jueves, 4 de diciembre de 2014

Sin derecho al olvido en Internet, y sin derecho a borrar una propaganda en una cuenta de correo electrónico: Por favor, paren la mano, la competencia comercial y el lógico interés de los desarrolladores de sistemas informáticos en cada vez tener más usuarios, se está excediendo... Todo tiene sus límites...

Introducción

Facebook, Twitter, YouTube, Netflix... Cada vez son más los servicios en los que un usuario se registra, y los pasos para esto hacer en general son muy sencillos y rápidos y no le insumen demasiados minutos a los internautas. Por el contrario, el acceso y la creación de cuentas está simplificado, si bien borrarse de estos sitios en ciertos casos es fácil, sin complicaciones posteriores, y sin engaños, pero en otros casos es engorroso y de resultado incierto a tal punto que informaciones básicas quedan allí por mucho tiempo, a veces tal vez para siempre.

Los casos más corrientes

Signo de honestidad en el proceder de las redes sociales y de otros sitios en el sentido indicado, es que el sistema tenga a la vista una elección de menú o un botón que señale "Eliminar cuenta", "Borrar cuenta", o similar, en donde luego de las preguntas de estilo para asegurarse que no se tomó por error ese camino y que quien opera es efectivamente el usuario concernido, se entregue un enlace directo que permite suprimir la cuenta, primero del acceso a la misma por parte de otros usuarios (autorizados o no), y luego (tal vez pasado algún período de ventana) eliminando completamente todos los datos en los servidores.

Cierto, la mayoría de los usuarios no lee atentamente los términos y condiciones de los servicios que contrata o a los que se inscribe gratuitamente, pues allí se explican, a veces, las diferentes modalidades para borrar o desactivar una cuenta, y los límites que ello puede tener en el efectivo borrado de todos los datos y de todas las conexiones, pues en los "Términos y Condiciones" o textos equivalentes, para salvar responsabilidades en cuanto a posibles juicios futuros, se suele indicar cuánto tiempo le llevará (a un usuario) ‘desaparecer’ del servicio en cuestión, y qué datos o tipo de datos se mantendrán en los servidores. A veces también se especifica si quedarán datos en la plataforma, qué podrá hacer o no el servicio con esa información, y si existe algún tipo de posibilidad de arrepentirse y volver a utilizarlo, rehabilitando la cuenta y los datos básicos, así como parte de la información acumulada..

Cada servicio de Internet aplica sus propia ‘reglas’ de negocio, y otorga (o no) mecanismos para eliminar las cuentas de usuarios empresariales o personales.

Pero los usuarios no deben ser excesivamente optimistas, ni en cuanto a la honestidad de los desarrolladores de sistemas, ni en cuanto a la transparencia y claridad en las condiciones de servicio, de todo lo que se ofrece por Internet.

En efecto, distintos servicios web para usuarios plantean distintos grados de dificultad en cuanto a borrar o desactivar una cuenta, y en algunos casos ello es “imposible” de lograr. Véase, téngase en cuenta que numerosas empresas usan una técnica llamada ‘dark pattern’, para dificultar la eliminación de cuentas de usuario en sus servicios web. En está última categoría parece estar Netflix, la popular plataforma para ver películas y vídeos por Internet, ya que en ese sitio digital no se eliminarán completamente todos los datos, bajo la premisa de que quizás se querrá reabrir la cuenta posteriormente y mantener el historial y las notificaciones.

También ocurre algo muy similar con Coachsurfing, un portal en el que los usuarios ofrecen alojamiento a personas extranjeras. En efecto, según informa el propio sitio web, un usuario “no puede ser eliminado totalmente; para que la reactivación se encuentre siempre disponible”.

Respecto a las más populares redes sociales, debe tenerse en cuenta que Facebook tiene una dificultad “media” para quien desee desligarse de este servicio sin que allí queden sus datos y opiniones y fotos. Esto quiere decir que si bien un usuario puede borrar su cuenta de manera relativamente “sencilla”, algunas informaciones como ser el chat o los mensajes en grupo “son guardados para siempre”.

En cuanto a Twitter, cumple la desactivación de cuentas en dos pasos. Primero desactiva la cuenta por 30 días, y después de ese plazo la cuenta es eliminada “permanentemente”. Un usuario puede reactivarla “en cualquier momento de ese plazo de 30 días , con solo iniciar sesión nuevamente”.

El derecho al olvido

Cierto, luego de un primer ensayo inicial, seguido o no de un período de uso activo, las personas posiblemente quieren dejar de usar el servicio digital al que se afiliaron o inscribieron, y entonces tienen en general dos actitudes: (1) O dejan de ingresar en el servicio aún cuando se les invite a ello, sin preocuparse de desactivar la cuenta, ni borrar sus datos más básicos, y ni siquiera sin cambiar algunos datos básicos por otros falsos o inexactos de forma de que en el futuro no se asocie esa cuenta con el usuario que la creó ; (2) O intentan desligarse del servicio de una manera leal y razonable, expresando que ya no lo quieren más, y solicitando o no el borrado de todos sus datos.

Internet hizo que en muchos países aflorara en los últimos tiempos el llamado "Derecho al olvido", un privilegio que en ciertos casos está contemplado en leyes, decretos, o disposiciones judiciales.

En el caso de Uruguay, el artículo 8 de la ley 18.331 señala que “los datos deberán ser eliminados cuando hayan dejado de ser necesarios o pertinentes a los fines para los cuales hubieren sido recolectados”.

En este contexto, la Agencia del Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic) y el Poder Ejecutivo, ya dieron trámite a dos solicitudes de baja de datos de páginas de organismos públicos. La argumentación planteada: “Los denunciantes reclamaron que determinada información personal persistía en la web, y eso causaba un perjuicio a su imagen profesional, a su honor y dignidad”. Y las autoridades admitieron que era así, y la información fue eliminada.

El caso más paradigmático en el mundo fue el de Mario Costeja, quien constató que al introducir su nombre en Google aparecían dos anuncios sobre una subasta de inmuebles relacionada con un embargo derivado de deudas a la Seguridad Social, sucedido diez años antes y ya resuelto. “Para Google sigo siendo deudor”, se quejó esta persona en El País de Madrid. Y por tal motivo, un día Mario Costeja exigió al gigante informático que eliminara los resultados de esa búsqueda, porque el embargo ya estaba pago.

Ese hecho, por nimio que parezca, sentó un precedente en el viejo continente, que llevó a los magistrados a plantearse la situación a nivel general. Así, en mayo de 2014 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea reconoció que los ciudadanos tienen derecho a reclamar a Google y otros buscadores que retiren enlaces que contengan informaciones que los perjudiquen y ya no sean pertinentes.

Hasta setiembre del año 2014, el gigante informático recibió un total de 120.000 peticiones de derecho al olvido. Y en total, las direcciones web que los usuarios requirieron retirar llegaron a las 457.000. Esto equivale a casi cuatro enlaces por persona.

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