche, húmedos e impenetrables, cuya bóveda parecía estar en el cielo? Una leve imagen de ello podríamos obtenerla en las selvas que, afortunadamente aún hoy, cubren extensas regiones del Brasil.

Pero en ese tiempo el escenario era colosal, y hecho para que vivieran en él colosos en peso y volumen. Si el hombre actual lo hubiese podido contemplar en directo, posiblemente hubiera pensado que se hallaba sobre la superficie de un planeta desconocido, poblado de mil maravillas, creación de la más exaltada mente. Contemplaría un mundo nuevo, de proporciones descomunales, en el cual seguramente, se sentiría empequeñecido y atemorizado.

El ser humano, sin embargo, llegó a conocer a algunos de los descendientes de aquellos extraños seres.

Aseguran los sabios, que el Mamut por ejemplo, sobrevivió hasta ser conocido por el hombre primitivo, pues existen pruebas de ello. Este animal era parecido a un elefante indio, pero de mucho mayor tamaño, y de piel más lanuda y basta. Se supone que sobreviviría mucho más tiempo en Siberia que en otros lugares, dado que allí, protegido por el frío y por los hielos, se han conservado fosilizados, en bastante buen estado, algunos ejemplares hasta nuestros días.

También se han encontrado restos del Mamut, en otros lugares del planeta que padecieron el período Glacial.

De los demás animales que vivieron en aquellos remotos tiempos, tenemos conocimiento por los restos, o huellas, o excrementos fosilizados (coprolites), o esqueletos, que han sido hallados incrustados en el interior de las diversas capas de la corteza terrestre. Estos restos nos hablan de los tamaños y las costumbres de estos seres primitivos.

A mayor profundidad, ciertamente edad más lejana. Y esas edades se miden por millares y por millones de años.

Ha llegado a tal perfección este tipo de estudio, que de un simple hueso aislado, y algunos otros fragmentos, se puede reconstruir el esqueleto entero con escaso margen de error.

Es entonces posible conocer con gran exactitud, gracias a las reconstrucciones paleontológicas, el aspecto aproximado de estos animales que vivieron hace muchos millones de años, y que por lo tanto, no fueron contemporáneos del hombre primitivo.

En la Era Pérmica vivió el Dimetrodonte, que era un lagarto de unos dos a tres metros de longitud, de aspecto sobrecogedor. Su lomo estaba coronado por una enorme vela, de unos dos metros de altura, con la que controlaba la temperatura interna de su cuerpo, aventajando así a otros animales de sangre fría.

La especie tipo de estos animales era el dimetrodonte incisivus, caracterizado por el gran tamaño, y extraña conformación de sus vértebras, cuyas apófisis espinosas, tenían una enorme longitud.

En la Era Secundaria vivieron animales gigantescos.

El Megalosaurio fue un reptil dinosaurio de la época diluviana, de talla superior al elefante actual, como lo prueban los restos fósiles encontrados en Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza y últimamente en Sudamérica.

El Triceratopo era un reptil prediluvio. De aspecto terrorífico, alcanzaba una longitud de 8 a 9 metros, y llegaba a pesar hasta 9 toneladas. Su enorme cabeza medía casi 2 metros y estaba protegida por un inmenso collarín óseo. De allí partían tres grandes cuernos, algunos de los cuales llegaban a medir unos 2 metros de largo, y que indudablemente, eran poderosos medios de defensa.


También se han hallado restos fosilizados del Mastodonte en la mayor parte del globo, por lo cual se supone con fundamento, que su área de dispersión debió ser muy extensa. El citado era un paquidermo que vivió en la Era Terciaria, armado con defensas dobles en ambos maxilares, similar al elefante pero de tamaño casi doble.

En cambio, los principales restos fósiles del Dinoterio, se han encontrado en Europa. Era de gran talla, y se cree que vivía cerca de las orillas de los ríos. Era de aspecto parecido al elefante, pero armado de colmillos curvados hacia abajo, para remover las raíces de los árboles y desgajar la corteza de los arbustos.


En pleno período Jurásico, en el mar, tenía su morada un enorme reptil de más de 5 metros de longitud corporal, el Plesiosario, al que muchos autores atribuyeron haber vivido  en la época diluvial. Su cola, provista de costillas, le servía de timón. Su cuello era largo y flexible. Su enorme cuerpo era impulsado en el medio acuático por medio de paletas. Su cabeza estaba armada con filosos y agudos dientes, para poder alimentarse mejor cuando atacaba los bancos de peces.

Uno de los reptiles más largos de aquellas lejanas épocas era el Diplodocus, que llegaba a superar los 27 metros de longitud. Sin embargo, su dentadura indica que se alimentaba exclusivamente de vegetales. Su cabeza era pequeña, su cuello largo y flexible, sus cuatro patas musculosas, y su poderosa cola era usada como látigo.

El reptil más terrible fue sin dudas el Tiranosaurio, dado que perseguía a todas las demás criaturas puesto que era carnívoro. Su apetito era voraz, y su cuerpo musculoso.  Llegaba a alcanzar los catorce metros de largo y los seis metros de altura (en postura erecta), con una masa corporal de un orden estimado entre  8 a 10 toneladas. Su enorme cabeza, de metro y medio de largo, contaba con poderosas mandíbulas armadas de trece formidables dientes, de unos trece centímetros de largo cada uno.

Los restos fósiles de este gigante fueron hallados por primera vezen la zona de Hell Crecc en 1902.  Casi todos estaban empotrados en arenisca silícea.  Unos seis años más tarde, fueron hallados en la misma zona, otros restos pertenecientes al mismo animal, y entre todos, fue posible reconstruír la osamenta completa, agregándole algunas piezas artificiales.

Otros animales gigantescos vivieron también en aquellos remotos tiempos, como el Estegosaurio, el Ceratosaurio y otros, cuya enumeración, haría la lista interminable.

Todos han desaparecido ya, pues si grandes eran, su inteligencia fue escasa y no supieron ingeniárselas para sobrevivir a los cambios climáticos que se sucedieron, ni a otros peligros que acabaron con ellos.

Hoy, como recuerdo póstumo a semejantes colosos, sus huesos se exhiben en museos de distintos países, ante la curiosidad de los hombres actuales, que apenas pueden creer que existieran.

Continuaremos en otra oportunidad, presentando otros aspectos de estos muy jugosos e interesantes temas paleontológicos, que tanto atrapan al gran público. Y como usualmente, me despido de los amables lectores, de parte de Brunetto, con un gran abrazo para todos.

Galería de imágenes

Bosque de secuoyas en el Parque Estatal Big Basin Redwoods (California, EEUU)

Árbol de kauri en el bosque de Waipoua (Nueva Zelanda)









Aclaración: Las figuras humanas son meramente ilustrativas a efectos de comparación de tamaños, pero obviamente, el hombre y los dinosaurios no fueron contemporáneos, sino separados por la friolera de 65 millones de años
En la imagen, se observan a la izquierda, un Estiracosaurio, al centro un Estegosaurio, y a la derecha un Ceratosaurio























Agradecimiento y cierre:


Destacamos la invaluable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.

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