martes, 13 de agosto de 2013

Luis Razeto Migliaro, un pensador y un escritor chileno, que se recomienda tener en cuenta, pues nos da su visión personal y creativa sobre nuestro futuro y sobre la nueva civilización que vendrá

Presentación de Luis Razeto Migliaro escrita por sí mismo

A modo de índice, comienzo por enumerar las principales secciones temáticas que están desarrolladas en el presente escrito:

* Introducción
* Vivencias, motivaciones y experiencias.
* Niveles, secuencias y sentido.
* El comienzo de la investigación personal.
* Análisis, reflexión y debates.
* Formación y capacitación.
* La estructura y la lógica de la investigación teórica.
* La "teoría económica comprensiva".
* De la ciencia económica a una nueva estructura del conocimiento.

Introducción

Me es difícil comenzar esta presentación personal porque en ella debo exponer vivencias, experiencias y pensamientos íntimos, enfoques propios, necesarios para explicar el sentido de la búsqueda teórica y práctica que realizo desde hace más de 40 años.

Me preocupa también que el hacerlo pueda parecer un acto desmedido de auto-promoción o de auto-referencia y complacencia, toda vez que me propongo escribir sobre "mi obra" tal como la veo, valoro y aprecio, seguramente más de lo que en ella podría ver y reconocer un observador imparcial. Al respecto (y lo que diré vale para todo lo que me concierne en este escrito y en mi sitio web personal), digo simplemente –y quienes me conocen podrán confirmarlo–, que en todos estos años de elaboración y de reflexión, he evitado en cuanto me ha sido posible la exposición pública o cualquier forma de notoriedad, negándome habitualmente a conceder entrevistas, a hacer pomposos "lanzamientos" de mis libros, a buscar quienes los reseñen y comenten, y otras actividades y costumbres normales y convenientes para que el aporte de un trabajo intelectual pueda ampliarse y difundirse.

No apreciando en mi comportamiento virtud ni mérito sino solamente la expresión de un temperamento personal, he pensado que si quiero ofrecer a nuestro aproblemado mundo el que pueda ser el aporte de mis estudios e investigaciones, es el momento de hacerlo bien y en la forma más completa posible, entregando también ciertas claves personales que ayuden a quien quiera recoger algo de este aporte, los elementos necesarios para su mejor aprovechamiento.

Así pues, con esta presentación de mis escritos, intento ofrecer una orientación general a quienes quieran conocerlos y estudiarlos, que ayude a comprender el sentido de la búsqueda en que me encuentro empeñado, y que facilite encontrar –en la gran cantidad de textos, de distinto nivel y variada temática, destinada a diferentes tipos de lectores–, aquello que pueda interesar a cada uno.

Es natural que un autor tenga conciencia de lo que ha pretendido hacer y de lo que ha realizado; pero es inevitable que la visión de su propia obra sea sesgada, parcial, y subjetiva. Lo que puede exponer es siempre un punto de vista, el suyo propio, y es probable que lo efectivamente logrado no corresponda exactamente a los propósitos perseguidos. Con todo, conocer esos propósitos y los modos en que se buscó alcanzarlos podría ser útil a los lectores, no solamente para comprender mejor los textos, sino también para evaluar la obra en su generalidad, y apreciar sus limitaciones y logros.

Vivencias, motivaciones y experiencias.

La construcción de teorías científicas trasciende las experiencias personales, puesto que se orienta a identificar racionalidades inherentes a realidades que son independientes de la conciencia y la voluntad del investigador, y puesto que se traduce en conceptualizaciones y análisis que se sostienen sobre bases epistemológicas y racionales autónomas. Pero toda búsqueda intelectual que se efectúa desde un tiempo y un lugar definidos, tiene en su base una experiencia de vida, y afronta una problemática asumida como propia por quien la realiza. Por eso, tal vez el mejor modo de comenzar la explicación de mi trabajo sea exponiendo algunos aspectos biográficos que podrían ser importantes para la mejor comprensión de lo que busco y del camino recorrido.

¿Qué me ha llevado a plantearme las preguntas que guían mi trabajo? ¿Cuáles problemas me he propuesto abordar, y porqué he llegado a pensarlos de un cierto modo y a proponer determinadas maneras de enfrentarlos? ¿Qué experiencias, qué circunstancias, qué realidades conocidas y sentidas puedo confesar que han estado a la base de mi búsqueda intelectual?

Habiendo decidido abrir y ofrecer en mi propio sitio de Internet el acceso al recorrido completo del pensamiento que he venido plasmando en mis escritos, considero oportuno y casi un deber exponer también algunos aspectos de mi experiencia personal, e incluso ciertas íntimas vivencias, que creo han influido en mi trabajo intelectual y que –en alguna medida difícil de precisar– lo explican y sirven a su mejor comprensión.

¿Cuánto me marcó, y cuánto influyó en mi dedicación a la economía de solidaridad y trabajo, y cuánto incide en la convicción que tengo respecto a su capacidad de proporcionar una buena vida a quienes participan en ella, y en mi inconmovible convicción de que no es una utopía, el hogar en cuyo seno se gestaron en mi infancia y adolescencia las vivencias que según explica la psicología marcan indeleblemente la vida de una persona?

Mi padre, italiano, emigrante, y mi madre, chilena hija de italianos, formaron en una parcela agrícola junto a la ciudad de Los Andes, Chile, una familia de siete hijos varones, siendo yo el tercero, hermanos entrañables hasta el presente. ¿Cómo describirla? Una familia de trabajo – ultivos, riego, cosechas, conservación de alimentos, confección de ropa, crianza de animales, elaboración de conservas, mermeladas, vino, etc.–... Una familia de estudio, donde se leía mucho y se aprendía compartiendo saberes, y que llevó a los sietes hermanos a ser profesionales universitarios destacados. Una familia donde se vivía una religiosidad tranquila, natural, sin beaterías, sin retórica. Una familia en que se practicaban deportes que nos conectaban con la naturaleza y generaban espacios de convivencia social.

Mi familia natal constituía una unidad económica solidaria, que podría ser descrita como un caso singular de economía agraria autosuficiente, en la que todos comparten las tareas según su edad y rasgos personales, en que se controla las propias condiciones de vida, en que se depende de sí mismos.

Una parcela agrícola organizada con los más puros criterios de la bio-diversidad, el policultivo, el respeto de la naturaleza y sus ciclos, fertilizantes orgánicos, ausencia de pesticidas. En síntesis, economía ecológica, sin que ello fuera el resultado de un conocimiento y estudio de la ecología –que en esos años no era un tema conocido–, sino el fruto del amor por la tierra y la vida, y de un trabajo que buscaba lograr los mejores productos para el consumo familiar y para ofrecer al mercado. En la producción, además del trabajo familiar, participaban trabajadores pagados que vivían en la parcela con sus familias. Nuestras relaciones con ellos eran de amistad, mutuamente respetuosas, amables, siempre atentas a las necesidades y preocupaciones de la vida cotidiana.

En ese contexto nunca supe de un conflicto laboral. Con los vecinos, con las amistades de mis padres y las nuestras, jamás malentendidos y dificultades serias; personas necesitadas eran acogidas y se les ayudaba. Lo más cercano a un ideal de vida familiar y de vecindad solidaria que haya conocido.

Pero esa experiencia y vivencia familiar no se armonizaba con la realidad externa que en lo personal tenía también que vivir. Ante todo, el colegio, exigente en el estudio y la formación personal, pero que experimenté como un lugar de relaciones difíciles, conflictivo, autoritario, con mínimos espacios de libertad y creatividad.

Y a doscientos metros del colegio, y a pocas cuadras de la casa, la pobreza, la miseria aglomerada en poblaciones marginales que por entonces se formaban a orillas del río Aconcagua y en sitios eriazos colindantes con la ciudad, donde llegaban día a día –nunca supe de dónde– familias misérrimas que se instalaban con sus casuchas de cartón y maderas de desecho, al aire libre, en el barro, sin los servicios básicos de agua, electricidad, salud, educación, y donde proliferaban enfermedades, delincuencia, hambre, sufrimientos.

Precisamente allí, a esa zona, íbamos periódicamente con el grupo de Acción Católica del colegio, llevando alimentos y consuelo religioso; y entendí desde el comienzo que lo que hacíamos no era nada frente a la magnitud de la miseria y la gravedad de los problemas allí instalados. Pero lo más importante es que mientras todo estaba bien en mi hogar, me parecía que éste era una isla en medio de un mundo que estaba mal, muy mal.

Nuestro colegio, por ser el único colegio católico para hombres de la ciudad, tenía la muy particular característica de que en él se juntaban los hijos de las familias ricas, de terratenientes y profesionales exitosos, que ostentaban su riqueza y seguridad, y los de familias que evidenciaban carencias básicas, dificultades económicas cotidianas. Un anciano profesor de historia, religioso español, no perdía ocasión de hacernos notar las diferencias del comportamiento de unos y otros, repitiendo sin cesar que para él, todos éramos iguales. "No acepto privilegios –decía–, ni por todo el oro del mundo". Con estas vivencias, claro está, se grabó en mi conciencia la idea de que algo estaba mal en nuestra sociedad.

Terminada la educación secundaria (media) ingresé al Seminario Pontificio de Santiago con la idea de ser sacerdote. Fueron tres años dedicados intensamente al estudio y la reflexión, donde tuve el privilegio de tener excelentes profesores, y compañeros con una muy fuerte inquietud social e intelectual. En el seminario, nuevamente, vida comunitaria, de estudio y de trabajo, todo en un ambiente de gran fraternidad, de ayuda mutua, de compartir saberes y bienes. Pero a diferencia de lo vivido hasta entonces en mi familia, se trataba de una comunidad de estudio, de trabajo y de vida evidentemente artificial, fuera de la realidad.

Al terminar los estudios de filosofía, movidos por la crítica que hacíamos a la separación respecto a los problemas reales de la sociedad en que estábamos, atraídos por las luchas sociales que empezaban a manifestarse en el país, un grupo numeroso de compañeros dejamos el seminario con la idea de ir a cambiar el mundo.

Entré a la Universidad, combinando los estudios con el trabajo que realicé primero en un Instituto de Estudios Políticos de orientación social cristiana dedicado a pensar el "comunitarismo", y luego en un Centro de Educación Popular comprometido en procesos de "concientización" y "organización popular".

Fueron esos años de ferviente agitación estudiantil y popular. Se gestaban cambios profundos, una revolución social y política, en la que había que participar. Junto a un grupo numeroso de estudiantes, creamos en la misma Universidad una Escuela de Capacitación Obrera. A ella llegaban diariamente después del trabajo, a estudiar especialidades técnicas y a formarse como dirigentes sociales, más de cuatrocientos obreros de fábricas. Con el movimiento estudiantil nos "tomamos" la Universidad durante seis meses. Con la juventud católica organizamos el movimiento que denominamos "Iglesia Junto al Pueblo y su Lucha", vinculado al de "Iglesia Joven".

Al calor de estas luchas estudiantiles y juveniles establecimos estrecho contactos con los sindicatos y el movimiento obrero y campesino. Durante unas vacaciones conviví en empresas autogestionadas de trabajadores que reivindicaban autonomía ideológica y se basaban en una extraordinaria cohesión interna. Estas experiencias que menciono, fueron emblemáticas en el incipiente proceso de autogestión de trabajadores, como Cootralaco, una fábrica de pilares y tubos de cemento que había sido traspasada a los trabajadores luego de un conflicto laboral con los antiguos propietarios, y como la mina de cobre El Carmen, que habiendo estado por años abandonada por sus dueños, y que fue reactivada y gestionada por una organización sindical de pirquineros.

Al terminar mis estudios de filosofía y sociología comencé a trabajar en la Universidad Técnica del Estado, donde asumí muy pronto funciones como Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Ingeniería, y como miembro del Consejo Superior de la Universidad. Ingresé luego al Partido Comunista, que gestaba junto a los otros partidos de izquierda el movimiento de Unidad Popular que pronto llegaría al Gobierno con Salvador Allende. No percibía incompatibilidad entre esta opción política y mi fe cristiana, ni con la validez que atribuía a la autogestión y el comunitarismo. En los hechos, la acción política la realicé en dos "frentes" que articulaban mis distintas preocupaciones: "el diálogo cristiano - marxista" en que estaban interesados la Iglesia y el Partido Comunista, y el proceso de "participación de los trabajadores en las Empresas del Área Social", en el que efectuábamos actividades de capacitación y asesoría en base a un Convenio entre la Universidad Técnica del Estado y la Central Única de Trabajadores.

Pero llegado este punto, debo aquí decir algo más específico sobre lo que representó para mí el marxismo, en la teoría y en la práctica, y cómo se articulaba entonces con mi formación y fe cristiana y con la valoración que hacía del comunitarismo y de la autogestión autónoma de los trabajadores.

En el Seminario y en la Universidad había estudiado ampliamente la Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento de pensadores sociales cristianos como Jacques Maritain, Louis-Joseph Lebret, Emmanuel Mounier. La doctrina social así entendida, en general era convincente, y estaba sustentada en una ética superior; pero siempre tuve la sensación personal de que no era suficiente para orientar procesos profundos de transformación social, porque enseñaba el "deber ser" de las relaciones sociales y de la convivencia humana, pero no el "cómo" se podía transitar desde la realidad establecida hasta aquella que se proponía como ideal.

En Chile fueron esos años de gran difusión del marxismo, que a diferencia del pensamiento cristiano, ponía todo el énfasis en la crítica de las estructuras económicas y sociales existentes, y en la indicación de un método de lucha y de acción transformadora: "la revolución social".

El ideal de sociedad que postulaba el marxismo –la sociedad comunista– me parecía entonces similar al que habían propuesto diversos pensadores cristianos del pasado y del presente, aunque sin duda la doctrina marxista era más radical en sus tesis de abolición de la propiedad privada, de la sociedad de clases, y del Estado. Por entonces tal vez no se prestaba mucha atención a la diferencia de los fines y a la diversidad de filosofías, y tampoco se profundizaba críticamente el modo en que el marxismo planteaba la cuestión del poder político, pues lo que importaba, donde se jugaba la posibilidad del cambio, parecía ser la cuestión de la organización del sujeto transformador y de la estrategia a desplegar en la acción social y política.

El marxismo se presentaba a sí mismo como una ideología "científica", y se ofrecía como camino realista para terminar con las injusticias y construir una sociedad nueva, de algún modo similar en cuanto a los valores propuestos a aquella prefigurada utópicamente por los pensadores socialistas precedentes y por el propio pensamiento comunitarista cristiano.

El rápido crecimiento del movimiento popular organizado en toda América Latina, su fuerza y sus movilizaciones, y el ascenso final de la Unidad Popular al gobierno de Chile, parecieron confirmar la cientificidad de la propuesta marxista. Y entonces, efectué un personal estudio del marxismo en profundidad, y escribí un libro de "Historia del Pensamiento Marxista", cuya publicación por capítulos en la Revista de la Universidad Técnica del Estado quedaría inconclusa, al sobrevenir el golpe militar de 1973. En estos escritos me esforcé sistemáticamente por ofrecer una 'lectura' abierta, no dogmática y con elementos explícitamente críticos, del pensamiento marxista. En efecto, encontraba que las formulaciones prevalecientes en la cultura marxista, asociadas a las experiencias del 'socialismo real', lo habían reducido a un materialismo histórico y a una filosofía 'dialéctica' rigidizadas, de carácter escolástico y con una evidente intencionalidad justificatoria de unas experiencias políticas, cuya distancia respecto a los ideales de una sociedad justa y libre eran demasiado evidentes.

Entendiendo que las distintas escuelas de pensamiento hacen aportes válidos al conocimiento de la historia y de la sociedad, y que proponen modos de acción que pueden complementarse en la construcción de una sociedad más justa y humana, fui integrando conocimientos de distintas fuentes, aspirando a una síntesis personal. Pero el golpe militar me obligó a salir del país luego de ser detenido. La derrota histórica del movimiento popular me llevó a plantearme la necesidad de repensarlo todo, desde el comienzo, y sin dar nada por cierto. En ello fue importante el hecho de haberme establecido con mi esposa e hijos en Italia, donde tuve ocasión de estudiar a fondo el pensamiento de Antonio Gramsci, y sobre el cual escribí junto a Pasquale Misuraca, dos libros cuyos títulos expresan bien el significado profundo de la búsqueda intelectual en la que estuve concentrado por cinco años: "Sociología y marxismo en la crítica de Gramsci", y "Política y Partidos en la Crítica de Gransci". Esta investigación, acompañada de un retorno al estudio y reflexión sobre las cuestiones filosóficas del conocimiento, de las ciencias, del hombre, y de la sociedad, me permitieron profundizar la crítica al positivismo cientificista e iniciar la búsqueda de un nuevo paradigma epistemológico. Un primer resultado de esta búsqueda fue la postulación de la que, en los escritos en colaboración con Misuraca, denominamos "una nueva ciencia de la historia y de la política".

En el marco de las elaboraciones críticas sobre el pensamiento social, político y económico, que entonces orientaban (y que habían guiado durante más de un siglo y medio) los intentos de transformar la sociedad para acceder a formas de vida y a relaciones humanas y sociales más justas y solidarias, desarrollamos una nueva comprensión de la 'crisis orgánica' de la civilización moderna, y a partir de ello llegamos a postular que la transformación social necesaria debía plantearse en la perspectiva de construir una nueva civilización, superior a la existente.

Esta temática, en mi opinión muy importante, la he desarrollado parcialmente en una serie de trabajos posteriores, vinculándola primero a las formulaciones relativas a la economía solidaria y a la construcción de una 'teoría económica comprensiva'. Más recientemente (en la primavera de 2009), en un trabajo conjunto con el citado Pasquale Misuraca, retomé el estudio y elaboración de la 'ciencia de la historia y de la política', en la preparación de una edición crítica y actualizada de los dos libros mencionados, que escribimos juntos treinta años antes, y que ahora republicamos con un nuevo título: "La Travesía", subtitulándolos, "Libro Primero: De la crítica del marxismo y las sociologías a la propuesta de una nueva ciencia de la historia y de la política", y "Libro Segundo: De la crítica de los partidos y del Estado a los inicios de una nueva civilización".

Esos estudios y trabajos realizados inicialmente en Italia, se complementaron con otros que realicé como investigador en la Universitá degli Studi Di Roma: uno sobre la historia del subdesarrollo de América Latina, y una investigación sobre la experiencia del cooperativismo italiano. Ellos me llevaron a profundizar el estudio de la ciencia económica, en forma autodidacta pero sistemáticamente, y con la orientación de un importante especialista italiano. Con ello conocí y profundicé la problemática teórica del cooperativismo, del mutualismo, y de la autogestión, enfoques que habían alcanzado un extraordinario desarrollo en Italia, y que suscitaban un debate y una significativa elaboración tendiente a adecuar el pensamiento cooperativo y autogestionario a las exigencias de su funcionamiento en el mercado moderno.

Nuestra casa en Roma era parte de un barrio cuya creación y desarrollo paulatino por una Cooperativa de Vivienda coincidió con los seis años de nuestra permanencia, lo que también me permitió interiorizarme en la racionalidad y las prácticas cooperativas, cuya vitalidad y limitaciones conocí y experimenté personalmente.

En Italia me retiré y desligué del Partido Comunista, habiendo comprendido la estrechez y limitaciones de sus posiciones teóricas y políticas, y considerando que mi búsqueda requería desenvolverse con la más completa libertad de pensamiento y de acción.

Volví a Chile (1980) con mi familia cuando precisamente arreciaba la crisis económica provocada por la implantación autoritaria del modelo neoliberal, y la desocupación alcanzaba niveles dramáticos. Comencé entonces a trabajar en el PET (Programa de Economía del Trabajo), un centro independiente de investigación y de servicios al "movimiento laboral", noción con que esta institución integraba a las organizaciones de trabajadores dependientes (sindicatos), asociados (cooperativas, empresas de autogestión o sea de administración autónoma, y organizaciones económicas populares), e independientes (artesanos, trabajadores por cuenta propia, microempresarios). En el PET desarrollé mi trabajo en el área de estudio y servicios a las organizaciones económicas populares, cooperativas y microempresas. Durante quince años así me relacioné directamente con muchas y muy variadas experiencias asociativas de base, y de segundo y tercer grado, y organicé y participé en innumerables actividades de capacitación y asesoría, accediendo al conocimiento directo de su realidad, situaciones, logros, y dificultades. Participé en procesos de sistematización, difusión y promoción en relación a esos emprendimientos. Me vinculé a diversas ONGs y grupos de apoyo, y entré a formar parte de varios Directorios de Instituciones, abocadas también al servicio de la economía popular y solidaria, entre ellas la 'Fundación Solidaridad' y 'Trabajo para un Hermano', que lo hacen desde una perspectiva declaradamente cristiana.

Entre las iniciativas que entonces organizamos en conjunto varias instituciones, destacan los Encuentros anuales de Talleres Laborales, que derivaron posteriormente en las Ferias-Encuentro de Talleres y Microempresas de la Economía Solidaria (FESOL), el Programa de Formación y Especialización en Economía Popular y de Solidaridad (FACES), La Red Integrando, el Boletín La Hoja de las Organizaciones Económicas Populares, y diversas instancias de coordinación entre ONGs e instituciones de apoyo a la economía popular y solidaria Casi desde el comienzo de estos trabajos me pareció que el concepto que mejor expresaba la identidad, el modo de ser, y la racionalidad económica con que operaban estas experiencias, era el de economía de solidaridad, o economía solidaria, que adopté y propuse decididamente en 1982, desarrollando en base a él mis elaboraciones teóricas y analíticas, así como las actividades académicas y de docencia que realicé por más de quince años desde la Universidad Bolivariana de Chile y también en otras instituciones de educación superior, y que continúo empleando ahora las metodologías del e-learning y la educación a distancia, desde UVIRTUAL.NET Educación Universitaria S.A. (sobre el origen de las expresiones 'economía de solidaridad' y 'economía solidaria', he ofrecido mi versión y experiencia en la Primera Lección de la Cátedra Latinoamericana de Economía Solidaria, así como en algunas entrevistas).

El trabajo directo con las organizaciones recién citadas, ha continuado hasta hoy, y se ha ido extendiendo en el conocimiento de siempre más experiencias solidarias en los distintos países de América Latina y en algunos de Europa. Naturalmente, el campo se ha venido ampliando hacia procesos y problemáticas afines, que se muestran relacionadas de múltiples modos tanto con la realidad como a nivel del conocimiento y la reflexión: el desarrollo local, las búsquedas de tecnologías alternativas y socialmente apropiadas, la economía campesina, la cuestión ambiental y la economía ecológica, la agroecología y la agricultura orgánica, las economías de los pueblos indígenas originarios, las comunidades autónomas, etc.

En términos de aproximación práctica a estas temáticas, en particular menciono mi participación como co-fundador del Instituto para el Estudio de las Culturas y Tecnologías Andinas (IECTA), mi pertenencia a la Comunidad Ecológica de Peñalolén (en la que viví con mi familia más de 10 años), y en la organización de una pequeña cooperativa familiar 'Cooperativa Trabajo en Amistad', de un 'Museo Campesino y de los Antiguos Oficios', y de un 'Centro de Desarrollo Sustentable' (en formación). Estos trabajos de investigación teórica, de formación y enseñanza, y de promoción y organización de organizaciones, los he desarrollado paralelamente, pero estrechamente vinculados, a una amplia actividad académica de carácter universitario.

Mi experiencia académica –realizada sucesivamente en la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad Técnica del Estado de Chile, la Università degli Studi 'La Sapienza' di Roma, la Universidad Alberto Hurtado, y la Universidad Bolivariana (Chile)– ha sido de gran importancia en el desarrollo de mis estudios y trabajos intelectuales. La Universidad y los estudios e investigaciones desarrollados en ella, me han ido llevando a una progresiva ampliación de la temática sobre la que se concentra mi interés. Así, de la economía solidaria accedí a la cuestión del desarrollo sustentable, y de éste a la consideración de la economía en su conjunto, que me esfuerzo en 'comprender' en la diversidad y pluralidad de sus racionalidades, y en sus procesos de desarrollo, transformación, y perfeccionamiento en el tiempo. En algún momento de dicho proceso investigativo, vuelve a presentarse como central la perspectiva de la creación de una nueva civilización, lo que a su vez me lleva a retornar a las cuestiones filosóficas del conocimiento, de la 'naturaleza humana', y del ser y la verdad, que estuvieron al comienzo de mis estudios y cuyas interrogantes fundamentales siempre me han acompañado.

Así, cada vez más mi aproximación intelectual a mis preocupaciones de base, se ha centrando en esta problemática filosófica, en la que descubro los orígenes últimos y más profundos de los errores teóricos y las distorsiones prácticas que se observan en la economía, la política y la sociedad moderna, y que por consiguiente requieren ser corregidos o superados en y desde este nivel del pensamiento.

Todas estas vivencias y experiencias ya relatadas y otras que he omitido, han estado de algún modo influyendo y haciéndose presentes en mis consideraciones intelectuales y de base. Por cierto, uno trabaja en la realidad inmediata a la que se enfrenta, pensando en el mundo... Y a su vez, piensa en el mundo trabajando en la realidad inmediata y tomándola en cuenta. La reflexión creativa se alimenta así de innumerables experiencias directas e indirectas y en distintos niveles, así como de múltiples fuentes de conocimiento e información, y de los variados aportes de muchos autores y de muchos diferentes textos. Cómo es que todo aquello llega a combinarse, a integrarse y a elaborarse creativamente en la mente de cada uno, es un verdadero misterio...

Dejando, pues, hasta aquí el asunto de consideraciones mas bien teóricas, procedo ahora a exponer algo sobre la secuencia o desarrollo en el tiempo, los niveles analíticos, el sentido y los objetivos que se proponen los diferentes escritos en que he venido vertiendo mis experiencias, estudios y reflexiones, y también a explicar el lugar que creo ocupa cada trabajo en el desarrollo de todos ellos.

Niveles, secuencias y sentidos.

Las publicaciones tienen fecha y ello permite su ordenamiento cronológico y situar cada trabajo en el contexto histórico-social en que fueron escritos. Un estudio acucioso permitiría apreciar también la evolución de la investigación; pero ese trabajo no me parece que aporte mayormente a la comprensión de mis escritos.

Aunque han ocurrido en el mundo y en Chile muchas transformaciones en los 40 años, que han transcurrido desde que inicié esta investigación, tiempo en que además han ido surgiendo diferentes problemáticas, enfoques, debates, y conceptos relacionados con los temas que abordo, todo lo cual debe ciertamente haber influido en su desarrollo, pienso que la investigación que ha dado lugar a los distintos libros y escritos se despliega, en lo esencial, a un nivel teórico, que intenta ser sistemático, que pretende trascender las coyunturas, y que se plantea en una perspectiva de tiempos largos.

Dicho de otro modo, en mi personal entender, lo que he venido elaborando está marcado menos por las circunstancias y procesos externos que por la lógica de un desarrollo conceptual y analítico, que se despliega con autonomía y coherencia interna, conforme a un proyecto intelectual que ha ido determinando en su propio desarrollo, sus etapas y sus momentos.

Lo que quiero decir de este modo, es que tengo la pretensión –no menor–, de que si bien algunos de mis libros tengan ya más de treinta años de haber sido concebidos, opino que son actuales y que tendrán una vigencia prolongada. Esa es –lo digo en mi descargo–, una pretensión compartida por cualquier formulación que se despliegue a nivel teórico, entendiendo por tal la conceptualización de racionalidades internas de procesos estructurales. En todo caso, tienen para mí la coherencia y mantienen (también para mí) la actualidad, que me lleva a decir que hoy suscribo lo que escribí hace años, y que si algo no lo hubiera escrito tendría que escribirlo ahora. Esto último lo afirmo para los escritos insertos en la perspectiva teórica de la economía de solidaridad, de la ciencia de la historia y de la política, y de la búsqueda filosófica de nuevas estructuras del conocimiento; pero no respecto a aquellos escritos anteriores al momento en que pensé que era necesario pensarlo todo de nuevo, desde el comienzo.

Pero la investigación se ha desenvuelto en distintos niveles de análisis, y ha dado lugar a escritos destinados a diferentes tipos de lectores, expuestos con diversa amplitud y profundidad. Están aquellos que se refieren a procesos propios de mi país, los que se extienden a experiencias latinoamericanas, y otros que abarcan temáticas y problemas económicos, políticos e históricos globales. Algunos abordan temas muy específicos y de interés acotado, y otros extienden el campo de la reflexión a grandes cuestiones históricas, epocales, y de civilización. Se diferencian también por sus diferentes períodos de maduración, desde aquellos que se escriben velozmente en ocasión de un evento, de una conferencia, o a solicitud de una revista, hasta la obra teórica que se despliega ininterrumpidamente durante décadas. Algunos exponen analítica y minuciosamente los conceptos, mientras otros sintetizan y presentan en grandes trazos las ideas principales.

Son estas diferencias, que responden a la singular cualidad de desenvolverse la investigación tanto en conexión con búsquedas y procesos organizativos prácticos, como en referencia al desarrollo del pensamiento académico y científico, las que hacen oportuna esta presentación. Pero en razón de su misma diversidad, no cabe sino efectuarla a partir de los textos mismos.

Presentaré los diferentes libros y trabajos teóricos diferenciando sus tres grandes áreas temáticas conforme a las cuales los hemos dispuesto en este sitio: (1) La Economía Solidaria, el Desarrollo Sustentable, y la Teoría Económica Comprensiva. (2) La Ciencia de la Historia y de la Política, y las elaboraciones sobre el tránsito a una Nueva Civilización. (3) La Filosofía, como búsqueda de una nueva estructura del conocimiento, y como esfuerzo de comprensión del hombre y del ser.

Espero que pueda apreciarse, sin embargo, el nexo interno que las une, en cuanto forman parte de una misma búsqueda intelectual, de modo que su distinción corresponde más a la adscripción de cada libro y estudio a las áreas disciplinarias del conocimiento, tal como son establecidas académicamente, que a alguna subdivisión interna de la investigación misma.

Teoría Económica Comprensiva  Economía Solidaria  Desarrollo Sustentable  El comienzo de la investigación: los dos primeros libros

El primero de los libros relacionados con la economía solidaria, escrito en colaboración con un equipo de investigadores del PET – Las Organizaciones Económicas Populares (1983) –, es un estudio referido a experiencias y procesos organizativos situados en un período y en un lugar precisos, y en sus tres ediciones sucesivas fue complementando los análisis conforme al despliegue de los hechos.

Los años están expresamente indicados en el mismo título de cada edición; siendo así, la realidad que allí se expone es pasado, y lo escrito conserva vigencia en cuanto testimonio histórico de los orígenes de una experiencia social que ha continuado su propio proceso, y en cuanto proporciona aprendizajes útiles para otras experiencias similares.

Más allá de esto, debo decir que fue en el desarrollo de aquella investigación "de campo" (en su conexión con una investigación teórica que realizaba paralelamente y a la cual me referiré luego), donde y cuando se formaron en mi mente las intuiciones e ideas básicas sobre las que he continuado trabajando hasta hoy día en el campo económico, o sea la perspectiva teórica de la economía de solidaridad por un lado, y el mercado democrático por otro lado.

Pero en el libro que estoy presentando –obra colectiva sujeta a una metodología predefinida y limitada en su exposición a lo establecido en el proyecto– se encuentra solamente implícita, como en embrión aún no nacido, la concepción teórica que comencé a escribir paralelamente en otro libro –empresas de trabajadores y economía de mercado (1982)– que fue publicado cuando preparábamos la edición del libro sobre las organizaciones económicas populares. Si hago notar esta contemporaneidad es para mostrar que, mientras por un lado estaba sumergido en el conocimiento de las organizaciones económicas populares muy precarias, abocadas a garantizar la "subsistencia" de los más pobres y excluidos, y en un contexto de transformación neoliberal del mercado y del Estado, mi pensamiento tenía en la mira el desarrollo cooperativo, cuyo potencial económico había conocido en Italia, y cuyo examen teórico me llevaba a descubrir tanto su eficiente racionalidad económica como la necesidad de su renovación o refundación.

Me preguntaba acaso las pequeñas y precarias organizaciones económicas populares fueran ya el germen de un nuevo desarrollo cooperativo, a desplegarse en la perspectiva y con la coherencia que empezaba a concebir en términos de economía de solidaridad y trabajo.

Puedo agregar que, como estudio "de campo" que sistematiza experiencias que hacen parte de un proceso social multifacético, la investigación sobre las organizaciones económicas populares ofrece una propuesta metodológica interesante en varios sentidos.

Una primera característica de la investigación es que busca satisfacer la demanda de conocimientos que surge de los propios protagonistas del proceso estudiado, o sea de organizaciones sociales de base que requieren entender mejor lo que son y lo que hacen, precisar su identidad y sus proyecciones, individualizar sus potencialidades y limitaciones.

La segunda es el carácter colectivo del sujeto investigador, en cuanto compuesto por un grupo de especialistas en distintas disciplinas científicas, y en cuanto participaron en las distintas fases de la investigación numerosas personas y organizaciones sociales que aportaron no solamente información empírica sino también muchas ideas, hipótesis, reflexiones y conocimientos de distintos niveles, que contribuyeron decisivamente a la comprensión del fenómeno estudiado.

La tercera consiste en la singular combinación entre las dimensiones empírica y teórica de la investigación, no siendo esta última un marco teórico asumido previamente sino elaborado creativamente en el proceso de reflexión sobre la información empírica recogida.

Y finalmente, la peculiar circunstancia que la investigación terminada se prolonga luego y se actualiza, tanto empírica como teóricamente, en tres sucesivos momentos a lo largo de diez años, constituyendo un proceso de acompañamiento reflexivo del proceso social estudiado, y dando lugar a sus tres ediciones "actualizadas".

Así presentado el primer libro, presento ahora el segundo ya mencionado, que en su primera edición se llamó Empresa de Trabajadores y Economía de Mercado (1982), y en la segunda mereció el plural – Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado (1991) – en razón de cierta ampliación efectuada. En el subtítulo, "Para una teoría del fenómeno cooperativo y de la democratización del mercado" se precisan el tema y el objetivo de la obra, que se propone desarrollar una nueva forma de concebir las empresas cooperativas, y el nivel en que se despliega la elaboración, de carácter decididamente teórico.

Este libro es el primero de una elaboración teórica que continúa en la obra de cuatro volúmenes que agrupo bajo el título general de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático, los que al estar numerados desde el Libro Primero al Libro Cuarto, implican que el referido a las Empresas de Trabajadores pueda considerarse como su Libro Cero.

Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado se plantea como la exposición de "una teoría científica del fenómeno cooperativo", partiendo de la constatación de que el cooperativismo, si bien ha experimentado en su historia bicentenaria un notable desarrollo y diversificación en todo el mundo, ha manifestado límites y crisis en su expansión, y no ha llegado a imponerse como sujeto autónomo dotado de efectiva capacidad de dirección de los cambios económicos y políticos, manteniéndose en un plano subordinado respecto a las grandes tendencias tanto del mercado como de la economía pública.

Dificultades de acceso al capital, problemas de gestión, escaso dinamismo de innovación tecnológica, problemas en el tratamiento del trabajo, tendencias a la burocratización, pérdidas de identidad y asimilación de prácticas capitalistas, dependencias respecto al Estado y a los apoyos públicos, dificultades en su inserción en los mercados, configuran un cuadro de problemas que son recurrentes en el movimiento cooperativo. Estas limitaciones requieren una explicación rigurosa, a partir de la cual se puedan también identificar las potencialidades que subsisten de que este sujeto organizado desarrolle fuerzas propias de respuesta a la crisis económico-social y de transformación histórico-política. Todo esto es lo examino detalladamente en el libro.

Una de las tesis que allí expongo es que las mencionadas limitaciones y problemas se explican en gran medida en razón de postulados doctrinarios e ideológicos asumidos por el movimiento cooperativo en sus orígenes, que en alguna medida implican cierto distanciamiento respecto a su propia racionalidad económica, y que dan lugar a inflexibilidades e ineficiencias en su participación en los mercados, y a distorsiones en su funcionamiento como consecuencia del intento de superar estos problemas adoptando prácticas ajenas a su racionalidad especial, y que terminan asimilándolo a los modos de ser de las formas económicas capitalistas y estatales. Es esta tesis la que me lleva a investigar la racionalidad económica de las empresas cooperativas, en el plano de la teoría económica y no de la doctrina o ideología cooperativas.

La elaboración teórica me lleva a postular, conforme a la conceptualización de la mencionada racionalidad, un nuevo modelo de empresa de trabajadores, nuevos modos de integración y asociación intercooperativa, y nuevas formas de inserción en los mercados. Esta propuesta la expreso como necesidad de una profunda renovación e incluso de refundación del cooperativismo, la que debiera hacerse a partir de las experiencias actualmente existentes, integrando al movimiento las nuevas búsquedas de economías alternativas y solidarias, y orientando el proceso con una concepción económico-científica de la cooperación que corrige algunos aspectos de los postulados y principios doctrinarios e ideológicos por los que se ha guiado en su desarrollo histórico.

En la parte final del libro reflexiono algunos temas generales que interesan al cooperativismo: las fuerzas de transformación económico-social que puede desplegar un cooperativismo renovado; las relaciones entre teoría y práctica en el movimiento; la relación entre libertad individual, cooperación y Estado; y el proyecto macroeconómico del cooperativismo, respecto al cual postulo un nuevo enfoque en base al concepto de mercado democrático.

Personalmente atribuyo a este libro gran importancia, no solamente porque propone una nueva manera de comprender el cooperativismo en cuanto inserto en la perspectiva más amplia de la economía de solidaridad, sino también en cuanto da inicio a una concepción teórica sobre las búsquedas de formas de empresa alternativas centrada en la cuestión de sus racionalidades económicas especiales, poniendo las bases sobre las que se construye la teoría de la economía de solidaridad y trabajo, y contribuyendo a una nueva manera de comprender el mercado y la economía en general.

La indagación teórica sobre las racionalidades económicas "alternativas" y la exposición del nuevo modo de comprender la economía, la continúo y desarrollo en los cuatro volúmenes de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático. Pero siendo ésta la "obra mayor", más compleja y abstracta, es conveniente dejar para el final su presentación y explicación, procediendo a referirme ahora a otros tres libros en que doy continuidad a las reflexiones iniciadas en Las Organizaciones Económicas Populares, y que amplían su temática profundizando la problemática.




Tres libros de análisis, reflexión y debate.

A diferencia de los anteriores, los libros en referencia no recogen investigaciones "de campo" ni se instalan plenamente en el terreno de la teoría económica; son escritos que podría llamar "de análisis, reflexión y debate", aunque por cierto se refieren a procesos y experiencias reales, y en ellos emergen variados contenidos de carácter teórico.

En cierto modo y en parte, podría también considerarlos como propuestas "ideológicas", si el término no estuviera tan cargado de contenidos ambiguos y de significados dudosos.

Economía Popular de Solidaridad. Identidad y proyecto en una visión integradora (1986), recoge la reflexión iniciada en Las organizaciones económicas populares, ampliando la temática, profundizando las cuestiones que se debatían en torno a aquél fenómeno social y económico, y desplegando análisis que en el Preludio identifico como de "teoría concreta". En él expongo, además, ideas y propuestas que fueron parte de la discusión que efectuamos en el equipo de esa investigación "de campo" que continuaba desarrollándose, pero respecto a las cuales no siempre alcanzamos acuerdo entre los investigadores.

Me gusta el modo en que presenté este libro en su Preludio, y como pienso que expresa bien lo que pretende reproduzco seguidamente una parte:

«« El sujeto de nuestro estudio es un fenómeno social, un proceso histórico, un conjunto de variadas experiencias; pero en esta ocasión apenas si nos detenemos en sus manifestaciones concretas.

No expondremos aquí el resultado de una investigación empírica, ni una sistematización de la experiencia en base a estudios de casos o algún otro medio de adquisición de informaciones. Lo que aquí hemos hecho y proponemos es teoría. Las teorías suelen ser concepciones generales y abstractas, y están desprestigiadas.

Como no creemos merecer tal menosprecio, nos adelantamos a decir que lo que proponemos aquí son análisis específicos en que los procesos y fenómenos reales son examinados en su desenvolvimiento particular. Pero no el desenvolvimiento de los hechos mismos que eso sería hacer historia, o crónica sino el despliegue de su racionalidad y lógica interna, lo que supone un desempeño eminentemente conceptual: un trabajo de construcción teórica.

En otra ocasión formulamos para algo similar a esto la noción de teoría concreta. (...) Todas las preguntas y problemas que son aquí materia de nuestra reflexión han surgido en la práctica, como demanda de conocimiento que formulan quienes participan y colaboran en el proceso el sujeto que nos ocupa. (...) A esos mismos agentes pretende llegar este libro, que se propone aportar a la satisfacción de esa demanda de teoría que surge de la práctica. Dicho de otro modo, queremos servir al concreto potenciamiento y desarrollo de unas experiencias que valoramos y queremos. »»

La sola mención de los temas tratados en el libro proporciona un panorama de las cuestiones que surgían en aquél proceso, sobre las que se centró mi reflexión de esos años: "los orígenes, los componentes y la identidad de la economía popular solidaria", sus "perspectivas y potencialidades transformadoras", "racionalidad económica y lógica operacional", "la cuestión de la autonomía y de las relaciones con el mercado y con las instituciones de apoyo", "la economía de solidaridad en un proyecto de democratización económica" y "en una perspectiva de desarrollo alternativo", "la proyección política del proceso", y "la civilización del amor y la economía solidaria".

El segundo de esta secuencia de escritos que comparten el mismo carácter "teórico-práctico" y que avanza en la reflexión de la problemática que surge de este tipo experiencias, es un pequeño libro titulado De la Economía Popular a la Economía de Solidaridad en un Proyecto de Desarrollo Alternativo (1992).

En él extiendo el campo de estudio para abarcar el conjunto de la economía popular, yendo más allá de la que presenta connotaciones solidarias. Propongo una tipología que permita distinguir su diversidad de formas y niveles, y examino las causas estructurales del fenómeno, a partir de las diversas interpretaciones que se le han dado, con el objeto de develar su carácter y posibles proyecciones.

Entendiéndolo como "un proceso de activación y movilización económica de los sectores populares", inserto en la dinámica histórica de los movimientos sociales latinoamericanos, profundizo la cuestión de su identidad como fenómeno económico-social, para lo cual examino las estructuras de su acción y organización, comparándolas con las que caracterizan a otros procesos de organización social. Y la cuestión más de fondo que exploro es la de las potencialidades que pueda desplegar la economía popular en la perspectiva de constituirse como economía de solidaridad, y de aportar a un nuevo tipo de desarrollo.

El libro concluye con la propuesta de un "sistema de apoyo" a la economía popular y de solidaridad, que cumpla la doble función de favorecer su viabilidad y eficiencia económica, y que favorezca su desarrollo en una perspectiva de economía solidaria.

El último y más completo de estos libros que van expandiendo y profundizando la problemática teórico-práctica de la construcción histórica de la economía solidaria se titula Los Caminos de la Economía de Solidaridad (1993). Cuando lo escribo, las experiencias de economía solidaria se han difundido por toda América Latina y otras regiones, y he tenido ocasión de conocerlas e interiorizarme de su siempre renovada problemática y de los debates que suscita; han aparecido nuevas y muy variadas manifestaciones que comparten similar racionalidad económica, que se vienen a sumar a las más antiguas; por otro lado, ya he desplegado la elaboración de la teoría de la economía de solidaridad. Todo ello me permite proponer en este libro una suerte de visión panorámica de los distintos procesos y de las variadas cuestiones que abre a la reflexión teórica y a la indagación analítica.

Considero este libro como aquél en que expongo de manera madura, ordenada y sintética, los "caminos" recorridos por el proceso y por el pensamiento con que lo he acompañado, así como las perspectivas históricas que aparecen a la luz de la reflexión teórica desplegada. Pero tal vez el mayor aporte de este libro lo constituya el poner en relación el proceso de construcción de la economía de solidaridad, en su multiplicidad de formas y manifestaciones, con las grandes cuestiones y problemas del mundo contemporáneo: la pobreza y la exclusión social, el desarrollo de la sociedad civil, la cuestión del trabajo, los procesos de participación y empoderamiento social, la problemática del cambio y de la transformación de la sociedad, el deterioro del medio ambiente y la cuestión ecológica, el tema del consumo, la búsqueda de un desarrollo local y alternativo, la problemática de género y de la familia, la cuestión indígena y de las culturas originarias, el desarrollo de la espiritualidad y la conciencia, y la búsqueda de una nueva civilización a partir de la crisis de la que hoy parece encontrarse en su fase terminal.

Tres primeros textos de formación y capacitación.

He contado que la elaboración teórica, la he ido desarrollando poco a poco, en paralelo y en conexión con la experiencia del proceso social de formación y desarrollo de la economía popular y solidaria, y que en dicho trabajo me ha correspondido realizar variadas actividades de formación y apoyo a las experiencias de base. En este contexto, he escrito tres "manuales" o pequeños libros de formación, que han sido empleados en numerosos cursos y programas de capacitación, orientados especialmente a "monitores", capacitadores o facilitadores (como se les llama ahora), aunque también espero que puedan ser estudiados por dirigentes y miembros de organizaciones de la economía solidaria.

El primero, 'Las Empresas Alternativas', es un texto de estudio orientado a la formación teórica, y en su nivel y a su modo sintetiza los principales contenidos de la teoría microeconómica de la economía de solidaridad. Lo que quiere ser este escrito, está bien dicho en la Introducción: Este compendio considera una parte de lo que entendemos por "economía alternativa" y "economía de solidaridad"; se refiere, específicamente, a los diferentes tipos de unidades económicas alternativas y a los factores, relaciones y procesos que las configuran. Se pone, por consiguiente, en el ámbito de lo que suele denominarse microeconomía. Es un texto de divulgación, dirigido a personas y grupos interesados en la materia, cuyo estudio y comprensión no requiere una formación previa especializada.(...) Puede ser utilizado como texto básico en cursos de formación, o bien servir como material en estudios individuales o de grupos. Pensamos que algunas de las unidades que lo componen podrían ser usadas también como base para la preparación de temas específicos. Ha sido elaborado, pues, con intención pedagógica; pero hemos pretendido preservar en todo lo posible la rigurosidad del contenido. No sabemos en qué medida hayamos superado con éxito el perenne desafío de comunicar en forma sencilla y accesible unos contenidos complejos que pretenden conservar exactitud científica y profundidad teórica.

El segundo a este nivel, 'Manual del Taller Autogestionado', es un texto de capacitación que escribí junto con Arno Klenner, un economista experto en autogestión y cooperativismo. Se trata de un manual orientado a la práctica de organización y gestión de pequeñas empresas autogestionadas, en que intentamos adaptar y aplicar contenidos teóricos de economía de solidaridad junto con elementos generales de administración empresarial, a los procesos organizativos y a las funciones técnicas –administración, financiamiento, comercialización, etc.– propias de la gestión de pequeñas empresas autogestionadas o cooperativas. Aunque pienso que este manual aporta elementos importantes y útiles, y algunas novedades respecto a los numerosos manuales existentes sobre estos temas, creo que adolece de insuficiente elaboración de la "novedad" de la economía solidaria, y presenta limitaciones en cuanto al reconocimiento de la lógica operacional particular de las empresas asociativas de trabajadores.

El tercer texto orientado a la capacitación es un brevísimo manual denominado 'Modelos Organizativos de Talleres Laborales'. Lo escribí con el objeto muy preciso de ofrecer algunas orientaciones prácticas, derivadas de la teoría de las empresas de trabajadores, aplicada en base al conocimiento adquirido de las experiencias concretas, sobre cómo estructurar tres tipos de pequeñas empresas solidarias: el taller solidario, la microempresa familiar, y la pequeña empresa autogestionada. Lo considero una "joyita", de gran utilidad práctica, para cursos, programas y textos de formación avanzada.

La estructura y la lógica de la investigación teórica.

Habiendo terminado la presentación de las obras de difusión y formación, a continuación corresponde presentar y explicar la investigación principal, específicamente teórica, de carácter científico, que se desarrolla en los cuatro volúmenes de la obra Economía de Solidaridad y Mercado Democrático.

El Libro Primero se titula Las Donaciones y la Economía de Solidaridad (Primera edición, 1984; segunda, 1994); el Libro Segundo se titula Crítica de la Economía, Mercado Democrático y Crecimiento (1984, 1994); el Libro Tercero es Fundamentos de una Teoría Económica Comprensiva (1988, 1994); y el Libro Cuarto Desarrollo, Transformación y Perfeccionamiento de la Economía en el Tiempo (2000).

Conviene advertir que en la primera edición de los tres primeros, estos títulos aparecían como subtítulos de los volúmenes correspondientes de la obra general; pero razones editoriales aconsejaron que en la segunda edición apareciera cada volumen con su propio título, especificándose en cada uno (a modo de subtítulo) el ser parte de la obra general. En realidad cada uno de estos cuatro libros constituye una unidad independiente en cuanto a su temática y puede ser leído como tal. Pero debe entenderse que constituyen en su conjunto una sola investigación teórica, que procede metódicamente de uno a otro conforme a un plan definido desde el comienzo y realizado sistemáticamente sin solución de continuidad.

Antes de presentar cada uno de estos libros me parece oportuno decir algo sobre la estructura general de la obra, para que se comprenda mejor su sentido y el lugar que en ella ocupa cada uno de los volúmenes. Lo que intentaré es una breve exposición la que podría considerarse la lógica de la investigación, que atraviesa toda la elaboración teórica en referencia. Pero advierto que es solamente un intento, parcial y limitado desde todo punto de vista, pues aunque me esfuerzo por comprender mi propia elaboración teórica, teniendo conciencia de que en ella se despliega una lógica que va generando conceptos y análisis coherentes entre sí, debo confesar que no sé cómo se fueron combinando en mi mente esos conceptos y análisis de distinto nivel, y las realidades de diferente amplitud en el tiempo y el espacio a que se refieren, dando lugar a una concepción teórica singular en su forma y en sus contenidos.

La primera anotación que puedo hacer es que la investigación va siguiendo las que podríamos considerar como tres direcciones por las que, simultáneamente, se va abriendo y desplegando en amplitud y profundidad el campo de realidad estudiado.

Conforme a la primera dirección se procede desde lo microeconómico a lo sectorial y a lo macroeconómico; conforme a la segunda se procede desde el enfoque de una forma elemental particular al reconocimiento progresivo de la diversidad de formas económicas existentes; y conforme a la tercera se procede según el ordenamiento clásico que distingue en la economía los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación o desarrollo.

Proceder desde lo microeconómico hacia lo macroeconómico lo considero esencial para evitar la ideologización del pensamiento, consistente en postular totalizaciones pre-científicas de la realidad que impiden el reconocimiento de la diversidad y pluralidad de contenidos y formas que la constituyen. El recorrido metodológico que propiciamos, que parte efectuando el reconocimiento de la composición múltiple y heterogénea de las realidades económicas que proceden conforme a lógicas operacionales particulares, y que se proyecta luego al análisis de realidades sectoriales que manifiestan racionalidades especiales, parece ser el único apropiado para satisfacer la necesidad de diversificar la microeconomía y alcanzar una comprensión macroeconómica que integre y reconozca la pluralidad, y cuya coherencia no resulte de la absolutización de un enfoque unilateral sino del reconocimiento de la diversidad y del pluralismo de formas y contenidos, lógicas y racionalidades, que forman parte de las economías reales.

Ahora bien, el acceso al conocimiento de las lógicas y racionalidades de las unidades económicas y de sus procesos de desarrollo requiere traspasar cognitivamente los datos de la experiencia empírica para penetrar en los niveles estructurantes de la realidad. Esto supone un proceso que no es el de abstracción y generalización para descubrir lo que les sea común (procedimiento tradicional de la conceptualización teórica), sino partir identificando las formas elementales y más simples que configuran cada realidad, y que se presentan en todas ellas. Así, la elaboración teórica comienza analizando las formas constitutivas de la realidad, desde aquella que se presente como la más simple, y examinando luego sus conexiones con otras formas, el análisis va descubriendo las relaciones, encadenamientos y articulaciones que se dan entre ellas, y que constituyen el entramado estructural que explica las dinámicas y racionalidades más generales.

Para explicarlo con un ejemplo, para comprender el mercado es preciso partir de la forma elemental de las transferencias, identificando sus múltiples configuraciones, y mediante el reconocimiento de las relaciones entre ellas, acceder a la comprensión de estructuras y dinámicas sectoriales, cuyas diversas racionalidades interaccionan dando lugar al funcionamiento del mercado determinado.

En fin, siendo la economía un sistema dinámico donde se encadenan los subsistemas igualmente dinámicos de la producción, la distribución, el consumo y la acumulación, cuyo entrelazamiento determina las dinámicas del crecimiento, la transformación y el perfeccionamiento de la economía en su conjunto y en el tiempo, el análisis debe recorrer esos distintos subsistemas y fases del proceso, hasta acceder a la reconstrucción teórica de sus estructuras y dinámicas generales.

El despliegue de la investigación conforme a estas tres direcciones en que avanza simultáneamente el conocimiento, es constitutiva de la lógica de investigación que se manifiesta en la que llamamos "teoría económica comprensiva"; pero esas direcciones identifican solamente líneas muy generales y no implican que la investigación se haya sujetado a un esquema formal predefinido rígidamente. Son, además, direcciones que se cumplen en ciertas etapas del trabajo, y luego se retoman más adelante implicando nuevas y sucesivas aperturas y ampliaciones, en un proceso investigativo que procede como en espiral.

Dicho de otro modo, no se trata de que las tres direcciones den lugar a un programa de investigación que establezca una secuencia formal de temas metódicamente tratados, constituyendo más bien una lógica implícita que guía la búsqueda y hace que el pensamiento transite en las direcciones indicadas, sabiendo desde donde se parte y hacia donde se va, pero no avanzando en línea recta para llegar rápidamente a la meta sino recorriendo a lo largo del camino los campos aledaños y los contextos que se van reconociendo. Mientras avanza en una dirección, la búsqueda se expande y va ampliando el campo, y mientras se amplía la búsqueda y el campo de estudio se expande, se avanza en una dirección.

Los libros que desarrollan y exponen la "teoría económica comprensiva".

Cómo se manifiestan esta lógica de la investigación y sus "tres direcciones" en el proceso de la elaboración teórica, lo podemos apreciar presentando los contenidos de cada libro, en el orden en que fueron escritos.

Siendo el comienzo y parte de esta construcción teórica, es preciso volver a Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado (el Libro Cero). El estudio se plantea a nivel microeconómico y está centrado en la producción, partiendo de la empresa como su unidad elemental, y cuya pluralidad de estructuras y lógicas operacionales es descubierta en base al reconocimiento de los factores productivos (componentes básicos de la producción) y sus diferentes modos de organización posibles.

El estudio de la empresa comienza y se concentra en una de sus formas –la empresa de trabajadores–, y se extiende luego a otros tipos de empresas cooperativas y de comunidad. Del análisis microeconómico se pasa al nivel sectorial (el movimiento cooperativo como sector y sus lógicas de integración), y del proceso de producción al de distribución (en el estudio del mercado). Se concluye a nivel macroeconómico, integrando la cuestión del Estado y los problemas de desarrollo.

De este modo este primer libro teórico, en cuanto constituye una unidad independiente, cumple cierto recorrido en las tres direcciones indicadas por la lógica de esta investigación teórica. Sin embargo, en cuanto es parte de la obra teórica general, y atendiendo a lo central de su elaboración conceptual, este primer libro establece el análisis en los puntos de partida de la teoría general: la empresa en cuanto unidad microeconómica, las formas elementales cuya concatenación permite descubrir las lógicas operacionales, y el proceso de producción como primera fase del circuito económico general.

El segundo libro teórico, Las Donaciones y la Economía de Solidaridad, que se presenta como Libro Primero aunque es continuidad del anterior, desarrolla el análisis del proceso de distribución, a nivel microeconómico y partiendo de sus formas elementales: las transferencias o "relaciones económicas", comenzando desde una de sus formas, los intercambios, y ampliándose luego al estudio de las donaciones, sobre las que el análisis se detiene largamente.

Desde la forma elemental de la donación se pasa al estudio de sus diferentes tipos, y desde ellos al examen de las "instituciones o empresas donantes", develando su lógica operacional particular. De las donaciones el análisis se extiendo al reconocimiento de las otras formas de transferencias: reciprocidad, comensalidad, cooperación, tributaciones y asignaciones jerárquicas. Ello conduce al estudio sectorial, exponiendo la racionalidad especial de la economía solidaria como sector que presenta una pluralidad de formas y lógicas operacionales. Finalmente, siempre en el marco del proceso de distribución y a nivel sectorial, se procede a la elaboración de la teoría del "mercado de donaciones".

El Libro Segundo, Crítica de la Economía, Mercado Democrático y Crecimiento, que es el tercero de la construcción teórica, deja ya el terreno propiamente microeconómico y se instala decididamente en el sectorial, con nuevas aperturas a la dimensión macroeconómica.

El libro comienza, por decirlo así, haciendo un "alto en el camino" de la elaboración teórica, procediendo a hacer las cuentas con las teorías económicas (en sus diferentes tendencias) de la disciplina convencional. Lo esencial de la crítica consiste en mostrar su unilateralidad, derivada de su incapacidad para reconocer teóricamente la diversidad y pluralidad microeconómica y sectorial, sea en la teoría de la empresa como en la del mercado.

Una breve reseña histórico-crítica de la evolución de la disciplina económica, seguida de una crítica particular a la teoría marxista del valor, pone las bases para acceder al estudio –ya de nivel macroeconómico– del mercado determinado y de sus formas, con especial ahondamiento en la conceptualización del mercado democrático.

El libro termina con una breve e incompleta exploración del problema del crecimiento económico global, investigando algunos primeros elementos de la contribución que a él hace la economía solidaria.

El Libro Tercero (que es el cuarto), Fundamentos de una Teoría Económica Comprensiva, conduce los diferentes análisis microeconómicos y sectoriales anteriores a un nivel de sistematización y síntesis con el objeto de comprender la estructura y funcionamiento de la economía en su conjunto, entendida como un proceso altamente complejo y multiforme, diversificado y plural, en permanente desarrollo y transformación.

En cuanto cumple tal propósito, es una elaboración teórica de nivel macroeconómico, y examina sucesivamente los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación. Pero conforme a las exigencias de la propia lógica de la investigación, retoma y vuelve a partir de las formas elementales y microeconómicas de cada uno de aquellos procesos, y se detiene sobre las racionalidades sectoriales, de modo que la teoría macroeconómica resulta de la integración y síntesis conceptual de los diferentes elementos que componen la economía y que han sido analizados anteriormente.

Constituyendo de este modo un libro de síntesis teórica, que recoge y trasciendo las precedentes elaboraciones, lo considero el más importante de toda la obra.

El Libro Cuarto (que es el quinto y el último de esta obra teórica), Desarrollo, Transformación y Perfeccionamiento de la Economía en el Tiempo, proyecta el anterior y el conjunto de la teoría al estudio de la cuestión del desarrollo económico.

Respecto a la Teoría Económica Comprensiva se pone como su continuación, en cuanto procede a examinar dinámicamente e integrando la perspectiva histórica, aquello que conceptualmente había sido examinado a nivel puramente teórico y estructural. Respecto al conjunto de la obra, a la que lleva a conclusión, constituye una suerte de síntesis dinámica, estructurada siguiendo las sucesivas fases de los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación, cuyas formas de expansión, transformación, perfeccionamiento y unificación son expuestas sistemáticamente.

Desde otro punto de vista, este último libro aplica los diferentes conceptos y elementos de la teoría, al examen y análisis de los problemas reales y actuales de la economía y la sociedad contemporáneas, y explora los modos posibles de superación histórica, prestando especial atención a la contribución que a ello hace y potencialmente puede desplegar la economía de solidaridad. De la ciencia económica a una nueva estructura del conocimiento.

Las precedentes anotaciones sobre la lógica de la investigación y sobre cómo ella se manifiesta en los cinco libros teóricos, tienen un sesgo que resultará evidente a quienquiera se introduzca en su lectura. Y es que he expuesto la estructura y el recorrido de la elaboración en aquello que constituye su esquema y proceder abstracto y conceptual, reconducible al ámbito de la ciencia económica; pero esta elaboración teórica no es completamente reconducible a esta disciplina, cuyo formalismo, linearidad y limitación someto a constante crítica.

Dicho de otro modo, mi elaboración teórica se enmarca en la búsqueda de un nuevo paradigma científico, y pretende haberse instalado en él. No es el momento de exponer con amplitud y profundidad la cuestión epistemológica implicada en esta afirmación, que me propongo desarrollar ampliamente en un futuro trabajo. Pero puedo indicar algunas "pistas" que podrán orientar a los lectores que quieran avanzar en el estudio de la que llamamos teoría económica comprensiva.

Me permitiré abordar la cuestión de manera indirecta y entrando a ella por un ángulo anecdótico. Hace algunos años se realizó en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) un seminario de dos días para analizar y discutir los Libros Primero y Segundo de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático, que habían entusiasmado a un economista alemán que trabajaba en la CEPAL y que desplegaba una gran actividad en el campo de la cooperación al desarrollo y el servicio a las organizaciones económicas populares. No sé como logró motivar a unos veinte economistas para que leyeran los dos libros y se decidieran a reunirse durante dos días a reflexionar sobre ellos. Si algún día encuentro el documento que recogió las ponencias y debates del seminario podré integrarlo a este "Campus"; pero como lo he perdido sólo puedo hacer referencias de memoria a algunas críticas que en esa ocasión se plantearon y que me quedaron fuertemente grabadas.

Una primera crítica se refería a lo ambicioso de la afirmación con que comienzo el primer libro, en que enmarco su tema en "un proyecto intelectual más vasto, orientado a la búsqueda de una nueva estructura de la acción transformadora, capaz de integrar un sistema coherente de actividades tendientes a la democratización de la economía y del mercado, de la política y del Estado, del conocimiento y de la ciencia". Escrita así, al comienzo del libro, la afirmación no podía sino sorprender por lo desmedido e ingenuo de la pretensión que enunciaba; pero yo la había puesto allí porque efectivamente era lo que me proponía hacer (y a ello en realidad responden todos estos escritos y los que continúo elaborando).

La pregunta implícita en la crítica que se me hacía era la siguiente: ¿Desde qué disciplina científica podría realizarse aquello? Una segunda crítica relevaba un hecho, absolutamente heterodoxo respecto a cualquier formulación científica convencional, de que en mis libros parecían combinarse en ininterrumpida secuencia, conceptos rigurosamente formulados, informaciones empíricas, elementos de experiencia, orientaciones prácticas, referencias a realidades muy particulares e igualmente a otras globales, enunciados de valor, reflexiones filosóficas, indicaciones de proyecto, análisis de procesos, consideraciones estructurales, críticas a la realidad y a las teorías, propuestas alternativas, etc. La pregunta implícita en la crítica que se me hacía era: ¿cómo puede haber coherencia en tan extraña y bizarra conceptualización teórica?

Lo curioso es que, siendo sostenibles desde el paradigma científico convencional, ambas críticas formuladas en general no implicaron la afirmación específica de que los libros no fueran rigurosos y conceptualmente sostenibles a nivel científico, ni tampoco que hubiera en ellos incoherencias que pudieran relevarse y enunciarse, como hubiera sido obvio si las críticas fueran válidas.

Ya expresé mi convicción de que no obstante haberse desarrollado a lo largo de veinte años, toda la elaboración es internamente coherente y así lo expresé al terminar el último libro de la serie: "Llegamos así al final de esta obra con perfecta coherencia con su punto de partida". No miento ni me vanaglorio si digo que entre los comentarios más reiterados que he recibido sobre mis libros, se encuentra la valoración de su interna coherencia.

Pero las preguntas siguen en pié: ¿Como puede haber coherencia en exposiciones teóricas que mezclan los hechos con los valores, la filosofía con las ciencias, la teoría con la práctica, lo micro con lo macro, el análisis de realidad con la propuesta proyectual, etc.? ¿Y desde qué ciencia puede construirse una elaboración que responda al objetivo de configurar un sistema coherente de conocimientos y actividades que integren filosofía, economía, política, cultura y ciencias, en un gran proyecto de transformación?

Estas dos preguntas, implícitas en aquellas críticas, tienen para mí una única respuesta: Sólo una nueva estructura del conocimiento lo hace posible. Cinco son los elementos principales que destaco en ella: (a) Una nueva relación entre filosofía y ciencia; (b) El reconocimiento de la subjetividad y de los valores como dimensiones constituyentes de la realidad socio-económica; (c) La integración analítica entre los niveles económico, social, político y cultural, superando la división disciplinaria del conocimiento social; (d) Una nueva articulación entre el conocimiento empírico, el procedimiento metodológico y la elaboración conceptual; y (e) El ya mencionado procedimiento de lo micro hacia lo sectorial para concluir en lo macro, que permite la "comprensividad" analítico-sintética, o sea el reconocimiento de la diversidad y pluralidad constituyente de la totalidad. Muy brevemente, sobre cada una de ellas.

Relación entre filosofía y ciencia.

Ninguna ciencia puede prescindir de una filosofía que la sustente epistemológicamente, y que le proporcione una concepción general de lo que se entiende por realidad, para así determinar su campo de estudio y su objeto.

Aunque las ciencias sociales modernas, y entre ellas la economía, pretenden prescindir de toda filosofía, de hecho se formaron y desarrollaron en dependencia respecto a una filosofía bien determinada, el positivismo, y constituyen –como afirmó Gramsci respecto a la sociología– "fragmentos subordinados" de la misma.

Pero el positivismo es una filosofía inconveniente, reductiva de la realidad, que limita el conocimiento de las causas de los fenómenos y los procesos sociales, impidiendo la penetración de sus racionalidades internas o constitutivas esenciales, y desconociendo la perspectiva de los fines.

Pretendiendo prescindir de las cuestiones filosóficas, la ciencia económica se ha basado en una deficiente antropología y comprensión de la historia. Una concepción reductiva del hombre y de la sociedad le ha impedido comprender el comportamiento humano real y las dinámicas sociales, y en particular su diversidad y pluralidad. Ello ha implicado reducir las racionalidades económicas a aquellas que corresponden a un homo economicus abstracto e inexistente, y a trabajar con un concepto de necesidades (individuales, comunitarias y sociales) muy insatisfactorio. La misma prescindencia de la reflexión filosófica, ha significado olvidar la cuestión de los fines y los objetivos de la actividad económica (en último término, la felicidad), quedando atrapada en una lógica instrumental que reduce los análisis a la identificación de los medios empleados para alcanzar "equilibrios" de crecimiento, considerados supuestamente como los "óptimos" o como funcionamientos "perfectos".

Una de las claves para comprender nuestra "teoría económica comprensiva", consiste en desarrollar el conocimiento de la economía como comprensión de sus estructuras y procesos, a nivel de las racionalidades desplegadas por las personas, las comunidades, las organizaciones y la sociedad en general, en función del logro y realización de fines diversos y complejos, cuya identificación avanza en la búsqueda y reflexión que efectúa la filosofía. De este modo la disciplina se abre a nuevas dimensiones y profundidades cognitivas, y se enriquece mediante el reconocimiento de la diversidad en la unidad.

Siempre en base al paradigma positivista, la economía convencional intenta considerar los hechos socio-económico como "cosas" (conforme al ideal propuesto por Durkheim para la sociología), reduciendo los comportamientos y las realidades subjetivas a variables y parámetros susceptibles de tratamiento matemático. La cientificidad del conocimiento es pretendida como objetividad y prescindencia de cualquier consideración de los valores, de las virtudes y los vicios, y en general de la subjetividad de la vida humana y social. Conceptos como los de solidaridad, justicia e injusticia, deberes y derechos, no tienen cabida en una disciplina así configurada.

Pero obviamente, la realidad económica es construcción social, depende de los comportamientos individuales y colectivos en su multiplicidad de manifestaciones, y no son ajenos a ella los valores y contravalores, las ansias de poder y las situaciones de dependencia que generan. Si todo esto no se considera, la realidad económica permanece en gran parte fuera del conocimiento que se pretende científico sobre ella.

¿Qué sentido tiene considerar el mercado como un mecanismo objetivo que procede independientemente de la conciencia, la voluntad y las emociones de los hombres y de los grupos sociales, movido por la relación entre abstractas variables cuantitativas, si el mercado real está pleno de subjetividad, es construcción social, y depende de las relaciones de fuerzas sociales y de sus modos de interacción?

La comprensión rigurosa de la realidad económica exige descubrir la subjetividad de todos sus componentes, los valores que se manifiestan y plasman en sus estructuras, las relaciones humanas que se manifiestan en los procesos de producción, distribución, y consumo, las identidades colectivas y los proyectos que buscan realizarse en los distintos grados de agregación de la vida humana. Y siendo así, la comprensión de la economía no puede prescindir de juicios éticos que pongan en evidencia la correspondencia o inadecuación de las actividades y comportamientos, de las organizaciones y estructuras, de los proyectos y procesos, con los fines definidos como convenientes y correspondientes a la búsqueda de la felicidad y la buena vida.

¿No es para conocer los modos de alcanzar una buena vida personal y colectiva, que la sociedad encarga a los estudiosos de la economía los conocimientos necesarios para mejor orientarla?

¿No se automutila la ciencia misma, si se desentiende de la búsqueda de los modos de transformar y perfeccionar concretamente la economía en beneficio del hombre y de la sociedad?

La integración de las dimensiones ecológica, económica, social, política, y cultural.

Las ciencias sociales modernas se han configurado e institucionalizado diferenciando disciplinas particulares, para conocer y explicar los supuestos "niveles" que pueden distinguirse en la realidad social: económico, social, político y cultural. (Agregar a la base de esta conceptualización el nivel ecológico es un descubrimiento reciente).

Disciplinas como la ecología, la economía, la sociología, la ciencia política, la antropología cultural, la psicología, permanecen separadas, cada una concentrada sobre su objeto propio, y con mínima interacción entre los conocimientos que producen. Pero es obvio para todos –incluso para los economistas– que la realidad humana y social no está configurada como una torta en que se distingan niveles superpuestos, unos sobre otros, los de abajo determinando a los de arriba y éstos sobredeterminando a los de abajo.

No hay un solo elemento de la economía, por simple y pequeño que sea, que no constituya al mismo tiempo realidad ecológica, política, social, y cultural. En el simple hecho de una relación de cambio, una compraventa, o un contrato de trabajo, se hacen presente las dimensiones política, social, cultural, y ecológica, interactuando y recíprocamente influyéndose. Podemos expresar esto diciendo que no se trata de "niveles" superpuestos sino de "dimensiones" inherentes y constituyentes de la realidad, co-presentes en cada uno de sus elementos, y articulados en el conjunto. Siendo así, el conocimiento de cualquier realidad económica, y la formulación de cualquier proyecto económico, y el enfrentamiento de cualquier problema económico, requiere la integración de conocimientos actualmente separados y diseminados en las distintas disciplinas.

De este modo ha surgido la demanda de interdisciplinariedad y de transdisciplinariedad. Pero los resultados logrados por estos caminos no son satisfactorios, pues las disciplinas permanecen externas: sus respectivos datos, métodos y conceptualizaciones, no son integrables porque han sido construidos separadamente.

La integración necesaria no es inter o transdisciplinaria, pudiendo sólo lograrse mediante una ciencia nueva, que sea ciencia económica y social y política y cultural y ecológica a la vez.

Pero ¿cómo construir esta integración? ¿Desde donde avanzar hacia la necesaria nueva ciencia integrada?

Descartemos de plano que se trate de comenzar de cero, desechando la acumulación de conocimientos científicos proporcionados por las distintas disciplinas. Descartemos también que se trate de un simple proceso de aproximación entre ellas, que conduzca a la yuxtaposición de sus respectivos datos, métodos y conceptos, pues han sido elaborados en distintos lenguajes, que no son recíprocamente traducibles.

El camino que personalmente he seguido y que propongo, es el de partir de una disciplina –en mi caso de la ciencia económica–, y proceder desde ella al encuentro de las otras dimensiones de la realidad (presentes en la propia realidad económica), mediante la apertura y reelaboración de sus conceptos. Es así que descubrimos las dimensiones sociológicas, políticas, culturales, y ecológicas, todas ellas co-presentes, por ejemplo, en las realidades que la ciencia económica ha formulado restrictivamente mediante conceptos como los de recursos y factores, empresa, intercambios, mercado, consumo, y así con todos ellos.

La articulación entre el conocimiento empírico, el procedimiento metodológico, y la elaboración conceptual.

Los síntomas de crisis en las ciencias sociales modernas son múltiples, pero tal vez el más evidente sea el hecho que actualmente se acumulan datos e informaciones (desconectados de los métodos con que fueron elaborados y de las teorías que les hacen tener sentido), así como se perfeccionan los métodos (cada vez mejor formalizamos y menos empleados en la construcción de las teorías y en la recolección de datos), y así como se multiplican los esquemas y modelos teóricos (que pretenden constituir teorías mediante el procedimiento formal de relacionar conceptos conforme a implícitos o explícitos cuadros de doble entrada, que no surgen de la reflexión metódica sobre la experiencia y los procesos que se intenta comprender).

En cada disciplina hay especialistas en datos e informaciones, expertos metodólogos, y teóricos, y sus elaboraciones permanecen exteriores, y cada cual cree poseer la clave del conocimiento de la propia disciplina.

Caricaturizamos algo la realidad al expresarla de este modo, pero es indudable que en cualquier presentación científica (con excepción de las memorias y tesis de pregrado, en que suele plantearse como exigencia), se evita cuidadosamente articular los datos, los métodos, y las teorías, no obstante ser ello lo único que le da a cada elemento del conocimiento científico su verdadero significado.

Este hecho pone de manifiesto que cada vez los tres elementos del conocimiento científico son menos articulables, porque han sido elaborados separadamente. A veces hay que buscar a nivel periodístico para encontrar datos (parciales, tomados aquí y allá), métodos (referencias fragmentarias), y conceptos (sueltos, recogidos de distintos autores y teorías), entremezclados en reportajes divulgativos.

Y valga decir que aparecen actualmente numerosos libros monográficos que se llaman científicos, y que no son sino más extensos, eruditos y cuidadosos reportajes periodísticos.

No es el caso ahora, ni estoy en condiciones, de exponer en forma rigurosa una nueva manera de concebir la articulación entre el conocimiento experiencial y la elaboración teórica. Ya dije antes, refiriéndome a las vivencias y experiencias que han estado de algún modo influyendo y haciéndose presentes en mi elaboración intelectual, que para mi es un misterio cómo llegan a integrarse creativamente en conexión con el estudio, la reflexión, y la elaboración teórica.

A lo dicho sobre el tema a lo largo de esta presentación, y a las reflexiones diseminadas en diversos lugares de mis escritos, puedo agregar una consideración general, que es ésta: No concibo la investigación y la elaboración científica como una actividad exterior que efectúa el científico social de modo técnico, sino como un despliegue de conocimientos que se van formando y desplegando en conexión con toda la vida del sujeto que se dedica a ello. La información se recoge en la mente mediante un modo de vivir receptiva y reflexivamente la realidad experimentada y vivenciada; el método es una actitud cognitiva de concentración sobre lo que se busca conocer, y que resulta de un estado de conciencia adquirido y formado espiritualmente; y la teoría se elabora sistemáticamente, no buscando la coherencia formal de los conceptos (la coherencia es un resultado de la búsqueda de la verdad) sino la intelección de la realidad infinita y multiforme, relacionando conceptos que permanecen siempre abiertos a nuevas ampliaciones y conexiones.

Necesidad de un conocimiento holístico y del reconocimiento de la diversidad.

Antes me referí ampliamente al recorrido metódico de la teoría que procede y avanza de lo simple a lo complejo, de lo micro a lo sectorial y a lo macro. Y sobre esto solamente quiero agregar una consideración adicional.

Actualmente es cada vez más habitual escuchar la demanda de un conocimiento "holístico", que dicho de un modo simple significa dar cuenta de la totalidad. Tal demanda surge de la cualidad de los problemas que afectan al mundo contemporáneo como un todo, y de la creciente conciencia de que todos los elementos y partes de cualquier proceso y de todos ellos muestran estar interconectados y ser interdependientes.

El problema es que las disciplinas científicas avanzan en sentido inverso, en un camino de creciente especialización y particularización de sus objetos de investigación.

La forma de pensamiento que en la época moderna se ha caracterizado por el intento de abarcar la totalidad de los fenómenos, estructuras, y procesos, buscando integrarlos en una explicación única y coherente, ha dado lugar a las llamadas ideologías. Pero éstas, que podemos concebir como "totalizaciones pre-científicas de la realidad social", tienen el defecto –puesto de manifiesto por la crítica que se ha efectuado a todas ellas–, de desconocer la diversidad y pluralidad, cuya afirmación se demanda con tanta fuerza como la del conocimiento holístico.

La frase de Johann Wolfgang von Goethe "hay más riqueza en el mundo de cuanta contenga tu pensamiento", expresa muy bien esta limitación del pensamiento ideológico.

Es interesante observar que ambas demandas –holismo y diversidad– suelen ser planteadas juntas por quienes postulan la necesidad de nuevos paradigmas teóricos.

La cuestión es ¿cómo compatibilizar, en un conocimiento riguroso, lo holístico y la diversidad?

No me refiero a hacer compatibles en abstracto ambos conceptos, pues nada es más fácil que afirmar que la totalidad incluye la diversidad de sus componentes y que es más que la suma de todas ellas, sino elaborar teorías complejas que sean específicas en el reconocimiento de la diversidad y en la comprensión de sus articulaciones, y que accedan no sólo a una totalidad no vacía de contenidos sino a una totalidad integradora de innumerables conocimientos particulares diferentes.

Siguiendo en esto a Georg Hegel, pienso que se accede a la totalidad como resultado y no al comienzo, excepto en cuanto ella se postula al comienzo como el fin que se busca alcanzar mediante un largo recorrido de indagación de la diversidad. Esa ha sido, como he expuesto antes, la lógica de la investigación teórica presentada antes. Estos cinco elementos enunciados y brevemente explicados como distintivos de una nueva estructura del conocimiento científico, no constituyen mayor novedad (como hace veinte años, y como tal vez lo sea todavía el hecho de considerarlos unidamente), pues hoy son ampliamente demandados como exigencias que se plantean cada vez más corrientemente en relación a la denominada necesidad de un nuevo paradigma.

Pero una cosa es plantear la necesidad de un nuevo paradigma, y otra comenzar a elaborarlo y a proceder cognitivamente conforme a él.

Creo que el mérito de esta obra personal que termino aquí de presentar, es haber iniciado su construcción, y haber procedido, tal vez a tientas y ciertamente de modo parcial, a realizar lo que muchos hoy día formulan como demanda o necesidad.

Por cierto, lo presentado y lo que he logrado elaborar es sólo un comienzo, y seguramente hay varias otras iniciativas similares que están igualmente en proceso en diversos lugares del mundo. La invitación que con énfasis hago desde aquí es a continuarlos. Concluyo esta muy personal presentación de mis escritos con los últimos párrafos del Libro Cuarto, en que expongo de modo igualmente personal lo que creo haber buscado y en parte realizado:

" Llegamos así al final de esta obra con perfecta coherencia con su punto de partida. Toda esta investigación, en su largo recorrido que nos llevó del reconocimiento de la diversidad en lo microeconómico a la identificación de las diversas racionalidades sectoriales y finalmente a la comprensión integrada de la macroeconomía y su desarrollo en el tiempo, ha estado presidida por la idea de una economía para la felicidad, la realización del hombre y la vida buena.

" Pensamos que no es posible continuar pensando la economía sin abordar estas grandes cuestiones, y que tampoco puede seguirse prescindiendo de la economía en la búsqueda filosófica de la felicidad y realización humana. Podemos afirmar que la economía construye las condiciones y prerrequisitos prácticos de la felicidad, y que al mismo tiempo ella es en sí y debiera serlo mucho más un campo de actuación y vivencia de esa realización del hombre. En efecto, la realización humana y la felicidad que genera consisten en muchas cosas, pudiéndose señalar entre ellas:

--a) hacer, crear, organizar e innovar, aplicando y expandiendo las capacidades personales y colectivas; mucho de ello se verifica en el proceso de producción;

--b) relacionarse con otras personas, participar en la construcción social, pertenecer a comunidades, donar, intercambiar y reciprocar; una parte relevante de esto se cumple en el proceso de distribución;

--c) satisfacer las necesidades, lograr las aspiraciones y cumplir los deseos, en los planos corporal y espiritual, individual y comunitario, lo cual se cumple en alguna medida en el proceso de consumo;

--d) proyectar el futuro, desplegar en el tiempo las propias capacidades y aspiraciones, alcanzar un grado prudente de seguridad personal y grupal, eliminar los temores removiendo sus causas, mirar el porvenir con optimismo y construirlo con realismo, en todo lo cual la acumulación económica juega un papel relevante.

" La presencia constante de los fines en el análisis económico, y la búsqueda de una economía orientada a garantizar la realización humana, nos ha llevado a integrar en la que pretendemos sea una nueva estructura del conocimiento, lo fáctico y lo valórico, el ser y el deber ser, el análisis del pasado, la crítica del presente y la proyectación del futuro. Convicción fundamental de nuestra elaboración ha sido que la economía no puede ser un cuerpo teórico independiente y autosustentado teóricamente, sino que depende de otros saberes más amplios y superiores, debiendo articularse con diversos campos del conocimiento científico, filosófico y ético.

"Aunque no ha sido nuestro propósito declarado, quizás con ello hayamos puesto las bases de la que podría ser una nueva disciplina necesaria para la cual sugerimos el nombre de metaeconomía o, mejor, ecosofía, que no rehuya la cuestión de los valores, que explicite el concepto de hombre subyacente a la formulación científica, que se plantee abiertamente el tema de la felicidad y de la realización humana, que se interrogue por la racionalidad económica sin prescindir de otras dimensiones de la existencia humana cuales son la solidaridad y la convivialidad, la libertad y la espiritualidad. En qué medida hayamos contribuido a tan ambicioso proyecto, es algo que no podemos ni nos corresponde dilucidar.

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