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jueves, 24 de mayo de 2018

El monstruo de Transilvania, espantosa y muy horripilante criatura que devoraba dinosaurios y abatía presas del tamaño de un caballo // Didácticas imágenes ilustran pedagógicamente este artículo


El temible Hatzegopteryx

Hace 70 millones de años, el territorio de Transilvania (la tierra de Drácula) en la actual Rumania, estaba poblado por sanguinarios depredadores, los llamados imponentes "dragones voladores" científicamente conocidos como  HATZEGOPTERYX, los cuales contaban con alas que superaban largamente los 12 metros. 

Las comarcas rumanas conformaban entonces un dilatado archipiélago prehistórico, en el peligroso Mar de Tethys. 

En el año 2002, el prestigioso paleontólogo francés Eric Buffetaut, y un equipo de colegas rumanos, localizaron los restos fosilizados de una extraña e inquietante criatura del Cretácico superior. 

Extendida en el suelo medía unos 6 metros; su altura habría sido de 5 metros y medio; y su peso,del orden de 250 kilogramos.

Con un cuerpo grueso y alas muy fuertes, su espalda y patas eran vigorosas.

Se estimó inicialmente, que este reptil alado era similar a otros representantes del género Quetzalcoatlus.  Se habría alimentado de  insectos, frutas y reptiles.

Ahora, Mark Witton y Darren Naish, paleontólogos británicos, tras el detenido examen de los restos óseos, sobre todo el cráneo y la columna vertebral, llegaron a  la conclusión de que este "sauro volador" contaba con un cuello tres veces más ancho y considerablemente más fuerte que el del Quetzalcoatlus. 




Fósiles de diversos tipos de Pterosaurios han sido ubicados en diferentes partes del globo. En general, presentaban siluetas estilizadas y patas largas, y sus dimensiones oscilaban entre la de un pequeño gorrión y la de un avión de combate.

Pero el "HATZEGOPTERYX" es diferente: su cuello era corto y grueso, con huesos sumamente anchos, y un  extraño relleno esponjoso que le proporcionaba todavía más fuerza.

Una boca en extremo ancha, le facilitaba fagocitar presas enormes.

Se estima que este poderoso y terrorífico ser, contó con una ferocidad equiparable a la del Tiranosaurio, y que pudo haber ingerido fácilmente presas "del tamaño" de un caballo actual.

Por cierto que no había caballos en tal época, pero sí presas del mismo porte.

Su cabeza de 3 metros de largo, era tan fuerte que le permitía cazar dinosaurios que convivían en el mismo ambiente.




El interés científico se centra actualmente en el cuello de tales vertebrados.

Los huesos anchos y de paredes excepcionalmente gruesas (de 4 a 6 milímetros) sugieren que el fantástico reptil alado, verdaderamente poseía un fortísimo y musculoso cuello, pero no únicamente para sostener su cabezota.

Los recientes estudios indican claramente que con él era capaz de abatir y devorar ávidamente a presas de mucho mayor porte que las imaginadas antes. 


Otras investigaciones revelaron que el largo de su mandíbula, llegaba a medir 100 centímetros, cosa no común en los Pterosaurios. 

Como no se han encontrado vestigios de animales más grandes en esa dilatada área, los expertos estiman que estos Pterosaurios ocupaban el escalafón más alto de la cadena alimentaria.


El cuello no es el único rasgo sobresaliente. El  "HATZEGOPTERYX" para poder volar con su inmensa cabeza, contaba con huesos craneanos estructurados con un material ligero y de muy alta resistencia, en cierto modo similar al moderno poliestireno. 

Su hábitat era muy distinto al actual. En lugar de bosques de montaña, lo que había era una llanura pantanosa en la que el HATZEGOPTERYX era el máximo predador ubicado en la cima de la cadena alimentaria.


Este ambiente subtropical, con un mar interior poco profundo, salpicado de islas y archipiélagos, era propicio para el desarrollo de pequeños saurópodos, titanosaurios, iguanodontes, y aves primitivas, cuyas crías eran el alimento preferido de este gran comilón. 

Tal fue la voraz criatura, el monstruo prehistórico volador que "desayunaba" dinosaurios. 

Su tremendo pico carecía completamente de dientes, pero su tamaño y robustez lo convertían en una fiera temible.

Restos de estos ejemplares sugieren que en vida pudo haber alcanzado una amplitud alar de 14,3 metros.

Incluso se especula sobre la base de "ciertos huesos fosilizados", que pudieron haber existido ejemplares con una envergadura de 16 metros.

Con tales dimensiones, ciertamente desplazaría al Quetzalcoatlus como la mayor criatura voladora conocida. 

Algunos autores consideran que este Pterosaurio engullía a sus presas vivas, dado que como anteriormente expresamos, carecía de dientes.


En el cráneo ostentaba una llamativa cresta (tal vez con vivos colores) que los machos mostrarían a las hembras para atraerlas con el fin de aparearse. 

Las imponentes alas del monstruo alado, eran parecidas a la de los murciélagos, dado que estaban conformadas de piel. 

En tierra, el  HATZEGOPTERYX  se desplazaba lentamente (era cuadrúpedo y plantígrado), utilizando las patas traseras y los brazos, apoyándose sobre los 3 dedos de cada mano.


Estaba esta especie en el apogeo de su poder, cuando cayó del Cielo el proyectil cósmico, que terminó dando el golpe de gracia a la mayor parte de la fauna de la época, la fantástica fauna de la era Mesozoica.


Características estimadas del Asteroide de Yucatán :

Fecha aproximada de impacto : hace 65 millones de años.

Diámetro calculado: entre 10 y 14 kilómetros.

Densidad : 1.300 a 3.400 Kg./m3

Velocidad : 20  a  25  kilómetros/segundo

Agradecimiento y cierre:

Agradezco sinceramente la invaluable colaboración de los ingenieros Juan Carlos ANSELMI ELISSALDE y Aulo Fernando GARCÍA TEXEIRA en el aporte de las valiosas ilustraciones que engalanan este artículo.

Como los consecuente lectores apreciarán, se procura brindar en esta serie, un panorama claro, completo, y entendible, sobre los fantásticos seres que precedieron a la humanidad en el dominio del planeta.

Esperando que tanto el texto como las ilustraciones hayan resultado de interés y utilidad, y contando con la benevolencia de los amables cibernautas, Brunetto se despide de los mismos con un fuerte abrazo, prometiendo continuar con estas apasionantes temáticas.

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Cartel de cierre para la reflexión y meditación de los lectores:



jueves, 3 de mayo de 2018

Asombroso: Descubren la separación por sexo de los "Saurios mesozoicos", además de inmensos ejemplares que sobrevolaron el continente asiático // Muy interesantes imágenes ilustran este artículo


Introducción

Los Pterosaurios se volvieron cada vez más grandes y especializados, para deslizarse y elevarse por el aire durante lapsos muy prolongados.

El Pteranodon que vivió en pleno período Cretáceo, tenía un diseño perfecto para volar.

Efectivamente, sus patas eran cortas, su cuerpo relativamente pequeño y casi sin cola. No obstante sus alas eran tan grandes (más de siete metros de amplitud total) que debía encontrar dificultades para moverse en tierra firme.

Se supone que sus despegues se efectuarían lanzándose desde el borde de riscos y acantilados, aprovechando las corrientes de aire y los vientos favorables. 

El Pteranodon era un verdadero maestro en el cielo.  Volaba a velocidades del orden de 30 kilómetros por hora.

En pleno dominio del vuelo, este "dragón volador" dominaba en el aire, con giros imprevistos, como si de una gigantesca ave marina o un inmenso murciélago se tratara.


Medía  6,90  metros de punta a punta de sus alas, y algunos de los huesos encontrados, indicarían que los más grandes ejemplares pudieron haber tenido una envergadura de casi 9 metros.

Ciertos expertos sostienen que tal vez, la enorme cresta pudo haber ostentado brillantes y llamativos colores, para engalanarse y así atraer a su pareja en épocas de celo, contribuyendo a la reproducción, además de funcionar como timón de dirección en el viento.


La enorme cresta del Pteranodon servía para contrabalancear el peso del pico, también como timón de vuelo, y era un elemento de dimorfismo sexual, siendo mucho más grande en los machos. En épocas de celo, la cresta se coloreaba para atraer a las hembras. El tamaño corporal también variaba según los sexos, pues los machos tenían una amplitud de alas del orden de los 8 metros, mientras que en las hembras, la envergadura era de 4 metros.


No solamente planeaban, sino también eran excelentes voladores.


Anidaban en lugares como los riscos y zonas elevadas, difícilmente accesibles a los depredadores. 

De gran interés : Descubren el sexo de los "Saurios volantes"

Algunos fósiles de Pterosaurios presentan una cresta en su cabeza. En casos extraordinarios, dicha cresta podía alcanzar 5 veces la altura del cráneo. Ademas, los expertos sospechan que dicha cresta podría haber sido utilizada para algún tipo de exhibición o señalización, y que principalmente la lucían los machos, pero ante la falta de evidencias, tal idea no pasaba se ser una simple especulación.

Ahora, el fósil de la llamada "Señora T" vino a despejar la incógnita. Ella carece de cresta y tiene las caderas anchas, lo cual facilitaba el paso de los huevos. 

Los machos en cambio, se distinguen por sus caderas estrechas  y por tener una cresta como ornamento de la cabeza.


Es factible que la misma fuera útil para intimidar a los rivales, o tal vez para seducir y atraer a una pareja. 

El hallazgo del fósil de Pterosaurio, también arroja nueva luz sobre su reproducción. 

El huevo de la "Señora T" es pequeño y con cáscara blanda; esto es característico de los reptiles y completamente diferente a las aves. 

Es comprobable que los "plumíferos" ponen huevos más grandes y con cáscara dura.

Queda despejada así otra faceta de la vida de estos fantásticos animales de los tiempos prehistóricos.


El extrañísimo Pterodaustro

El Pterodaustro  (nombre que significa Ala del viento del Sur) fue un extraño reptil alado, cuyos restos fosilizados fueron encontrados por el gran paleontólogo argentino José Bonaparte en 1969 en San Luis (Argentina).

Habitó en Sudamérica hace 110 millones de años, en pleno período Cretáceo, y a juzgar por la riqueza de los yacimientos fosilíferos ubicados en el norte de Chile y en la Argentina, fue una especie muy exitosa.


Este reptil volador de reducidas dimensiones, estaba extraordinariamente diseñado.

La mandíbula inferior contaba con unas 1.000 cerdas, con las cuales filtraba pequeños organismos marinos, como plancton, algas, y crustáceos. 

Por su parte, en la mandíbula superior disponía de dientes diminutos, con los que desmenuzaba su alimento. 

Su altura era de unos 50 centímetros, y pesaba aproximadamente un kilogramo y medio. 

Su envergadura variaba según los ejemplares, entre 1,4 metros y 2,50 metros. Aleteaba y se deslizaba grácilmente sobre las costas de los mares poco profundos, que entonces cubrían aquellas comarcas en tan remotas edades.

Los reptiles alados poseían huesos pectorales con el objetivo de sujetar los músculos encargados de controlar el movimiento alar.
Ciertos Pterosaurios podían batir sus alas, y volaban muy eficazmente, mientras que otros, simplemente planeaban. Como los actuales murciélagos, las alas eran de piel,  y se extendían entre su cuerpo y el final de un 4to. dedo, en extremo alargado.
Los demás 3 dedos de cada mano, estaban dotados de filosas garras, ubicadas en la parte delantera de cada una sus alas.

Su éxito biológico se prolongó hasta el final de la era Secundaria

Los reptiles alados que surcaban el aire en tiempos de los Dinosaurios, constituyeron un grupo exitoso, muy variado, diversificado, y perfectamente adaptado, habitando en diferentes ecosistemas.


Hasta épocas recientes, los expertos creían equivocadamente, que los "dragones voladores" (primos de los dinosaurios) comenzaron a declinar al fin del Mesozoico, pensándose inclusive que la familia entera de los Pterosaurios ya estaba completamente extinta en las postrimerías del período Cretáceo.

Recientemente, el paleontólogo David Martill y su equipo de colaboradores, dió a conocer un sensacional descubrimiento.

El 13 de marzo de 2018, encontraron en un yacimiento ubicado en Marruecos, en el ángulo noroeste del continente africano, sedimentos y estratos que fueron datados en forma fehaciente en la friolera de 66 millones de años. 

Y aquí viene el bombazo informativo: 

No solamente se exhumaron esqueletos fosilizados de los más grandes ejemplares, los conocidos como Azhdarquidos (del tipo de los Quetzalcoatlus y sus parientes) sino también varios "Pteranodóntidos" (provistos de alargadas crestas en el cráneo), y asombroso: también varios "Nyctosáuridos"  (es decir, Pterosaurios sin los tres dedos funcionales en las alas).


Hasta el momento de escribir estas líneas, se han registrado varias especies, entre las cuales se destacan: Tres Nyctosáuridos (Alcione elainus, Simurghia robusta, y Barbaridactylus grandis), así com un gran Pteranodóntido (Tethydraco regalis). 

Asimismo, también fueron encontrados variados Azhdarquidos, entre ellos, el famoso Phosphatodraco mauritanicus.

Este gran hallazgo de paleontólogos, geólogos, y demás expertos, demuestra en forma incontestable, que aún en los tiempos finales del Cretáceo tardío, los reptiles voladores eran mucho, pero mucho más numerosos, exitosos, y diversos en formas y tamaños, de lo que se creía, y que además, se mantuvieron en el pináculo de su esplendor hasta el exacto final de la era Secundaria.

Estos magníficos reptiles alados no desaparecieron por la competencia planteada por las aves ni por otras especies. Y tampoco porque sus presas se hicieran más esquivas y escasas:  los insectos no se hicieron más rápidos, ni los peces más escurridizos, ni los cefalópodos más resbaladizos. Sin duda estos reptiles eran florecientes, cuando de pronto se esfumaron en un instante de tiempo geológico.



Lo significativo casi seguramente fue el asteroide que impactó en México, precisamente en la península de Yucatán. Sus efectos fueron devastadores. Los vientos huracanados que se originaron, estrellaron violentamente contra las rocas a los Pterosaurios. De hecho, se estima que los reptiles voladores fueron los primeros en ser afectados por este fenómeno.


La virulencia de las erupciones volcánicas, por su parte, envenenaron la atmósfera con sus  emisiones de gases tóxicos. El espeso manto de partículas flotando en las capas de la atmósfera, bloqueó la luz del Sol, entenebreciendo el paisaje, dificultando la fotosíntesis de las plantas, y provocando un colosal descenso en las temperaturas.


Los drásticos cambios climatológicos y ambientales dieron el golpe de gracia a los hasta entonces invencibles Dinosaurios mesozoicos.

Las lluvias ácidas que se originaron como producto del impacto, eliminaron a los "ammonites", que hasta entonces pululaban en todos los mares. 

Las intensas lluvias de meteoros que cayeron sobre las masas acuosas, privaron de aire respirable a los grandes "Saurios del Mar", que debido a ello murieron en su totalidad.


El imperio de los reptiles desapareció y una nueva era amaneció: la edad de los mamíferos.

Los cielos del Asia también dominados por los dragones voladores del Mesozoico

Fragmentos fósiles de un Pterosaurio gigantesco, recientemente ubicado en el continente asiático, revelan que este ser fue un formidable predador, con una envergadura tal que resulta comparable a la de una aeronave mediana.

Sus vestigios lo convierten en un serio rival de los "sauros alados" localizados en Rumanía y en Estados Unidos.


Este paisaje rico y variado del Cretácico, estaba entonces lleno de dinosaurios y se considera la posibilidad de que sus crías podrían haber sido el alimento preferido de este gigantesco carnívoro, que además de volar, también se podía desplazar en tierra firme apoyado en sus cuatro patas.

Ya a  partir del año 2006, gracias al esfuerzo combinado de varios equipos científicos multidisciplinarios, comenzaron a encontrarse restos de esta especie en la zona occidental del desierto de Gobi (rico yacimiento fosilífero de Mongolia), varios esqueletos incompletos de Pterosaurios tan altos como jirafas.

 Sus dimensiones los ubican indudablemente entre los más grandes que hayan sido descubiertos hasta el presente. Particularmente llamativos resultaron ser las columnas vertebrales y 5 fragmentos de huesos del cuello de estos animales.


Analizados detalladamente en Tokio, se concluyó que estos "dragones alados" habían vivido hace 70 millones de años, en lo que entonces era un hábitat distinto al actual, cálido aunque no tan árido como en nuestro tiempo.

Es conclusión científicamente aceptada, que estos extraños seres prosperaron en el período Cretáceo, tiempo geológico caracterizado por una gran variedad de dinosaurios.

Algunos especialistas sostienen que cabe la posibilidad de que estos gigantescos reptiles voladores se alimentaran de dinosaurios juveniles y de animales de pequeñas dimensiones.

Este volador gigante, temible predador que como se acaba de decir pudo nutrirse de dinosaurios, ostentaba una amplitud de alas que superaba largamente los 10 metros. Algunos ejemplares llegaban incluso a tener una envergadura de 12 metros.


Queda así plenamente evidenciado que los cielos del Asia, también eran surcados por inmensos Pterosaurios.

Sello postal australiano de 1993

Antiguo grabado del siglo XIX, con dragones voladores y monstruos marinos


Agradecimiento y cierre

Carlos Brunetto García, el autor de estas líneas, agradece francamente a los ingenieros Juan Carlos ANSELMI y Aulo Fercando GARCÍA, así como a la arquitecta Adriana ISRAEL, los valiosos aportes que generosamente han brindado para este arrtículo.

Conformamos un equipo que con dedicación y esmero, pasamos abiertamente al abordaje de los temas que despiertan el interés general.

Desarrollamos nuestra labor con amor a la profesión y respeto por los lectores, pero sobre todo, con el entusiasmo que nos caracteriza, para ser protagonistas y transformadores de los conocimientos que se brindan al público interesado.

En forma precisa, inequívoca y verificable, transmitimos informaciones tanto sobre fenómenos telúricos y cósmicos acaecidos en tiempos remotos, como sobre extraños y extraordinarios seres que aún hoy día nos asombran.

Datos confiables extraídos de fuentes seguras, con informaciones verificadas, respaldan los artículos publicados en este sitio digital. 

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jueves, 11 de enero de 2018

El Tylosaurus y el Liopleurodon ferox: Los escamosos reptiles, amos absolutos de los mares mesozoicos. Reciente hallazgo de Liopleurodon en Argentina se agrega en esta nota. // Ilustran este texto atrapantes y fascinantes imágenes pedagógicas

Recomendación a los lectores:

Aprendamos a manejarnos con razonamientos claros y sencillos, y no tengamos miedo de profundizar y aún de imitar planteamientos, ideas, y comentarios de otros; no subestimemos ni a los niños ni a los afrodescendientes ni a las mujeres, pues de todos siempre podemos aprender algo


Tylosaurus


NOTA - Novedad paleontológica : Moderna reconstrucción del Tylosaurus con su gran aleta caudal, y su particularísima cresta a lo largo del lomo


El nombre de Tylosaurus, hace alusión a su hocico prominente (lagarto con protuberancia o perilla) con el que aturdía a sus presas.

Caracterizaban a este animal los orificios nasales en el extremo del puntiagudo hocico, los miembros transformados en aletas con las que alcanzaba elevadas velocidades de nado, y la potentísima y musculosa cola con la que impulsaba y dirigía su cuerpo, brillante y escamoso. Una larga y alta cresta sobre el lomo completaba su apariencia.

De respiración pulmonar, debía llegar a la superficie del agua para emerger y tomar grandes bocanadas de aire, sumergiéndose luego en busca de sus presas.

Los más pequeños de estos ejemplares medían el doble que una orca, y otros tenían el tamaño de una ballena mediana.

El Tylosaurus era el más agresivo y feroz depredador de su época, devorando toda clase de peces óseos y organismos marinos, en los mares del Cretácico superior.


Engullía incluso a los ammonites, tras haber despedazado con sus dientes, sus conchas espiraladas.


Era el terror de los mares, un combatiente irreductible, que con avidez devoraba los más temibles y feroces tiburones, atacando todo lo que se pusiera en su camino.

Téngase presente que se han ubicado esqueletos fósiles de Tylosaurus, que demuestran cabalmente que hubo diversidad de tamaños, algunos de ocho metros, otros de diez, y ciertos ejemplares de más de quince metros de longitud.

Sus hembras eran vivíparas y mostraban comportamientos maternales; nadaban por los ríos, para depositar en aguas dulces a sus pequeñas crías, a las que prodigaban toda clase de cuidados.


El  Liopleurodon ferox

Resultado de imagen para el Liopleurodon

Se trataba de un enorme reptil marino, uno de cuyos fósiles fue encontrado en 1985 en el estado mexicano de Nuevo León.

Al Liopleurodon se le considera un Pliosaurio gigante, y sus restos fueron popularmente conocidos como el "Monstruo de Aramberri".

Los huesos encontrados en 1985 pertenecerían a un ejemplar joven, de aproximadamente 16 metros de largo (que al llegar a la adultez, habría podido alcanzar los 20 metros), al cual se le asignó un peso aproximado de cincuenta toneladas.

Paleontólogos franceses y alemanes de primera línea, actualmente lo consideran un Pliosaurio gigante, que vivió en el medio marino unos 140 millones de años atrás. Por tanto, este monstruo, que en la plenitud de su vida adulta llegaría a medir 25 metros de longitud, era quien dominaba en los mares del período Jurásico.



Resulta que los restos fósiles completos de esta especie son muy escasos. Ese es el motivo por el cual resulta complicado dictaminar cual de los especímenes ostenta el título de mayor devorador acuático. El tan mentado título lo disputan el Depredador X, el Kronosaurus, y el Pliosauroideo de Dorset.

Las máximas dimensiones de tales monstruos se estipulan en 15 metros para el primero (hallado en Noruega), de 11 a 12 metros para el segundo (encontrado en Australia y Colombia), y de 18 metros para el tercero (ubicado en Inglaterra).

El Liopleurodón ferox, con sus 25 metros, podría ser considerado como el más gigantesco depredador encontrado hasta el presente, superando incluso al tiburón Megalodón con sus 20 metros.

Pero no sólo sus dimensiones hacen honor al nombre de "Monstruo de Aramberri". Sus dientes también, dado que miden 40 centímetros, lo que le permitía al Pliosaurio gigante, devorar no solamente peces, sino también tiburones, Pliosaurios medianos, y Plesiosaurios.

Dada la fascinación que en el gran público provocan las informaciones sobre estos monstruosos ejemplares, continuaremos con este interesante tema en próximos artículos. Muchísimos saludos a todos los cibernavegantes, y de parte de Carlos Brunetto, gracias por vuestra visita.

El Liopleurodón argentino

Su nombre significa  "diente de lado suave", dado que cuando fue ubicado, aún conservaba el esmalte en su dentadura.

Se trata de un "Pliosaurio", un colosal saurio marino que exstió hace 160 a 155 millones de años atrás, durante el Jurásico Medio y Superior.  Sus características anatómicas principales son : cráneo enorme, boca gigante (llena de dientes afilados como navajas, lo que le permitía rebanar a sus víctimas); cuello musculoso, y cuerpo robusto, con cuatro grandes "paletas" que lo impulsaban por el agua.

Poseía "costillas gastrales" a lo largo de su vientre, que le permitían "arrastrarse" por la costa arenosa, para fagocitar las crías de los nidos de tortugas y de otros reptiles marítimos, que salían a desovar en tierra firme.

El hallazgo fue realizado por la paleontóloga argentina Zulma Gasparini (profesora emérita de la Universidad Nacional de La Plata), en el  Cerro "Los Catutos" (en las llamadas formaciones Vaca Muerta y Mulichinco).

El mayor ejemplar mide 14 metros y el menor 12 metros de longitud corporal.

Este fantástico descubrimiento fosilífero, demuestra claramante que en los mares que cubrían entonces la Argentina, también se desarrollaron estas extraordinarias criaturas devoradoras, de gran tamaño y extrema ferocidad.


Este interesante y espectacular reptil acuático, fue sin lugar a dudas, uno de los megadepredadores  más temidos de los espacios marítimos jurásicos. 

Su cráneo era de 1 metro y medio, y a él se sujetaban poderosos músculos, que le permitían morder con tal potencia que trituraba a sus víctimas (a las que mataba en el acto), utilizando para ello sus cónicos y larguísimos dientes.


Este poderoso reptil marino era un animal feroz, que se nutría de tiburones, plesiosauros, tortugas, ictiosauros y otros organismos que se cruzaran en su camino.

Sus 4 miembros diseñados en forma de enormes "paletas", le permitían alcanzar altas velocidades de aceleración, surgiendo de pronto de las profundidades, lo cual le facilitaba la captura de sus aterradas presas.

Se ha sugerido que nadaría con las fauces abiertas,por lo que al pasar el agua por sus fosas nasales, ubicadas en la parte superior del cráneo, podría apreciar el olor de sus víctimas. 

Esta orientación de habría permitido dirigirse directamente sobre ellas. 

Se ha estimado que los especímenes de 7 metros, pesaban aproximadamente unas 2 toneladas y media. 

Resultado de imagen para el Liopleurodon
Liopleurodon (en verde), provisto de un curioso apéndice membranoso en la cola (tal vez usado como timón), comparado en tamaño con otros organismos.

Las variedades mayores a 10 metros y las que, según se ha constatado,  superaban los 18 metros (algunos ejemplares habrían alcanzado 21 metros) tendrían un peso que estaría en el  rango de 45 a 50 toneladas.

Los primeros indicios de su existencia fueron tres piezas dentales de 70 milímetros ubicadas por Sauvage en Europa, en el año 1873.


Su capacidad pulmonar era extraordinaria, pudiendo permanecer sumergido por un lapso de 20 minutos. 

Este monstruo marino se desarrolló durante el período Jurásico,hace unos 160 millones de años.  Sus vestigios fosilizados fueron localizados en Inglaterra y Alemania, en Rusia y Francia, en México y Argentina. 

Su cuerpo hidrodinámico y compacto, era perfecto para nadar con rapidez, contando con aletas largas, planas y anchas. Estaba diseñado para ser capaz de perseguir velozmente a sus presas por períodos prolongados. 



Sus amplias mandíbulas de 2 metros, contaban con afilados dientes de 18 centímetros de largo. De estos dientes, tres cuartas partes eran raíces, lo que le permitía morder sus presas con una fuerza descomunal. 

Su cabeza de grandes ejemplares, mide 1,50 metros, siendo un séptimo de la longitud total del cuerpo. Su tamaño variaba desde los pequeños de 7 metros, hasta los que superaban los 18 metros. 



Como en otros tantos y tantos casos, las consecuencias derivadas de la incidencia de un fenómeno cósmico, determinó su declive y extinción.


Este mega depredador que vivía en mar abierto, era muy territorial, y por lo tanto muy agresivo, requiriendo grandes espacios marítimos para su desenvolvimiento vital.


Liopleurodon con el cuerpo cubierto de protuberancias y excrecencias.


En varias de las siguientes imágenes, se incluyen a escala, algunos ejemplares representados junto a las figuras de otras especies, entre ellas la humana, a efectos de mejor imaginar los respectivos tamaños relativos.

Tylosaurus proriger

Gran tiburón atacando a una pequeña cría de Tylosaurus.

Devorando una mantarraya de larga cola y con aguijón venenoso.

Aniquilando al gran tiburón.


Protegiendo a su cría del ataque de un escualo.

El Tilosaurio fue el gran predador marítimo del Cretácico.

Devorando una presa.

Maqueta fiel de una variedad de Tylosaurus.

Tylosaurus atacando a la gigantesca tortuga Archelon.

.
Fagocitando cefalópodos.

Visión paleoartística de un Tilosaurio de moteado cuerpo, ostentando sus formidables mandíbulas con numerosos dientes prensores.

Preparando el ataque a una tortuga de coraza espinosa.

Atacando a un Hesperornis, gran ave buceadora que no volaba.

Comparación de tamaños: Dallasaurus (hace 92 millones de años), Clidastes (hace 85 millones de años), Mosasaurus (hace 65 millones de años).

Comparación de tamaños: Tyrannosaurus rex, Tylosaurus proriger.

Comparación de tamaños, de arriba a abajo y de izquierda a derecha: Temnodontosaurus platyodon, Archelon ischyros, Brachauchenius, Kronosaurus queenslandicus, Thalassomedon haningtoni, Tylosaurus haningtoni, Shonisaurus sikanniensis, Ballena jorobada (actual).

Plotosaurus

Plotosaurus : reptil nadador que se desplazaba por medio de enérgicos bandazos de su cola, mientras que sus aletas le servían de timón. Vivió en los mares que cubrían California durante el período Cretácico. Se nutría de peces que capturaba con sus afilados dientes.
Su capacidad pulmonar era extraordinaria, lo que le facilitaba la persecución de sus presas y la captura de las mismas. 

Mosasaurios de piel escamosa. Observar: El aspecto serpentiforme, el contorneo ondulante de su cuerpo como una anguila gigante, las dilatables mandíbulas y la lengua bífida de serpiente, así como la ancha cola, principal órgano locomotor, 

La escamosa piel de los Mosasaurus estaba diseñada para lograr altas velocidades de nado.

Agradecimiento y cierre:

Destacamos la invaluable colaboración de los ingenieros Juan Carlos Anselmi Elissalde y Aulo Fernando García Texeira en las ilustraciones que engalanan este artículo.

Se aclara además que todos los artículos de este sitio digital de autoría del suscrito Carlos Brunetto, tienen por objetivo principal el empoderamiento de las actividades educativas y de divulgación cultural, así que un importante esfuerzo ha sido hecho para presentar conceptos, descubrimientos, teorías, y conclusiones técnicas y socio-políticas, sin utilizar un rebuscado vocabulario propio de especialistas, y tratando de presentar las ideas con el mayor rigor posible aunque siempre buscando sencillez y fácil comprensión.

Esperando que este contenido haya sido de utilidad y agrado para los benévolos ciberlectores, como es habitual Brunetto se despide de todos con un fuerte abrazo, y hasta la próxima entrega.

Fuentes principales

1 - De cómo el Tylosaurus perdió su cresta y otras historias de escamosos prehistóricos

2 - Mundo Troodon: Piel de mosasaurio hecha para la velocidad

3 - Dinoguía: Reptiles marinos


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