jueves, 3 de septiembre de 2015

Acercándonos a la aparición del hombre en el planeta azul que habitamos: Seres monstruosos y de fiero aspecto, de las eras Terciaria y Cuaternaria

Tercera parte de nuestra película imaginaria de la vida en nuestro mundo

Los 58 millones de años que abarca la Era Terciaria corresponderían, poco más, poco menos, a unos 24 minutos de película.

En ese tiempo, habría de mostrársenos aceleradamente, la intensa actividad orogénica, iniciadora de los grandes pliegues montañosos que constituyen las principales cordilleras actuales, el acelarado desarrollo de los mamíferos, y las oscilaciones de la corteza terrestre, con lo que se perfilan los rasgos casi definitivos de la moderna estructura continental.

Sobre la pantalla veríamos galopar manadas enteras de caballitos enanos, pequeños corceles del tamaño de perrillos falderos, unos treinta centímetros, con cinco dedos en lugar de la pezuña única, que sólo posteriormente desaparecería por la atrofia de los dedos laterales.

Por aquel tiempo, nacieron las montañas de los Andes, se elevaron más los Pirineos, se perfilaron los Apeninos y los Cárpatos.

La Tierra se removía inquieta.  La era Cenozoica es una época de levantamientos y erupciones.

Durante la mayor parte de ella, 58 millones de años, la actividad volcánica estuvo en agitación constante.


Tectónicamente, el plegamiento más imponente fue el Alpino. Empujones formidables del suelo, encurvaron hacia arriba las gibas macizas de las grandes cordilleras: las Montañas Rocosas, los Alpes, el Cáucaso, las agudas cretas del Himalaya y arcos circumpacíficos.

Todo esto pasaría ante nuestros ojos, con rapidez engañosa.  Sesenta millones de años corresponderían con poca diferencia, a 25 minutos de película.

Velozmente, se nos mostraría el rápido desarrollo de los  mamíferos, y los lentos movimientos de la corteza terrestre, habrían de parecernos agitadas convulsiones.

De prisa veríamos desfilar las figuras de los grandes hipopótamos prehistóricos que habitaron las zonas lacustres del valle del Arno, en Italia.

Se nos mostrarían las selvas alemanas, removidas al pesado empuje de los Dinoterios, elefantes primitivos de enorme cabeza, con las defensas curvadas hacia abajo, para facilitar la extracción de las raíces vegetales con que se alimentaban.


Contemplaríamos la silueta inquietante del Titanoterium, rinoceronte bicorne, tal vez el más poderoso de su época, aunque no el mayor de todos, por superarle aún en tamaño los Mastodontes, elefantes descomunales, armados de largas defensas dobles en ambas mandíbulas; tal vez nos haría sonreír el ágil saltar entre los árboles, de los primeros monos antropomorfos.


Galería de imágenes

Cerdo terrible o jabalí gigante de la era Terciaria, con cabeza de más de un metro, comparado con uno de los más grandes jabalíes actuales










Agradecimiento y cierre: Agradezco sinceramente a invaluable colaboración de los ingenieros Juan Carlos ANSELMI ELISSALDE y Aulo Fernando GARCÍA TEXEIRA en el aporte de las valiosas ilustraciones que engalanan este artículo.

Como los consecuente lectores apreciarán, se procura brindar en esta serie, un panorama claro, completo, y entendible, acerca de los fantásticos seres que precedieron a la humanidad en el dominio del planeta.

Esperando que tanto el texto como las ilustraciones hayan resultado de interés y utilidad, y contando con la benevolencia de los amables cibernautas, Brunetto se despide de los mismos, prometiendo continuar con estas apasionantes temáticas.

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