miércoles, 11 de noviembre de 2015

Interesantes imágenes y explicaciones nos ilustran acerca de los formidables armadillos gigantes que poblaron Sudamérica: Novedosos descubrimientos arrojan luz sobre estos expléndidos ejemplares

BLINDADO GIGANTE

El  Gliptodonte, un animal parecido a un carro de combate, estaba protegido por un pesado caparazón, que tenía la forma de casi una cúpula.

Armado con una cola que terminaba en un ensanchamiento erizado de puntas, y que recuerda a las mazas que usaban los caballeros de la Edad Media, no tenía nada que temer.

Este formidable mamífero, vivía durante el Pleistoceno en Sudamérica, particularmente en Argentina, Brasil, Bolivia y Uruguay.

Se parecía a los actuales armadillos, también pertenecientes al grupo de los Xenartros o Desdentados. Sin embargo, la coraza del gliptodón estaba formada por una sola pieza, un solo bloque, y la cola estaba protegida por placas rígidas.

Los hombres primitivos buscaban refugio debajo de dichas corazas, dado que se han descubierto vestigios de hogueras en algunas de ellas.

Los armadillos modernos de América son animales del tamaño de un conejo. Están cubiertos de armadura de placas flexibles, y se alimentan de hormigas y termitas.


Parece que han vivido en Sudamérica desde hace 60 millones de años. Los Gliptodontes, una interesante rama lateral, surgieron hace 45 millones de años. Uno de los últimos miembros de este grupo, el Glyptodón era tan grande como un rinoceronte, con un vasto caparazón que lo protegía de los gatos feroces (como el Hoplofoneo) y de los Tigres diente de sable, como el Smilodón.

El caparazón estaba formado por placas óseas, circulares o irregulares, que se combinaban como un mosaico.

También tenía un casco óseo en la cabeza, y la cola cubierta de anillos óseos, con espinas que se superponían.



Se alimentaba de pastos y otras plantas duras. Esta notable forma, se extinguió hace pocos miles de años, al mismo tiempo que el Megaterio.



Excepción hecha del oso hormiguero de nuestros días, los desdentados, a pesar de su nombre, ostentan numerosos dientes. Pero al ser todos muy parecidos, es difícil distinguir los incisivos de los caninos y los molares. Se supone que el Glyptodón se alimentaba de plantas, aunque modernamente se piensa que podría haberse alimentado de todo lo que encontraba en su camino.

Su formidable caparazón, le permitía sustraerse al ataque de eventuales enemigos.



Las patas del Glyptodón terminaban en una especie de cascos, y el animal poseía un esqueleto suficientemente resistente, como para soportar el peso del caparazón.

En la misma época en que vivieron el Glyptodón y el Megaterio, las Pampas argentinas y las llanuras uruguayas, se vieron pobladas por el Panochtus, otro blindado viviente.


De menor tamaño que el Glyptodón, medía algo más de dos metros, cola incluída. Su cráneo era particularmente alto y corto.

El Panochtus tenía uno de los mayores caparazones de todos los desdentados o xenartros.  De forma ovalada, era más ancho en su parte delantera. Estaba compuesto de placas, adornadas con dibujos poligonales.

La caja protectora de la cola, estaba formada por seis anillos y un largo tubo, cubierto por excrecencias en forma de tubérculo.

Otra especie, el Doedicurus, era una auténtica fortaleza viviente, de más de cuatro metros de largo por uno de alto.



Contaba con grandes espinas en el extremo de la cola, al igual que el Glyptodón. Vivió en Argentina y Uruguay.

Hasta aquí, un breve panorama de los extraordinarios ejemplares acorazados que habitaron Sudamérica en general y nuestro Uruguay en particular, junto con otros notables representantes de la Megafauna, extinguida por causas que todavía se discuten en el ámbito académico.

Como siempre, Brunetto se despide de los amables lectores, esperando haber despejado dudas y clarificado el panorama, en temas tan interesantes del vasto campo científico.

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