sábado, 30 de mayo de 2015

Reformas para un mundo mejor, y para un ordenamiento social más sustentable, más amigable con el medio ambiente, y por cierto socialmente más justo


Alegoría del tiempo gobernado con prudencia: Las tres cabezas aluden las tres edades del hombre, juventud, madurez, y vejez ; la triple cabeza de las bestias representan al lobo, al león, y al perro, símbolos de la prudencia

La orientación de las reformas, respuesta tal vez clave para un desarrollo más armonioso y justo de la sociedad


En muchas regiones del mundo, y particularmente en Europa, se desarrolla un muy interesante y apasionante debate sobre el tipo de reformas que deben ser encaradas. ¿Acaso conviene profundizar el liberalismo económico y la economía de mercado, o por el contrario, algunos países podrían encontrar mejoras manteniendo economías cerradas y muy proteccionistas?  ...

El liberalismo económico significa competencia, gran flexibilidad y apertura de los mercados de trabajo, liberalización y desregulación de los servicios, baja de impuestos, y privatizaciones. Por el contrario, proteccionismo significa mercados regulados, control de precios, prohibiciones, trabas, y altos gravámenes a las importaciones, etc.

Cabría preguntarse cuáles de estos enfoques son típicamente de izquierda, de derecha, o de centro, y cuáles de estos enfoques serían más favorable al crecimiento económico, o al cuidado del medio ambiente, o al aumento de las desigualdades entre ricos y pobres, etc.

Muchos son los que claman que hacia el liberalismo solamente se puede avanzar con extrema prudencia, en razón (se dice) porque podría afectar negativamente a los sectores sociales nacionales más vulnerables. Pero... ¿esta afirmación es realmente cierta? ...

Una mayor flexibilidad del mercado de trabajo, la reforma de la previsión social (jubilaciones y pensiones), una mayor desregulación y liberalización del sector terciario, una mayor concurrencia y competencia por ejemplo entre las universidades y otros centros de enseñanza terciaria por los alumnos y por fondos para la investigación, todo esto en principio aumenta la productividad, y de una forma o de otra recompensa a aquellos que son más meritorios, y no tanto a aquellos que están incluidos y que se benefician de fuertes protecciones legales. Una mayor apertura es muy posible que proporcione más oportunidades a los jóvenes emprendedores y creativos.

Las reformas pro mercado no necesariamente deben implicar optar entre eficiencia y justicia social. Por el contrario, muchos gobiernos de izquierda reducen los privilegios y con ello obtienen beneficios generales.

Los objetivos tradicionalmente defendidos por los partidos llamados de izquierda, como por ejemplo, la protección de los más débiles o el rechazo de plano a un aumento demasiado marcado de las desigualdades sociales, no necesariamente da buenos resultados sociales. En efecto, al fortalecer las reglamentaciones y las restricciones en muchos casos se ponen trabas que perjudican a los más débiles. Y por su parte, un sector público muy desarrollado no necesariamente beneficia más a los más pobres sino a los más conectados, imponiendo de hecho una carga pesada a toda la sociedad. Por otro lado, universidades y centros educativos terciarios muy abiertos en el ingreso, muy posiblemente reproducen una enseñanza mediocre debido a la escacez de recursos, y ello sin duda perjudica más a los más pobres, pues muchos ricos se las apañan para obtener una mejor educación. Todo lo que acaba de señalarse, no solamente representa ineficacia y mediocridad, sino que además, es más socialmente injusto.

Véase por ejemplo que actualmente, en España, en Italia, y en Francia, los jóvenes son favorecidos para desarrollar su primera experiencia laboral, pero los respectivos contratos son de duración limitada, y ofrecen poca protección y pocas perspectivas de futuro. En efecto, es bastante corriente que luego de una o dos renovaciones de este tipo de contratos, y cuando los privilegios y las ayudas cesan, los empleadores en muchos casos no siguen renovando el contrato para no arriesgarse que los ingresos temporarios se transformen en puestos permanentes, los que son más costosos y difíciles de licenciar (o sea, en lugar de seguir recontratando, con alguna frecuencia se prefiere contratar a otro joven en su primera experiencia laboral). Probablemente, una reforma que elimine este tipo inadecuado de prácticas, al dar mayor flexibilidad a la totalidad del mercado, al mismo tiempo que se refuerza la seguridad social para el conjunto de los trabajadores, tal vez no solamente reduciría el desempleo, sino que en líneas generales podría también beneficiar a los más pobres y a los más jóvenes, al verse facilitada su entrada en el mercado laboral. He aquí en líneas muy simplificadas, una política pro mercado que simultáneamente también favorece a los más pobres, a los menos capacitados, y a los más jóvenes.

Italia provee otro caso de una aplicación inadecuada del gasto social. En efecto, ese país hace relativamente poco por ayudar a las familias más vulnerables, a que no caigan por debajo de la línea de pobreza. Y esta situación se da porque Italia gasta demasiado en su sistema de pensiones, y demasiado poco en apoyo de otros programas del Estado-providencia. Y véase, quienes se oponen más vigorosamente a una baja del sistema de pensiones, que podría lograrse con cierta facilidad si se aumenta progresivamente la edad de retiro, son principalmente los sindicatos y una buena parte de los trabajadores que se dicen de izquierda, lo que obviamente beneficia a los trabajadores con empleo estable, en detrimento de los trabajadores informales y/o con empleos precarios.

Precisamente, Italia viene de adoptar una resolución bastante inconveniente bajo presión sindical, pues no solamente no incrementó la edad de retiro, sino que la bajó de 60 a 58 años, lo que indudablemente va a recargar la "mochila social" de los trabajadores jóvenes de hoy día. Frente a esta realidad, es muy difícil argumentar que los sindicatos italianos y sus aliados defienden a los jóvenes y a los más pobres.

Sin duda, los mecanismos políticos y económicos pueden variar de un país a otro, pero lo que puede observarse es que aquellos que están incluidos, o sea los llamados « insiders », de una forma o de otra tienden a bloquear muchas reformas, aunque obviamente, no dicen abiertamente que esa negativa es porque afecta sus intereses, sino que al grito de « huelga general », en muchos casos se proveen de una retórica teórica a través de la que dicen defender tanto los puestos de trabajo como a los más débiles.

Tomemos otro ejemplo también italiano, el de la compañía aérea Alitalia. Hace ya más de una década que esa compañía es deficitaria, por lo que de hecho representa una carga enorme para el contribuyente. Pero bueno, la gestión de esa empresa es muy mala. Los pilotos no han visto rebajado sus sueldos pero vuelan menos horas que los de otras grandes compañías aéreas. Y los sindicatos de la compañía luchan por continuar recibiendo ayudas del Estado, reacción claro está que en el plano personal puede comprenderse. Pero lo que no se entiende muy bien, es porqué la izquierda también apoya a la compañía, obligando así al contribuyente (léase a la sociedad toda) a también cargar con este lastre. Manteniendo una compañía agonizante en vida, se impide el proceso de destrucción o de reducción ordenada de ese sector de la aviación, a pesar de que los gastos que así se reducirían, en los hechos podrían generar más puestos de trabajo en nuevos sectores que se podrían autosustentar.

Los reformistas y en general los pueblos, no deben dejarse atrapar por la máxima « más libertad de mercado igual más de injusticia social », pues en muchos casos pasa exactamente lo contrario. Aceptar esta argumentación o intentar esbozar excusas y explicaciones, no es en muchos casos una buena manera de ganar la batalla de las buenas reformas. Pensemos un poco más en habilitar una leal concurrencia, y un sistema más basado en una verdadera y justa meritocracia, y así, quienes levanten estas banderas, podrán decir que luchan por una mayor eficiencia y en apoyo de los menos favorecidos.


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