miércoles, 24 de agosto de 2011

La humanidad de la humanidad: Breve recorrido por la historia del pensamiento del hombre


Algunas reflexiones de peso, ensayo inspirado y basado en la obra de Edgar MORIN (2003), "El Método 5: La humanidad de la humanidad, la identidad humana", Ediciones Cátedra, Madrid, España

Tenemos por un lado a Buda, Jesús, y Mahoma, y por el otro extremo también a Hitler, Stalin, y Lenin, y en la contemporaneidad de hoy tenemos a Martin Luther King, a Ghandi, y a la Madre Teresa de Calcuta, y también por otro lado a los Bush y a los Osama u Obama (la diferencia es sólo una letra), y a los Fogh, etcétera. Bueno, acá la lista podría ser enorme. ¿Qué mundo este? ¡Che mondo cane questo!

Sabiendo que un buen escritor lo dice todo en muy pocas palabras, me permitiré en este ensayo enunciar a célebres pensadores, empezando con Pascal, quien toda razón tenia en enunciar:

« ¿Que quimera es pues el hombre?
« ¿Que novedad, que monstruo, que caos, que prodigio, que sujeto de contradicción?
« Juez de todas las cosas, imbécil gusano de tierra; depositario de lo verdadero,
« cloaca de incertidumbre y de error; gloria y desecho del universo.

« ¿Quien desenredará este embrollo?


Por cierto, no es ni será tarea fácil para alguien desenredar el "embrollo". Si los sentimientos de respeto, generosidad, humildad, entre muchos otros, prevalecen entre los humanos, estaremos a salvo junto a la vida que lo es todo, pero si seguimos al paso obvio de todo lo contrario, como observamos y anunciamos hoy en día, desapareceremos de este bello (en un tiempo pasado) planeta.


¿Qué hemos hecho con las ciencias humanas por el conocimiento profundo del humano –homo erectus, homo faber, homo sapiens–? En realidad, casi nada.

El hombre es un individuo racional e irracional a la vez. ¿Por qué? Porque con la ciencias lo hemos simplificado (reduccionismo) y dividido en partes (disyunción), a él y a toda la existencia.

Martin Heidegger lo dijo muy claro:

« Ninguna época ha acumulado conocimientos acerca del hombre tan numerosos y tan diversos como la nuestra ... Ninguna época ha logrado hacer que este saber sea tan rápida y fácilmente accesible ... Pero tampoco ninguna época ha sabido menos `qué es el hombre´. »


Y también Edgar Morin lo plantea claramente:

« El hombre sigue siendo un desconocido, y hoy más por mala ciencia que por ignorancia. De ahí la paradoja: "Cuanto más lo conocemos, menos comprendemos al ser humano". »

¿Por qué? Porque realmente no lo estudiamos a él. No estudiamos ni la humanidad del Humano, ni tampoco estudiamos la inhumanidad de éste. Nos da pavor, miedo, terror, de realmente conocer quienes somos.

Dos grandes errores hemos cometido. Hemos querido simplificar demasiado al humano con modelos simplistas, y estudiarlo en partes por medio de ciencias separadas; he aquí el gran error. Hay que unificar a las disciplinas y estudiar también al hombre como un todo, en forma holística, unido a su entorno, a la vida, como ya nos lo anuncio Descartes por el siglo XVII.


"Si alguien quiere seriamente buscar la verdad, no debe elegir una ciencia particular; están unidas todas entre si y dependen las unas de las otras”.

Además hay que incluir la dimensión existencial, aquí y ahora, y no en otro mundo inventado por las culturas del pasado y contemporáneas; no seamos tercos. ¡Y quien sabe si las muy antiguas, más cercanas a la vida, lo conocían más al humano!

El humano es un ser demasiado complejo para mentes que les gusta los conceptos claros, concretos, y limitados, como a científicos, políticos, militares, religiosos, y economistas (con el perdón de las excepciones que siempre existen).

Para estudiar y medio comprender al humano, además de las ciencias, también hace falta la filosofía y las artes en general: literatura, poesía, música, pintura, que completan el conocimiento de este ser.

Hay que estudiarlo desde hace seis millones de años, junto a sus productos antropológicos, tecnológicos, artísticos, y filosóficos (reflexivos); todo como una unidad, incluyendo sus acciones inhumanas, irresponsables, e irreflexivas, en contra de la misma humanidad –en contra del humano.

Y para conocer al humano hay que partir de lo que se desconoce de él –de lo desconocido, así como lo enfatiza Rodrigo de Zayas (historiador español contemporáneo).

Hoy está en juego la vida, o sea nuestro destino, y cómo dice Morin “conocer lo humano no es separarlo del universo, sino situarlo en él”.

No podemos estar en contra de la naturaleza para conocernos, o a lo mejor sí, como lo destructor que somos. Risa a veces da pensar en nuestro futuro, cuando ni sospechamos el futuro del cosmos, de la existencia, en la cual existimos y existiremos, bajo otras formas insospechadas e indescriptibles.

De la astrofísica a la microfísica. ¿Dónde estamos nosotros, en ese infinito del infinito? El universo se expande, existen miles de millones de galaxias, muchas más importantes o interesantes que la nuestra, y los soberbios vegetamos en un sistema solar finito dentro de esta “vía láctea” no muy importante, destruyéndolo todo; en este sentido el libro de Morin va en paralelo con el de Capra, aún cuando son distintos y ambos sean altamente enriquecedores.

Hoy, los que profesan la PAZ son aún más destructores y terroristas, si los analizamos lo más objetivamente posible. Se arman para defenderla, y realmente son los únicos que la propician y generan para su exclusivo interés o capricho, inventando cuentos de camino.

Morin en su libro (pp.:30) nos describe con particular claridad cómo nuestras raíces de la aventura cósmica han rebotado entre armonía y caos, entre construcción y destrucción. Pareciera que todo el cosmos lo llevamos dentro y lo reflejamos en la sociedad, en las culturas, evidenciado por la historia. Somos, como clarifica Morin, un ser racional y delirante con antojos destructivos. Parecería que somos fieles a las pasiones destructoras, estos son los verdaderos rituales del humano y peor cuando lo justificamos en nombre de una defensa ficticia (ya que nadie nos está atacando), o en nombre de la religión o de la paz (gran mentira ésta), sí “el cosmos nos ha creado a su imagen y semejanza”. Pero cuidado, no tomemos esto como excusa.

Posteriormente prosigue Morin para mostrarnos nuestra raíz biológica apegada a la tierra, y como ésta ha dependido a extremo del Sol, y por ende toda la vida en su superficie, aire, y agua.

Pues, nuestra propia evolución, con la diferencia del dos por ciento (2%) de nuestros genes que nos separa de los gorilas y chimpancés, remonta a solo seis millones de años -la Hominización- y apenas a doscientos mil años nos acercamos a la Humanidad, para luego ir hacia la socialización, el lenguaje, y la cultura, transmitida entre generaciones. ¡Qué corta vida y nos estamos destruyendo!

Estas hermosas culturas, las nuestras (realmente son cientos las que coexisten), que nos ha permitido progreso, apertura, libertades, acelerar incluso procesos naturales para nuestro bien o no, también nos pone limites, reglas, normas, tabúes, delimitando la propia libertad que nos ofrece la naturaleza.

El lenguaje que también existe en la naturaleza, ya que se comunican animales, moléculas, células, bacterias, etcétera, se ha desarrollado exponencialmente entre los humanos para permitirnos, además con la escritura, disponer de memoria colectiva para la ampliación de conocimientos, y así seguir desarrollándonos; eso deseamos. Muy elocuentemente lo señala Morin (p. 41) “El lenguaje es una parte de la totalidad humana, pero la totalidad humana se encuentra contenida en el lenguaje”.

¿Qué fuéramos? ¿Cuáles vivencias? ¿Qué recordaríamos? ¿Qué conociéramos? ..... sin la memoria colectiva del lenguaje. Qué gran nexo es el lenguaje entre lo físico, lo humano, lo cultural, y lo social. Hasta las palabras y las ideas tienen vida. Y lo dijo Morin con claridad poética y sintética en esa misma página, como sigue:

«« Una lengua vive de forma asombrosa. Las palabras nacen, se desplazan, se enloquecen y ennoblecen, decaen, se pervierten, perecen, perduran. Las lenguas evolucionan, modificando no sólo su vocabulario, sino también sus formas gramaticales, y en ocasiones las sintácticas.

La lengua vive como un gran árbol, cuyas raíces están en el trasfondo de la vida social y de la vida cerebral, cuyo follaje alcanza su plenitud en el cielo de las ideas o los mitos, y cuyas hojas rumorean en miríadas de conversaciones. La vida del lenguaje es muy intensa en los argots y en las poesías, donde las palabras se acoplan, gozan, se embriagan con las connotaciones que invocan y evocan, donde estallan las metáforas, donde las analogías alzan el vuelo, donde las frases sacuden sus cadenas gramaticales y se agitan con libertad. »»

En todo estos dos párrafos está implícitamente descrita la vorágine de la existencia humana, incluyendo al homo demens, ludens, y mythologcus, además del erectus, el faber, y el sapiens, y finalmente el homo consumans, debatiéndose entre lógica y mito.

No busquemos el estandarizar o globalizar todo; esas mentes enfermizas creen que así solucionarán todo; lo que quieren es solucionar el control de sus seguidores y sus propios ingresos. Mientras más diversidad más riqueza (la verdadera); acaso no te has fijado en la naturaleza toda, incluyendo la nuestra –la humana, diferencias en lo biológico, físico, psicológico, social y más. Diversidad de colores, tonalidades, tamaños, ecosistemas, ideas, lenguas, acentos, argots, ritos, creencias, mitologías, valores, profesiones, y hasta accidentes, tantas diferencias hasta para darse un saludo y en una misma ciudad. ¡Vivan las diferencias!

Sin embargo somos la misma especie con las mismas competencias intelectuales y del habla y del afecto y del socializar y el cometer errores y horrores, y finalmente la muerte. Que hermoso es estar consciente de haber cumplido y recibirla con beneplácito. Lo peor para la humanidad es que el humano rechaza a su prójimo, siendo éste de la misma especie, y siempre por ideas, por fantasmas. ¡Qué necios somos!

En este sentido, Canadá es un país que las ha aprovechado, aún cuando todavía falta mucho por hacer. USA ya debería imitarlo y tener al castellano como otra lengua oficial, como reconocimiento a los 50 millones de hispanohablantes que viven en territorio estadounidense.

Satisfactorio es el observar que ya en Latino América se están aprovechando positivamente estas diferencias, ofreciéndole el valor que tienen las diferentes etnias, lenguas, y pueblos; qué hermosa diversidad infinita, todo un admirable arco iris. Pero la gente es necia, se aferran a no cambiar y el cambio definitivamente siempre vendrá, asi nos opongamos.

Inmersa en las culturas están los movimientos, los clubes, las sociedades, las religiones antiguas y recientes, los mitos, la magia; claro que son necesarias y éstas nos deben guiar, pero nunca limitar y menos obsesionar, y encontraremos al humano siempre saltando entre lo racional y lo irracional; lo uno alimentando al otro; el imaginario siempre alimentando a la técnica y a la ciencia, para emerger constantemente, pero cuidado, sólo esto y nada más.

Me enferma observar cómo todavía podemos estar creyendo, no solo pensando, en el ángel y el demonio, como algo mágico fuera de nosotros; el bien y el mal lo llevamos y llevaremos por siempre dentro de nosotros, o es que nos damos cuenta o no queremos; no solo basta conocer de historia antigua y contemporanea, basta sólo con enterarnos de las noticias actuales para saber lo angelical o diabólico que podemos ser; nadie se salva, ni los que profesan democracia y paz, y en nombre de ellas crean guerras.

Dejemos todo esto para la maravillosa imaginación y las hermosas novelas de ficción y las películas con efectos cada vez más especiales, incluso para que la ciencia y la técnica progresen con inventos obtenidos de la imaginación. La lucha es por siempre y eterna; Olvidemos los cuentos de hadas madrinas que nos salvarán, el arduo trabajo es sólo nuestro, y no podremos huir de nuestra infinita lucha; a lo mejor descansaremos algún día con la bella muerte, a la que tanto tememos y como lo dice Morin (p.:53):

“La certidumbre de la muerte unida a la incertidumbre de su hora, es una fuente de angustia para toda la vida del humano”.

Las representaciones del Ángel y el Diablo, o como queramos llamarlos, Abel y Caín, la madre Teresa de Calcuta o Gaddafi, Martin Luther King o Bush, el BIÉN o el MAL, con todos sus matices como la Naturaleza o el Universo o la Existencia (aquí y ahora) misma (la creación, la evolución, todo lo que existe), no están allá afuera, o arriba o abajo: ¡ NO ! están dentro de nosotros, en medio de nosotros, y somos los únicos en sacar desde dentro lo angelical o lo diabólico, que en definitiva tenemos todos dentro, cuando nacimos, desde siempre, y hemos ido heredando y transformando.

Así también lo afirma Morin (p.:71) con una de sus frases: “Se puede pensar que entre el que manifiesta su sadismo en la tortura y el que se consagra a una misión humanitaria, no hay una medida común; pero esto es olvidar que cada humano tiene potencialmente en sí lo peor y lo mejor de lo humano, que la inhumanidad forma parte de la humanidad”.

Somos los responsables de nosotros mismos y de todos nuestros actos ¡SÍ! los únicos responsables. Está en nosotros tomar la decisión de SER quién queremos ser. Nacimos con la capacidad para ser conscientes de nuestras acciones, con todos sus colores y matices, y responsabilidades.

Estamos acostumbrados a pedir. Ya basta. Agradezcamos siempre por todo lo que poseemos (no me refiero a lo material), porque en nuestro nacimiento (o desde la eternidad) fuimos ungidos con lo que necesitábamos para triunfar y para ser y hacer felices, para cooperar, colaborar, descubrir, apoyar, trabajar, construir, curar, o para todo lo contrario; nosotros lo decidimos en libertad; nadie nos obliga, ni nos premiará ni tampoco nos castigará, he aquí la gran responsabilidad del ser humanos con consciencia y pensamiento.

Nuestras culturas monoteístas (desde Abraham) siempre han esperado la dádiva, el regalo, solo piden ... en vez de trabajar duro agradeciendo desde dentro, y se olvidaron de la gran Naturaleza existente e íntimamente relacionada con nosotros, y sólo piden, e imaginan lo que no ven, puro facilismo.

¿No será que las religiones antiguas eran más sabias? Ofrecían mucho más que nosotros y respetaban lo que les rodeaba. ¿No será que por miedo, gracias a las fábulas del más allá, estamos descuidando al humano y a todo lo que le rodea? Descuidamos lo que somos y lo que tenemos.

Capaz que el pecado original, que tanto hablan nuestras culturas, es la "inteligencia humana", que puede crear o destruir como lo hemos evidenciado a través de toda nuestra historia, pasada y contemporánea. No necesitamos de nadie para ser malos o buenos; es una decisión nuestra y personal.

Dejemos de creer en fantasmas creados para que seamos débiles, para ser dominados culturalmente, políticamente, económicamente, militarmente, cual rebaños. Así siempre ha sido el humano: Nos fascina ser dominantes o dominados.

Tomemos definitivamente las riendas de nuestras VIDAS ... exista o no un fin ulterior ... no importa, porque nadie lo sabe; seamos lo que queramos conscientemente ser, siendo responsables de nuestros actos siempre: causa-efecto.

Los que dicen saberlo todo, sólo cuentan cuentos, o porque son unos aberrantes mentirosos para obtener poder y riquezas materiales, o unos ignorantes ingenuos para sucumbir, y por medio de religiones, sectas, movimientos, brujerías, etcétera, desean dominar, destruyéndolo todo con sus estilos y mecanismos, o les fascina inconscientemente ser dominados (facilismo).

TÚ eres el único que mueve la "balanza" y que forjas tú destino, con todos los dones que ya recibiste hace muchos años, al nacer: Espiritualmente, físicamente, biológicamente, químicamente.

NO hay bueno o malo: existe una gama infinita de matices en el comportamiento humano como en toda la co-existencia. Nuestras deben ser las decisiones. NO pidan, sólo AGRADEZCAN, pero ¿A quien?: ¡A la Vida!

La concepción de un Dios, de un ente, un ser, imaginado por los humanos en todas sus culturas, no tiene sentido final, es sólo un modelo para poder explicar, aquí y ahora, lo que necesitamos entender, en nuestro afán enfermizo por desear comprenderlo todo. Absolutamente TODO está interconectado en la Existencia, la cual es nuestra madre o padre, si es que necesitamos una analogía; también es bueno y saludable tener incógnitas.

Queremos saberlo todo como la misma EXISTENCIA. Sí existe algo único, omnipresente y omnipoderoso, por supuesto, y esto es la “existencia” toda: creación, destrucción, o modificación –evolución- y todo, absolutamente TODO lo que existe (pasado, presente y futuro) somos hijas e hijos de la Existencia, dónde confluyen redes de fuerzas, energía, y materia, y donde somos el resultado en transición de todos esto. Seguramente seguiremos existiendo, aunque bajo otras formas, cambios, estados.

Las religiones se han desarrollado desde el humano; la psicología humana, y sus culturas, son quienes las han creado, evolucionando gradualmente, con complejidad creciente por necesidad primero de agrupación, cooperación, apoyo, y hoy por hoy, adicionalmente por la ambición de dominación.

Leyendo las evidencias históricas, éstas se han ido formando entre grupos pequeños y han ido creciendo como clubes espirituales, por la necesidad de protegerse, defenderse, y luego dominar y ser dominados, característica bien arraigada en el humano. Mientras más veces se repite una mentira, ella se convierte en nuestra verdad, la verdad de mi grupo a quien debo defender, y mientras más grande es mi club, más poder éste tiene.

Las religiones han desarrollado poder sobre los demás, basado en el temor, en la superstición, y como lo demuestra la historia, hasta en el terror, incluso en la actualidad; otras razones: defensa contra otros grupos y culturas; dominio militar, económico, cultural, hasta llegar a la blasfemia de decir que la “mía es la única verdadera y la tuya no” y por esto nos hemos venido asesinando, y destruyéndolo todo a nuestro paso por milenios, por esta idea absurda creada por la psicología humana: el miedo a la muerte, el temor a dejar de existir para siempre.

Somos verdaderamente delirantes, esquizofrénicos, soberbios, arrogantes, creídos (no creyentes), obtusos, y cualquier otro adjetivo que se nos ocurra. Creemos que lo sabemos todo y que solo nosotros somos los elegidos y por medio de nuestro club llegaremos al “cielo” , solo nosotros, los que tenemos la corona, y no los otros, aunque todos hemos evolucionado de la misma raíz.

Han surgido varios líderes, no pensantes pero sí delirantes por ambición o por estar sometidos a presiones sociales o del medio ambiente: quien no ve espejismos de cualquier tipo, caminando en solitario por días en un desierto a temperaturas altísimas, sediento, hambriento, sin sexo y a la final no muy cuerdo.

En varias religiones se describen los mismos mitos, porque obviamente son obtenidos desde las mismas realidades de vivencias de los seres humanos, experimentadas a lo largo de todas las eras: el diluvio, el cataclismo, la sequía, los terremotos, las pestes, etc. Y muchos llegan a decir que es el castigo divino; simplemente, si no me aseo me contagio, si construyo algo sencillo al pié de una ladera se viene abajo todo con una simple lluvia. Si contamino sucede lo que vive nuestra amada Tierra. Nadie me castiga. Soy yo el tonto útil o inútil.

Entonces, ¿en quien creer? Pues, en Ti, con todas las herramientas con las que viniste al mundo, lleno de vida, de fuerzas, de voluntad, con poder para ser honestos, éticos, con capacidad para el trabajo y para crear, usar la inteligencia, poseer sabiduría, ser solidario con la Existencia (estas incluido y el resto de los seres todos, también).

El único mandamiento, ley, o norma, que debe guiarnos a través de la VIDA es: AMAR toda la ¡Existencia! (sigues incluido) transformadora, con sol o con lluvia.

Conclusión: El problema de la humanidad, uno entre muchos, es que o se estudia sólo su diversidad o exclusivamente su unidad: el humano es todo, y para citar exactamente a Morin y así concluir con sus palabras:

« La dificultad profunda reside pues en concebir la unidad de lo múltiple, la multiplicidad de lo uno. Quienes ven la diversidad de las culturas tienden a minimizar u ocultar la unidad humana, quienes ven la unidad humana tienden a considerar como secundaria la diversidad de las culturas.
La diáspora de la humanidad, a partir de los tiempos prehistóricos, no ha producido escisión genética durante cien mil años o más: pigmeos, negros, amarillos, indios, blancos dependen de la misma especie, disponen de los mismos caracteres fundamentales; pero la diáspora ha permitido la expresión de las diversidades; la variedad de los individuos, de las mentes, de las culturas, ha sido fuente de innovaciones y creaciones en todos los dominios. El tesoro de la humanidad está en su diversidad creadora, pero la fuente de su creatividad está en su unidad generadora. »

Entonces, a construir creativamente.

REFERENCIAS

* CAPRA, Fritjof (2003). Las Conexiones Ocultas. Anagrama, Barcelona.

* GUÉNON, René (2009, 5 ed.). L' Esoterismo di Dante. Adelphi Edizioni, Milano.

* MORIN, Edgar. (2003). El Método V: La humanidad de la humanidad, la identidad humana. Ediciones Cátedra, Madrid.

* El declive de la Religión: http://www.bbc.co.uk/news/science-environment-12811197?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

Texto completo de la obra de Edgar Morín: "El Método 5: La humanidad de la humanidad, la identidad humana"


Enlace al contenido: http://es.scribd.com/doc/25452655/El-Metodo-La-Humanidad-de-la-Humanidad-La-identidad-humana

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